La suerte sonríe a Galicia y reparte más de 20 millones

Vigo, Cambados y O Grove concentran la mayor parte de los boletos premiados

La jornada en el Teatro Real de Madrid no podía haber empezado de otra manera: con una bola rebelde enganchada en el bombo de la lotería. Toda una metáfora de lo que ha sido este 2020. Aunque para los más supersticiosos este contratiempo podría ser un presagio de algo peor, el sorteo de Navidad, el más emblemático y esperado del año, repartió emoción y felicidad a partes iguales. Y, por supuesto, dinero. De los 2.408 millones de euros en juego, más de 20 millones de euros han ido a parar a Galicia, que se había gastado en conjunto 149,4 millones de euros en el sorteo. Un buen pellizco que ayudará a los gallegos a endulzar el último tramo de un año negro, marcado por la pandemia y la crisis económica. 

No había muchas esperanzas puestas en la cita, a decir verdad. La facturación de lotería en la comunidad cayó un 11 % respecto al 2019. Las circunstancias no invitaban a otra cosa. Sin embargo, la suerte, siempre tan caprichosa, quiso premiar este año a los gallegos con el doble de fortuna. Hubo de todo y para todos. Desde el gordo, que hizo estallar de alegría a media mañana a O Grove con una lluvia de 4 millones de euros, hasta los dos cuantiosos cuartos premios que regaron de felicidad a Cambados (2,4 millones ) y Vigo (casi 11 millones). Las botellas de champán, los saltos y, sobre todo, las lágrimas de alegría pusieron algo de la vieja normalidad en las celebraciones, marcadas por las distancias y las mascarillas. Sin grandes coros, abrazos o besos, los agraciados se acercaron a las administraciones de lotería para festejar este broche al 2020. Muchos necesitaban ese chute de optimismo, recuperar la ilusión tras más de 10 meses de penurias, como la que tuvieron que atavesar Paula y Alexia. Madre e hija consiguieron 200.000 euros gracias al número 72897 en la Administración número 1 de O Grove. Su familia cayó enferma por el virus, pero la lotería les ha devuelto ahora la sonrisa. 

La suerte, claro, fue por barrios. Se concentró sobre todo al sur de la comunidad, en la provincia de Pontevedra (más de 17,4 millones de euros). Curiosamente donde más se desplomó el gasto en lotería (16,70 %), si bien fueron los segundos en gasto bruto (46 millones de euros). La diosa Fortuna parece tener aversión al frío porque al norte de la comunidad apenas dejó rastro. Un cariño de poco más de un millón de euros en Ferrol -segundo premio que se hizo de rogar hasta las 13.08 horas- y varias gratificaciones bien repartidas en A Coruña, Santiago y Lugo. Pellizcos que servirán, como se suele decir, para tapar agujeros. Los coruñeses, por más que lo intentaron (gastaron 66,4 millones de euros), apenas han conseguido echar mano a 114.000 euros, menos que en Santiago (310.000 euros en premios), donde el número anterior al gordo dio una alegría de 1.000 euros a cada profesor del colegio Peleteiro. 

Triplete en O Porriño

Hubo sorpresas. No solo durante el sorteo -que se desarrolló sin público, sin disfraces y con la mitad de prensa que en otros años-. El canto agudo de los niños de San Ildefonso consagró hoy un cambio de tendencia: O Grove es la nueva Vilalba. Ambos hicieron caja el año pasado: medio millón cada uno. Pero este año, el municipio de O Salnés ha adelantado al municipio lucense por la derecha, consagrándose como el nuevo epicentro de la buena suerte de Galicia, además de ser la cuna del buen marisco, del que darán buena cuenta sus vecinos estas Navidades. Pero sin duda, lo más llamativo de la jornada fue el triplete que hizo la administración de la calle Ramón González de O Porriño. Allí vendieron un décimo del gordo, un cuarto y un quinto premio. Una lluvia de 436.000 euros. 

