La hostelería pierde la moral ante el inicio de las nuevas restricciones

El sector, abocado de nuevo a sobrevivir con las terrazas y el servicio a domicilio

Con mucha resignación, tristeza y un punto de indignación recibieron los innumerables negocios de hostelería gallegos la entrada en vigor de las nuevas restricciones que colocan al castigado sector de nuevo en el ojo de las medidas que pretenden frenar el desbocado avance de la pandemia. Algunos negocios prefirieron no abrir a mantener la actividad a medio gas con la reducción de sus terrazas, el único espacio donde pueden servir, y el recorte en el horario, ya que todos deben cerrar a las seis de la tarde. Fueron los menos. La mayoría apretó los dientes y levantó la persiana, adelantando incluso su horario de apertura.

Entre los propietarios de los negocios se escuchó un lamento común: «No me compensa abrir». Los beneficios, severamente afectados por la acumulación de meses con menos clientes y los recurrentes cierres y limitaciones de apertura decretados por las autoridades, se ven de nuevo limitados por las medidas que ayer entraron en vigor. Sin embargo, como los propios hosteleros ponen de manifiesto, los gastos no se ven afectados: alquileres, impuestos, salarios, recibos... Mientras que las ayudas que las administraciones han comprometido no acaban de llegar o lo hacen de forma muy insuficiente. Ayer había muy pocos hosteleros contentos. La fatiga pandémica que afecta a todos, parecía un poco más pesada entre el sector. Y eso que en la mayor parte de Galicia las terrazas pudieron ser utilizadas gracias al sol que lució en casi toda la comunidad. Pero muchos recordaban que la meteorología juega en contra de sus intereses y que quedan muchos días de lluvia en los que las terrazas perderán todo su atractivo para los clientes y los negocios tendrán que refugiarse únicamente en servir cafés para llevar o en el reparto a domicilio. Y como recuerda una profesional cerrando esta misma página, «No podemos sobrevivir de dar solo cafés».

IRIA LAMAS, PONTEDEUME

«Los clientes nos agradecen poder venir»

Iria, en el local de Pontedeume antes de la entrada en vigor de las restricciones

Iria Lamas lleva 26 años trabajando en la cafetería-heladería Stollen de Pontedeume. «Nunca habíamos vivido tanta incertidumbre laboral», lamenta. La mañana en la que la Xunta anunció las restricciones estaba mucho más alarmada. «Hubiese sido mejor que nos cerrasen directamente», lamentó. Pero tras muchas muestras de cariño de los clientes, encara las restricciones con algo más de sosiego. «De momento, por la mañana hemos tenido a clientes de todos los días, gente de Correos, del banco... Agradecen poder venir a por el café. Nos dicen que les damos la vida», señala, aunque advierte de que será peor los días de lluvia. Pero ahora habrá que ver si dan los números. «Este negocio está ideado para trabajar hasta las dos de la mañana, con meriendas como gofres y tostas, copas de helado y cócteles. No podemos sobrevivir de dar solo cafés», lamenta.

ANA SILVA, A CORUÑA

«Es mejor cerrar, porque abrir nos cuesta más»

Es una decisión difícil, pero Ana Silva optó por cerrar el café-restaurante El Valentín, en A Coruña, porque «con cuatro mesas en la terraza, que tendrían que ser dos por la reducción al 50 %, y al no estar consolidados en el servicio de comida para llevar, que deja un margen pequeño, no es viable». Reconoce que «es mejor cerrar, porque estar abiertos nos cuesta más. Podríamos trabajar pero sin que fuera rentable, y esto es un negocio». Silva asegura que intentarán «volver cuando nos dejen», y reclama un plan de rescate porque «esto es duro y se está haciendo muy largo. Sobre el papel están muy bien las ayudas, pero no llegan. Las facturas siguen viniendo y nosotros vivimos de esto». Indica que la hostelería es un sector muy importante en A Coruña, que aporta mucho a la economía y, por ello, tiene claro que «dejarnos morir así es nocivo para la ciudad».

