Los lapsus de memoria tras el virus: «Entendí que debía anotarlo todo»

Isabel, enfermera del CHUO y afectada de covid, cuenta las repercusiones neurológicas que ha tenido


Derrotar al coronavirus es algo que va mucho más allá de dar negativo en una prueba PCR, especialmente si el paciente sufrió una infección aguda, porque también puede dejar secuelas neurológicas de cara al futuro. En el año 2003, cuando se constató la existencia del primer SARS, se examinó la capacidad del virus para provocar problemas de atención y concentración, alteraciones cognitivas que, como rasgo distintivo entre algunos pacientes, exponían una mayor lentitud en la velocidad del procesado de información. A menudo, en cosas tan del día a día como memorizar la lista de la compra o recordar qué ingredientes son necesarios para hacer una tortilla de patata.

Ahora, con el covid-19, facultativos como Daniel Apolinar García Estévez, jefe de Neurología del CHUO, sospechan que puede suceder algo parecido, y alude a las complicaciones a la hora de fijar conceptos o los trastornos de memoria a corto plazo. «No está claro por qué ocurre. Se piensa que hay una correlación con los pacientes que están más graves, pero es algo que hay que analizar con cautela», advierte. Isabel Quintana, sanitaria del hospital ourensano que sufrió el coronavirus en aislamiento domiciliario durante la primera ola, parece salirse de esta pauta. No llegó estar a ingresada, arrastra agotamiento y problemas musculares desde entonces, pero también se topó con episodios de falta de concentración. «Y al final entendí que lo mejor que podía hacer era ir anotándolo todo el día antes, para que no se me pasasen las cosas», explica.

El caso de Quintana no es único, porque en el CHUO consta al menos uno más asociado a esta tipología. No es fácil de llevar y, además, se alarga en el tiempo. «Sigo con cierta dificultad para concentrarme. Sobre todo, si es necesaria una atención mantenida. Y no soy capaz, por ejemplo, de leer en voz alta, y comprender y entonar lo que leo, cosa que antes hacía sin esfuerzo alguno», expone Quintana.

Un cóctel de posibles factores

El jefe de Neurología del CHUO estima que la conocida como «tormenta de citoquinas», una sobrecarga de proteínas inflamatorias que pasa factura al huésped en cuestión, puede jugar un papel clave. Si los daños provocados por este descontrol alcanzan el hipocampo, entonces sería factible que afectasen a la estructura de memoria del afectado.

Pero a mayores, también se investiga el impacto que puede suponer una hipoxemia. «Los SARS son síndromes agudo respiratorios severos. Entendamos una hipoxemia como una falta de oxígeno a nivel sanguíneo, lo cual puede repercutir a nivel cerebral. Esa falta de oxigenación puede ser perjudicial para las neuronas y conducir a su muerte», razona García Estévez.

Además, se contempla un tercer factor con capacidad para influir en estos problemas de concentración y memoria asociados a pacientes long covid-19: la aparición de trombos. «Este coronavirus da mucha facilidad para que se produzcan, también microtrombos», expone el sanitario del CHUO. Y esto, en consecuencia, podría generar microinfartos cerebrales que tienen su incidencia a nivel neurológico. «El covid-19 altera mucho la coagulación», avisa.

Más allá de la infección

García Estévez alerta de que el covid-19 no será un visitante efímero. «Va a estar con nosotros muchos meses», dice. En este sentido, el neurólogo del CHUO estima que, poco a poco, se irán reconociendo más síntomas asociados a la enfermedad. «Una secuela, por ejemplo, es algo que queda para toda la vida. Pero un síntoma es algo que persiste más allá del tiempo que se le presupone, cuando la infección ya ha curado», ilustra. En el caso del covid-19, el análisis de cuáles de estos síntomas están directamente vinculados a la patología tiene sus matices. «Una mala calidad del sueño o el estado de ánimo pueden tener su influencia en esto», razona el facultativo.

En el caso de los problemas de concentración, las dificultades para asociar ideas o directamente los lapsus de memoria no está todavía claro si son síntomas persistentes tras el covid-19, ni tampoco cuánto tiempo pueden durar. «Entendamos que los afectados por covid-19 persistente son aquellos que permanecen con la sintomatología más allá de lo esperado. Tras un proceso vírico, a las tres semanas debería haber una resolución del mismo. Pero en el caso del coronavirus hay estudios que recogían datos con medias de entre dos y cuatro meses de seguimiento a pacientes que arrastran problemas», calcula García Estévez.

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