«La demanda del piso solidario bajó porque hay personas que tienen miedo a ir al hospital»

Somos Unidos por el Cáncer ofrece de forma gratuita y en el centro de Lugo un inmueble para los pacientes oncológicos

Los padres de Mirian Vázquez, la lucense que falleció tras una larga lucha contra el cáncer con tan solo 25 años, decidieron ofrecer desde el 2016 un piso que en un principio estaba destinado a padres y jóvenes adolescentes enfermos de cáncer. Con el paso del tiempo y el aumento de la demanda, decidieron abrirlo a todo tipo de paciente oncológico, que puede asentarse en el inmueble durante todo el tiempo que lo necesite.

En el 2020, unas 20 familias se beneficiaron de este piso, «lo importante no es la cantidad, es el tiempo que están. Importa la calidad», explican José Manuel Vázquez y Marian Pérez, presidente y secretaria de Somos Unidos por el Cáncer, respectivamente. El inmueble, que se oferta gratuitamente está ubicado en la Avenida da Coruña, cuenta con tres dormitorios y estuvo operativo en todo momento desde que empezó la pandemia de coronavirus. «No cerramos en ningún momento. Hay pacientes que, cuando se decretó el confinamiento domiciliario, nos llamaron para que les aconsejásemos algún hotel, pero eso no era factible. No nos parecía bien cerrar el piso, y más estando todos los restaurantes cerrados, no tenían ni dónde comer», explican los padres de Mirian. Sin embargo, cuando empezó la pandemia, la demanda de pacientes que solicitaban utilizar el piso era alta. «Teníamos miedo, pero en todo momento nos fuimos adaptando a la gravedad de la situación y por eso, en primer lugar, lo que hicimos es llamar a Sanidade preguntado qué era lo que debíamos hacer. Impusimos normas muy estrictas», comenta Marian. Hay una persona que se encarga de limpiar al máximo todas las estancias del inmueble, en el que, con motivo de la pandemia, solo se permite la estancia de una sola familia, ya que antes podían convivir varias al contar el piso con tres habitaciones.

Foto de archivo de José Manuel Vázquez y Marian Pérez en el piso solidario
Foto de archivo de José Manuel Vázquez y Marian Pérez en el piso solidario

El panorama ha cambiado considerablemente con el paso de los meses y en las últimas semanas, solo una familia ha pedido quedarse en esta casa. «Nos han dicho que tienen miedo y sabemos que hay pacientes que no acuden tanto a consulta, pero es muy importante que sigan acudiendo al hospital para ponerse los tratamientos», explica la secretaria de Somos Unidos por el Cáncer, que también confiesa que hay gente que antes frecuentaba el piso pero que hace meses que «no da una llamada».

Esta asociación también tiene un proyecto llamado ‘Somos tu deseo'. Una ambulancia se dedica a cumplir las añoranzas de los enfermos oncológicos de Galicia que necesitan un transporte sanitario y personales cualificados para poder llegar a su ansiado destino. Con motivo de la pandemia, la iniciativa está paralizada aunque, como Marian puntualiza, «pronto cumpliremos los deseos pendientes». Lo mismo ocurre con actividades, charlas y cursos que organiza esta misma entidad, que está a la espera de que la pandemia conceda una tregua para seguir ayudando a todo aquel que lo necesita.

Corte de pelo gratis para quien decida donar su melena

Yeimy está al frente de Rapumzel, en Camiño Real
Yeimy está al frente de Rapumzel, en Camiño Real

La pandemia deja tras de sí imágenes desoladoras e historias durísimas. Entre tanto sufrimiento, aparece Yeimy Marte de la mano de Marian Pérez. De las dos es el mérito de que haya un nuevo banco solidario de pelucas en la ciudad, una idea que se gestó en pleno confinamiento, fruto de la buena conexión que tuvieron estas dos mujeres desde el momento en el que se conocieron. Yeimy, con una historia personal marcada por el cáncer, tuvo claro que quería aportar su granito de arena y usar su profesión para ayudar a los demás. «Si vienen a donarlo, no les cobramos el corte. Aunque quien quiera, puede traerlo directamente cortado», explica esta mujer.

El proceso que sigue Yeimy desde que corta una melena y hasta que crea una peluca es largo y complejo. Primero, el pelo pasa por un aparato con rayos ultravioleta y luego, por líquido desinfectante. Llega entonces el momento de la limpieza y de la preparación más precisa y cuidada. El proceso puede llevarle a esta mujer hasta 32 horas, puesto que la parte delantera de la peluca se teje sobre una malla en la que se injerta pelo por pelo. La trasera, funciona por capas. Sin embargo, hay varios tipos de pelucas, «alguna puede llevar hasta el doble de tiempo del que te he dicho», confiesa Yeimy, que puede decir orgullosa que, desde que ella y Marian pusieron en marcha este proyecto ya ha creado alrededor de siete pelucas y eso que para confeccionar tan solo una son necesarias al menos dos o tres donaciones de pelo. Lo ideal para quien se plantee dar su pelo es que la melena mida, al menos, entre 25 y 30 centímetros. Puede estar teñido y no hay otro requisito que el de querer ayudar a los demás.

Las pelucas son personalizadas, se adaptan a las necesidades de cada mujer, se ceden de forma gratuita y durante el tiempo que sea necesario. «El pelo forma parte de la personalidad. Las pelucas les ayudan a llevar la enfermedad con más dignidad porque su caída es el certificado de que tienen cáncer y hay personas que no tienen fuerzas para salir a la calle», explica Marian Pérez.

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