DAVID JIMÉNEZ, VILAGARCÍA

«Nos cierran porque somos un sector que es muy fácil de manejar»

«Si le hicieran esto al sector del metal, quemarían los astilleros, pero nos cierran porque somos un sector que es muy fácil de manejar», apunta David Jiménez. El hostelero vilagarciano dice que la desunión es clave para que la hostelería esté en el punto de mira de las medidas más duras. «Somos 45.000 asociaciones y a las reuniones invitan a los más dóciles, a los menos críticos», explica. Considera David que los datos no justifican la situación a la que están sometidos. «Si los rastreadores hacen bien su trabajo, el rastreo llega hasta el origen de los casos y yo sigo con mi negocio abierto significa que en mi local no se generó ningún brote», defiende. La moral del sector está por los suelos, pero él intentará resistir con el servicio de take away y pondrá la terraza cuando las nubes lo permitan. «Será desmoralizador colocarla y que no se siente nadie porque llueva. Todo esto es una mierda», concluye.

PACO VARELA, CARBALLO

«As medidas deberían ser máis igualitarias, para todos o mesmo»

Paco Varela lleva 42 años detrás de una barra, 10 de ellos al frente de su propio negocio en la rúa Coruña de Carballo: A de Pako, que lleva junto con su mujer, Ana. Solían ser seis personas trabajando allí, pero ahora se quedarán solo los dos autónomos y ni aun así eludirán las pérdidas. «As medidas deberían ser máis igualitarias, non que nun concello só poidamos traballar a terraza e no do lado a xente poida comer dentro dos restaurantes. Habería días como o de hoxe [por onte], con sol, nos que aínda haxa algo de alegría; pero en Galicia hai 2 días bos e 5 malos, así que cando chova e faga frío non sei a quen lle imos ir pedir», señala Paco, bastante crítico con la distribución de las restricciones. «Pago un aluguer na zona máis cara de Carballo e despois tamén está a luz e o resto de facturas. Non lle vexo moita saída a isto, pese a que a xente estase portando moi ben e botándonos unha man aos hostaleiros», añade el carballés.

FRANCISCO GARCIA, O CARBALLIÑO

«La situación es crítica y nos vuelven a apretar»

En O Carballiño, los hosteleros ya pagaron las consecuencias de un ensayo que incluso llegó a nivel de modelo. Francisco García recuerda en su propio local que «la villa ya estuvo en una situación muy delicada y salimos de ella, pero ahora nos meten con otras ciudades, pese a que tenemos muchos menos casos, la situación es crítica y nos vuelven a apretar, además parece que los hosteleros tuviéramos la culpa de todo, porque no se hace lo mismo con otros negocios». El Don Paco se reinventa a la fuerza, con cortavientos en los toldos y estufas, pero aún así, su responsable cree que es difícil aguantar mucho más: «Dejan el pueblo muy apagado, ya no había tiempo para las cenas y ahora son del todo imposibles, pero incluso a la hora de la comida hay poca gente, no queda mucho tiempo para salir, aunque sea de un modo responsable».

«Ahora dependemos del tiempo, si viene la lluvia estamos perdidos»

Desde hoy, aún teniendo terrazas, algunos locales han optado por no abrir, «porque no compensa»

Beatriz Antón

A las nueve de la mañana de este viernes, a pesar del ambiente gélido y con los termómetros marcando siete grados centígrados, la terraza del café Marte de Ferrol Vello estaba prácticamente llena. «Los clientes habituales de primera hora no nos han fallado y han venido igual a tomarse el café, aunque tengan que hacerlo fuera y con frío. Ahora que solo podemos servir en terrazas dependemos totalmente del tiempo. Si viene bueno podremos trabajar bien, porque el muelle es una zona de mucho tránsito y paseo, pero si viene malo estamos perdidos», comentaba a las puertas del local Alberto Vázquez.

Con resignación y cansancio, como es el caso de este camarero, pero también con mucha indignación y rabia ha encarado hoy la hostelería de la comarca el primer día de trabajo con las nuevas restricciones impuestas por el coronavirus. En un total de seis municipios de la zona -Ferrol, Narón, Fene, Ortigueira, Pontedeume y Cabanas-, el consumo en el interior no está permitido y solo se puede servir en la terraza con un aforo del 50%. En el resto de los concellos de la comarca los establecimientos pueden funcionar tanto dentro como en las terrazas (con un 30% y un 50% de aforo, respectivamente). Y todos sin excepción deben cerrar a las 18.00 horas.

