Los expertos alertan del deterioro grave en pacientes con demencias

La suspensión en la atención provocó retrocesos en miles de enfermos

Ramón, cuida de su mujer, enferma de alzheimer, en Santiago de Compostela
Ramón, cuida de su mujer, enferma de alzheimer, en Santiago de Compostela

redacción / la voz

Si para muchas personas el 2020 ha sido un año desagradable que ha dejado en su ánimo pesadumbre y malestar, para los enfermos que precisan una atención prácticamente diaria para mantener un cierto equilibrio cognitivo, el paso de estos meses ha sido devastador. El cierre de los centros de día y la interrupción de las terapias que mantenían a estos pacientes agarrados a unas rutinas que les son imprescindibles ha tenido como consecuencia un retroceso de enormes dimensiones en una gran parte de este colectivo: «El impacto ha sido muy importante. La verdad es que el confinamiento nos ha dado la medida de la importancia del trabajo que hacemos», explica Lucía Fandiño, trabajadora social en un centro de Santiago.

«Llevo 18 años en esta asociación y, con diferencia, esta ha sido la etapa más estresante», añade Isabel Gey, presidenta de la Federación Alzheimer Galicia. Aunque no hay un dato oficial, se calcula que unas cien mil personas sufren algún tipo de demencia en Galicia, la mayoría relacionadas con el Alzhéimer. Al evidente daño para los pacientes hay que unir el que sufren los cuidadores: «No se puede hablar del uno sin el otro. Y los cuidadores se han visto sometidos a un enorme estrés», señala.

El problema no ha afectado solo a los pacientes de Alzheimer: «Los que ya conocíamos, los que padecen esquizofrenia o trastornos bipolares, han sufrido mucho también -explica el presidente de la Asociación Gallega de Psiquiatría, José Ramón Silveira-. Necesitan atención permanente y, por ejemplo, no podían salir y no todos lo entendían. Esta situación ha sido dinamita para ellos».

Residencias: peores efects para quienes iniciaron en mejores condiciones el confinamiento

Un estudio aún en curso realizado por gerontólogos de la Universidade de Santiago y otros de la Universidad de Valencia que analiza el impacto de la pandemia en los niveles cognitivos y funcionales de los usuarios apunta a que los más perjudicados fueron aquellos que iniciaron el confinamiento en unas condiciones mejores. Los más válidos son los que más han perdido. ¿Por qué? Por la falta de socialización y estimulación a la que se vieron abocados y que ha frenado el proceso para ralentizar ese deterioro. Los casos más avanzados también lo notaron, pero en menor medida.

Carlos Dosil, psicólogo y coordinador de la parte gallega del estudio explica que la situación fue muy dura para muchos residentes: «En aquellas residencias en las que penetró el virus hubo usuarios que estuvieron hasta dos y tres semanas sin poder salir de su habitación». El impacto fue demoledor. Solo hay que pensar en la soledad de la habitación con la certidumbre de que, tras la puerta, estaba una infección poco menos que segura. Para muchos usuarios, en estados de mayor deterioro mental, convencerles para mantener ese aislamiento fue una labor especialmente dura, admiten los trabajadores.

La falta de voz

«Se sabe que as persoas con demencias poden non recordar —explica la psicóloga Rosa Cerqueiro— pero a voz conserva ese vínculo de memoria y reaccionan emocionalmente á voz. Iso tamén se cortou de raíz. De ahí ese declive naquelas persoas que xa estaban comezando a mostrar síntomas» Con respecto a eso, Dosil señala sin embargo un elemento positivo en estos meses de aislamiento: las videoconferencias con familiares: «Han sido una ayuda enorme».

«Hay quien andaba en febrero y ahora ya no»

Ramón es un compostelano que vivió con su esposa una vida tan feliz como la de cualquiera. Hace unos años empezó a notar en su mujer algunas lagunas a las que no quiso dar demasiada importancia hasta que se las tuvo que dar: «Primero piensas que tal vez tiene un mal momento, que atraviesa una época difícil...». Afortunadamente, como él dice, accedieron a un diagnóstico rápido: «Y entonces te encuentras con que no sabes como actuar. Te enfrentas a esto sin ningún conocimiento». Afortunadamente también, las asociaciones suponen un apoyo poderoso. Y a él le ayudaron. Su esposa comenzó a participar en algunas terapias y, en unas pocas semanas, cuando empezaron a notar el efecto y a disfrutar de él, vino el confinamiento.

«Las consecuencias en muchos casos han sido devastadoras. Conozco casos graves de quien andaba en febrero y ahora ya no. Aunque yo no me quejo. Mi mujer ha sufrido un deterioro que ahora estamos intentando que recupere, aunque ya se sabe que, aquí, lo que se pierde no se recupera. Ha sido la consecuencia de los cierres de estos centros. Hay que entenderlo, pero han dejado de manifiesto que no hay una estructura que los pueda sustituir».

Ramón se arregló aquellos duros meses como pudo, con la ayuda de su hijo, que vive con ellos: «Para estas personas, las rutinas son muy importantes. Y si se les interrumpen, no saben gestionarlo. Llevan muy mal que se les encierre en casa. Hasta que nos recompusimos, fue muy complicado».

En las últimas semanas han recibido visitas de personal del centro de Agadea que la mujer de Ramón frecuentaba y al que espera incorporarse en breve. También ha sido un alivio para él, cuidador que, como muchos otros milesl, las han pasado canutas lidiando con el problema sin ayuda o, al menos, con poca ayuda profesional: «El 90 % de los cuidadores creen que van a poder ellos solos. Y eso es una trampa terrible». Ramón habla mientras pasea. Las cosas están en trámite de normalizarse y él hasta puede tomarse un poco de tiempo. Sabe que aunque lo perdido no se pueda recuperar, es importante no seguir perdiendo.

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