El consumo de ansiolíticos y antidepresivos aumentó hasta un 15 %

redacción LA VOZ

SOCIEDAD

Los expertos ya detectan la aparición de fobias post-confinamiento

31 ene 2021 . Actualizado a las 10:17 h.

«Nunca en mi carrera he recetado tantos antidepresivos y ansiolíticos». Esta era la confesión de una médica gallega de atención primaria hace dos días en las páginas de este periódico. Sus palabras confirman una realidad: el consumo de psicofármacos ha aumentado, según algunas fuentes hasta un 15 %, y un tercio de las personas que ya utilizaban este tipo de tratamiento han entado la dosis o han optado por un medicamento más fuerte. Esto según una encuesta de la encuesta epidemiológica publicada por la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona, que asegura, además, que entre los trabajadores sanitarios el consumo se ha triplicado o quintuplicado en algunos casos.

La demanda de productos antidepresivos ha experimentado una tendencia al alza desde el inicio de la pandemia y también durante la segunda ola, tal y como se desprende del tercer análisis Tendencias Cofares, centrado en analizar la evolución de los productos sanitarios en las farmacias durante la segunda ola de covid-19 (del 1 de septiembre al 30 de noviembre de 2020).

De este modo, en el período de marzo a noviembre de 2020, la demanda de fármacos considerados antidepresivos incrementó un 4,8 por ciento con respecto al mismo período de 2019. Aunque si se analiza qué ha ocurrido en el período de septiembre a noviembre (coincidiendo con la segunda ola), el aumento de antidepresivos se acerca al 6 por ciento con respecto a 2019. Se trata de una de las consecuencias de la fatiga pandémica, en la que también creció de forma importante el consumo de analgésicos.

«La situación emocional durante la pandemia ha puesto luz a mucho sufrimiento psíquico y ha provocado estrés por la incertidumbre, el cambio, la adaptación a una situación nueva, el teletrabajo, la conciliación, etc.», afirma Marta del Prado, psicóloga sanitaria y forense. Esta psicóloga añade: «Todo este sufrimiento se ha ido sosteniendo con los recursos psíquicos que cada uno de nosotros tiene. Sin embargo, estos recursos son insuficientes después de tantos meses».

Por otra parte, la incertidumbre, la ansiedad anticipatoria y el miedo al contagio del coronavirus han generado la aparición de fobias post confinamiento y cuadros de disforia e irritabilidad, según han asegurado los especialistas en Salud Mental. «La pandemia ha agudizado las tendencias obsesivas y fóbicas, como una forma de defenderse e intentar controlar la angustia. A la primera y segunda ola le han seguido unas mareas vivas de ansiedad, tristeza y desesperanza que las personas exteriorizan de alguna manera con obsesiones y fobias. Estos síntomas permiten aplacar lo más lacerante a nivel psíquico que no es el horror, la enfermedad o la muerte sino la incertidumbre», ha señalado el psiquiatra de Povisa, Javier Carreño.

Además de la ansiedad, se encuentran los miedos, dificultades para dormir y alteraciones del humor, que no se corresponden con el comportamiento habitual de una persona. Prueba de ello, es el aumento en el consumo de los tóxicos con finalidad ansiolítica, sobre todo de alcohol, y una tendencia al abuso de la medicación.

Estos trastornos, no obstante, no deben confundirse con la tristeza o preocupación que provoca la crisis sanitaria. «La tristeza no es una patología y su alivio principal es el contacto con los demás. Responde a la privación de los afectos, la separación de las familias, la falta de contacto físico, el no poder realizar las actividades habituales y la inseguridad en términos de salud y económicos», ha zanjado Carreño.

El aumento del consumo de psicofármacos es una circunstancia que se une al hecho de que los médicos de atención primaria ni siquiera pueden ver a los pacientes en sus consultas. Pero los expertos recuerdan que medicarse no es la solución. Recomiendan técnicas psicológicas, conductivas y conductuales, porque, aseguran «no vale solamente tomar una pastilla». «Las pastillas no te enseñan a pensar o a actuar mejor. A la larga pueden desarrollar más comorbilidad y discapacidad», explican.