La gripe del 18 que mostró el camino al covid-19

Los paralelismos entre ambas pandemias son notables, a pesar de mediar un siglo


La memoria es frágil, pero para eso están las hemerotecas. Y los especialistas que se han dedicado a estudiar el pasado para no cometer los mismos errores en el futuro. Y aún así, a pesar de los esfuerzos y del conocimiento compartido por Juan Gestal (profesor emérito de Medicina Preventiva y Salud Pública de la USC) y Rosendo Bugarín (médico integrante del consejo de bioética), dos profundos conocedores de la gripe de 1918, la humanidad sigue tropezando con la misma piedra. Ha pasado un siglo, pero parece que fue ayer. «Pensábamos que no iba a volver a ocurrir, y que habíamos superado las enfermedades infecciosas, con un poco de prepotencia...», reflexiona Bugarín. «Se mejoró gracias al progreso y a la ciencia, pero nos hemos olvidado de ciertas cosas y cometemos las mismas tonterías», resume.

las oleadas

La de invierno, la más mortífera. Gestal apunta que «a la primera ola de la primavera de 1918 le siguió la de otoño-invierno, pero no se sabe si fue el mismo virus. Lo que es seguro es que fue la más mortífera, y coincide con el regreso de los militares y las fiestas tras la paz del 11 de noviembre. Y en febrero y marzo del 1919 llegó la tercera ola, peor que la primera, pero no tanto como la segunda. Ahora sucede algo similar, con gran virulencia en la actual, porque considero la ola de verano como una sucesión de brotes. En 1918, Madrid recibió el primer impacto, pero los sucesivos afectaron al norte. Ourense, A Coruña, Lugo, el País Vasco...». Bugarín cree que «esta pandemia se prolongará más porque la gripe llegó con una mortalidad residual a mayo, algo que no sucederá con el covid, salvo que la vacuna tenga un efecto inmediato en la evolución».

LOS tratamientoS

Acierto y error, pero sin ucis, ni respiración asistida, y con un sistema hospitalario no universal. En ambos casos, la salud pública (en 1918 no había seguridad social universal) se vio sobrepasada. «Se usó aspirina, quinina (responsable de la alteración del color en los enfermos, que decían despertarse en un mundo pálido), preparados de arsénico, alcanfor... la farmacopea era escasa y malísima», destaca Gestal. «Se morían de neumonía bacteriana, tras pasar la gripe. No solo no había tratamiento sino que se pensaba que era ocasionada por una bacteria», añade. Bugarín compara: «Al igual que ahora, se daban palos de ciego. Se proponían tratamientos y se probaban. Quizás ahora no se hace a nivel individual, pero no deja de ser idea de alguien en base a escasos criterios científicos». «La gente se quedaba en casa, sobre todo la pudiente, no iba al hospital porque el sistema estaba muy vinculado a la beneficencia. Había que pagarlo y la gente con pocos recursos no podía», explica.

autoridades y medidas

Minimizaban la gravedad y tomaban decisiones de cara a la galería. Muchas restricciones son parecidas, como prohibir saludos con la mano o besos, el uso las mascarillas, el control de los esputos, evitar atmósferas confinadas en tabernas y análogos y restricciones en entierros. «El período de incubación de la gripe es más corto que el del covid, pero la diferencia es la cantidad de asintomáticos, lo que supuso un problema añadido en la pandemia actual, hasta que se supo», analiza Gestal. Bugarín matiza: «La mala evolución de los coronavirus es predecible y eso favorece la atención telefónica y da margen a trasladar al paciente al hospital. Con la gripe eso no sucedía, no solo por el recurso tecnológico, sino porque era fulminante en cuestión de horas».

«También entonces se cerraron escuelas y universidades. En el inicio de la pandemia de covid, este hecho en Madrid hizo que los estudiantes adoptasen el papel que tuvieron los militares en el 1918 en cuanto a la transmisión a sus lugares de origen», apunta Gestal, mientras Bugarín recupera una anécdota: «Igual que ahora, mantenían espectáculos públicos, como las corridas de todos, pero de cara a la galería, desinfectaban los cuernos de los toros queriendo mostrar que eran seguras en cuanto al contagio».

la ciudadanía

Protestas. «Porque la gente sabía leer el lenguaje de esas autoridades», destaca Gestal. Bugarín abunda: «Los ciudadanos pedían más medidas higiénicas». «Y se generó xenofobia, como en todas las epidemias. Culpamos a Portugal de haber traído el virus en 1918 y en realidad entró en el país vecino por medio de España», afirma.

Alta mortalidad, pero en distintos estratos de población

Las circunstancias en las que se han desarrollado ambas pandemias condicionaron su desenlace. Aunque existen denominadores comunes, como la expansión debida a la movilidad, ciertos aspectos contribuyeron a agravar los efectos de una u otra.

EL contexto

Baja calidad de vida, alta tasa de analfabetismo. Juan Gestal destaca que «no solo los conocimientos médicos eran inferiores», sino que las condiciones contribuyeron a la expansión de la pandemia: «En Madrid, en 1918, solo el 49 % de los municipios tenían agua potable, que además era escasa e insalubre. No había alcantarillado en el 70 %. Y la tasa de analfabetismo rondaba el 55 %». Bugarín añade: «No había fake news, pero sí mitos y creencias infundadas que propagaban falsos miedos».

MORTALIDAD

Reducción de la esperanza de vida. Bugarín destaca que «la gripe del 18 impactó más en los cuarteles y el covid, en las residencias». «Atacó población de menor edad (el 35 % de los fallecidos, por debajo de los 25 años, y mucha mortalidad infantil) y acabó afectando a la esperanza de vida. Quizás entonces la gente mayor estaba más protegida por otra gripe previa que podría haberla inmunizada parcialmente. Murieron muchos médicos», argumenta. «Entonces se infectó un tercio de la población. Pero el covid también está matando a mucha gente, teniendo en cuenta los avances de la medicina moderna», apunta Gestal.

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