Afectados por el cierre de la frontera lusa: «Nos destroza la vida»

Ir a trabajar al otro lado de la «raia» es una odisea para cientos de gallegos


tui / la voz

El cierre de puentes internacional obliga a peregrinar a diario a cientos de trabajadores transfronterizos de Galicia. La diligencia de las autoridades lusas evitó que ayer se reeditaran las imágenes del caos que se desató el lunes sobre el único paso sobre el Miño abierto las 24 horas en la provincia de Pontevedra, pero el efecto embudo sigue ralentizando el tránsito y alterando una situación ya de por sí extraordinaria. «Si llegamos tarde tenemos que quedarnos después para que no nos descuenten el tiempo del sueldo, así que es una angustia», explica María Otelinda González Fonseca. Tanto ella como su marido, su hija y su hermana viven en la parroquia tomiñesa de Goián, justo donde está uno de los puentes internacionales cerrados desde el domingo. «Mi marido trabaja a diez minutos de casa, pero ahora le lleva hasta hora y media, ya que tiene que dar la vuelta por Tui», señala.

A los madrugones y gastos de ánimo, tiempo y combustible añadidos, les suman mayores dificultades de conciliación familiar. «Nos destroza la vida porque, por ejemplo, esta semana, mi marido y yo no nos vemos: cuando yo llego del turno de tarde él ya tiene que estar durmiendo para poder levantarse antes», relata María. Su hija, a la vez, tiene un pequeño de 2 años. «Intento arreglar con los abuelos, pero tampoco podemos levantarlo siempre tan temprano y llevarlo antes a la guardería, y mi marido también trabaja», señala Noemí Januario de camino a Valença con su tía Carmen. Las tres mujeres tienen esta semana turno de mañana, pero temen la conciliación de la próxima. «Hai que abrir aínda que sexa por horas o paso de Cerveira. É incomprensible, ademais, que non se deixe pasar os camións... Así xa se aliviaba», apunta Carmen.

En su parroquia de Goián, explican, «hay decenas de vecinos que trabajan a diario en Portugal, igual que de allí cruzan empleados de los viveros y de la construcción». Es un clamor. «El mayor problema de no poder cruzar por Tomiño es que si no llegamos a tiempo nos lo descuentan del sueldo, con los salarios de Portugal, más la vuelta para llegar y el gasoil. Tenemos que salir de casa hora y media antes», apunta Victoria Barbosa, de O Rosal.

Momentos sin coches

El paso se aligeró bastante ayer, pero hubo retenciones puntuales difíciles de sortear, aunque también momentos sin casi vehículos en la frontera. El sustancial cambio se debe, según explicó a La Voz el inspector jefe del Servicio de Estrangeiros e Fronteiras (SEF) de Portugal, a que el lunes no se aseguró la división de los tráficos. «Fue una jornada de trabajo muy intensa, con colas enormes porque no estaban bien definidas las zonas de paso. Ahora está marcado ya un carril para los camiones y otro para los coches, por lo que hay fluidez», recalca. Lima confirma que la inmensa mayoría de conductores que ayer accedieron al paso fronterizo cumplen todos los requisitos para entrar a Portugal, «aunque unos 25 coches tuvieron que dar la vuelta el lunes».

La fiscalización también obliga a revisar los autobuses que circulan entre los aeropuertos de Vigo y Oporto. «El lunes fue un caos, la gente perdió vuelos de conexión y tuvimos que gestionar muchas reclamaciones», confirmó el responsable de la empresa de transporte de viajeros por carretera Autna, José Manuel Álvarez. La restricciones de movilidad no solo han hecho que sus expediciones y el pasaje se desplome, sino que los obliga a acompañar el autobús con un coche de servicio para que, si alguna de las personas que viajan en el bus no cumpliera con los requisitos durante la inspección de la SEF, pueda regresar a España. «Ayer impidieron la entrada de dos personas y las llevamos de vuelta», explicó, mientras los agentes lusos revisaban los papeles.

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