A pesar de contar con terraza, el café La Première ha decidido cerrar mientras no se relajen las restricciones
A pesar de contar con terraza, el café La Première ha decidido cerrar mientras no se relajen las restricciones

En Ferrol, ante la imposibilidad de entrar en los bares y gracias al sol, los establecimientos con terraza estuvieron muy concurridos durante toda la mañana y no les faltó clientela a la que atender. Pero también hubo locales que, aún contando con terraza, optaron por no subir la persiana, como el café La Première de la plaza de Armas. «Si tuviésemos otro clima o si estuviésemos en abril o mayo aún nos plantearíamos seguir abiertos, pero en pleno enero, con este frío y pudiendo trabajar solo con la terraza al 50%, no nos compensa», explica Pablo Pedreira, uno de los responsables del local, que sigue funcionado con la entrega de desayunos y dulces a domicilio.

«La hostelería sigue siendo la gran castigada en esta pandemia. Las restricciones cada vez son más duras, con menos horas para poder trabajar y menos ingresos, pero los impuestos no bajan y tenemos que seguir haciendo frente a los mismos gastos», comenta con indignación el presidente de la Asociación de Empresarios de Hostelería de Ferrol y Comarcas, Emilio Vázquez.

De la noche a la mañana

También muy enfadados se muestran hosteleros de Cabanas, Pontedeume y Ortigueira, donde de la noche a la mañana han pasado de poder trabajar tanto en el interior como en terraza hasta las once de la noche a hacerlo solo fuera y hasta las seis de la tarde. «Nos están matando poco a poco, y eso que somos los que más limpiamos y cumplimos el protocolo. Yo cojo el bus y nadie me limpia el asiento y en las tiendas todo el mundo toca la ropa, pero ahí no pasa nada», crítica José Carlos Losada, de la pizzería la Casa de la Abuela de Pontedeume. Y no lejos de allí, Luis Rey, del restaurante Luis, repite el lamento. «Yo he decidido seguir abierto porque esta semana estoy dando de comer a unos obreros y no los voy a dejar tirados, pero tendré que esperar unos días a ver si me compensa abrir solo con la terraza. Los hosteleros somos los que sostenemos el país, y a pesar de eso, somos los más maltratados».

«Para frenar los contagios, todo tendría que cerrar a las seis, no solo la hostelería»

Eva Rodríguez y Elena Vázquez han sido enviadas al ERTE por las nuevas restricciones
Eva Rodríguez y Elena Vázquez han sido enviadas al ERTE por las nuevas restricciones

Elena Vázquez y Eva Rodríguez trabajan como camareras en la pizzería Urimare de Narón, pero desde hoy mismo, debido a las nuevas restricciones, se encuentra en ERTE. «Teniendo solo la terraza, es inviable que podamos seguir trabajando todos los empleados», explica la primera.

Sin obligaciones laborales a las que atender, ambas quedaron esta mañana para tomar un café en el Beirut del Cantón. Y allí aprovecharon la ocasión para mostrar su malestar por la situación del sector hostelero. «Yo entiendo que si están subiendo los contagios, algo hay que hacer, pero lo que no entiendo es que las medidas más duras solo afecten a un sector. Si queremos frenar esto, todo debería cerrar a las seis, no solo la hostelería, también los comercios y todas las actividades no esenciales. Y cuando el reloj marque las seis, todos para casa», comenta Eva.

Elena, por su parte, lamenta la «manga ancha» que se dio en Navidades y reivindica más control sobre los establecimientos que no cumplen las normas. «Muchas veces la policía hace la vista gorda, y no está bien, porque al final pagamos justos por pecadores», se queja.

Ambas demanda que se endurezcan las medidas contra los que no cumplen, porque solo así la hostelería podrá superar el bache. «Si no, luego, cuando se relajen las medidas, volverá el despiporre, subirán otra vez los contagios y tendremos que enfrentarnos a una cuarta ola».

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