El goteo de dinero terminó a las 13.25 de la tarde con un quinto premio, el último trozo del pastel que quedaba por repartir y que se fue a Madrid, Sevilla y Tarragona. Uno de los pocos que se pudo escapar de las garras de los gallegos que, en esta ocasión, han estado más finos escogiendo sus décimos. El saldo supera al de años como el 2010, 2016 o el 2019, aunque se queda lejos de los 40 millones del 2012, cuando la crisis de deuda resquebrajaba la economía. Entonces, la fortuna también guiñó un ojo a Galicia. Claro que, este año, por muchos billetes que vuelen sobre nuestras cabezas, no hay más suerte que conservar la salud. 

Lluvia de 11 millones en Vigo, la ciudad gallega con mayor cuantía de premios

Agraciados cientos de clientes de cafés y restaurantes del Calvario y del centro

e. v. pita

Una lluvia de casi once millones de euros cayó ayer sobre la ciudad de Vigo, incluidos un décimo del gordo, 54 series de un cuarto premio, el 38341, y un quinto. Hay hasta seis administraciones que colgaron el cartel de premio. Fue la ciudad gallega más beneficiada por el sorteo de Navidad y todo quedó en casa porque, al contrario que el año pasado, no vinieron turistas en verano ni este diciembre a ver las luces. Muchos vecinos hicieron cola la víspera para ver si caía algún pellizco. Los agraciados son, en su mayoría, clientes de bares y cafeterías del barrio popular de O Calvario, Teis, Candeán, Bouzas y el centro de la ciudad que compraron participaciones de cinco euros del número 38341. Para los loteros vigueses supuso un consuelo respecto a las dificultades que pasaron en el año del covid.

La mayor parte del dinero, 10,4 millones, lo repartió el administrador de Los Llorones, Vicente López, en la calle Urzaiz. Es su primer premio de Navidad, en 30 años. A eso se suman los 400.000 euros del único décimo del gordo que despachó Juan Fernández en la Porta do Sol en Vigo. Cree que lo vendió en verano, porque los terminados en siete, como el 72897, son los que primero se agotan. Además, tres administraciones viguesas y otro local repartieron 156.000 euros de un quinto premio, el 86986. Las loteras de A Miñoca y El Corte Inglés, despacharon una serie cada una, lo que conllevó premios de 60.000 euros en cada local. A todo ello se incorporaron los números que tocaron en Mos, O Porriño, y Ponteareas.

Al mediodía, el lotero Juan Fernández, hijo del gremio, volvía a vestir la camiseta del gordo en el despacho de la Porta do Sol, en el kilómetro cero de Vigo. Es el segundo primer premio que reparte en tres años. Al igual que en el 2018, solo vendió un décimo. Entonces fue el 03347, también terminado en siete. Son 400.000 euros, pero ignora cuándo ni a quién lo vendió porque por su administración pasa mucha gente. Lleva once años en la Porta do Sol, tras mudarse desde Príncipe. Una novedad es que el billete premiado es el nuevo boleto azul, vendido por terminal. «Es un décimo, pero es un décimo del gordo. Ayer puse a enfriar el champán, ya no pongo vasos, ahora uso copas para brindar», dice. Su padre era lotero y cuenta que el secreto consiste en «estar doce horas detrás del mostrador», sobre todo en un año como este.

Minutos después, la fiesta llegó al cruce de Los Llorones, donde Vicente López, su esposa Pilar y su empleada brindaron con champán tras repartir 10,4 millones. Al llegar la esposa, se bajaron la mascarilla y se fundieron en un beso y un abrazo. «Qué locura», exclamó Naír, la empleada. «Llevamos abiertos 30 años y nos habían tocado premios, pero nunca en Navidad», dice el lotero.

La vendedora Raquel Rego, de El Corte Inglés, lo resume así: «Este año, nos lo merecíamos», por las dificultades que pasó el sector durante la pandemia».

El lotero de Ferrol que repartió 1.250.000 euros: «Esto me viene bárbaro»

Carlos Fernández lleva seis años al frente de la administración que vendió diez décimos del segundo premio, el 06095

CARMELA LÓPEZ

No hubo celebración con champán ni abrazos, siguiendo el consejo de Loterías del Estado para evitar aglomeraciones, y las mascarillas tampoco dejaban ver la felicidad reflejada en los rostros. Pero «la alegría va por dentro», manifestaba el titular de la administración de lotería número 9 de Ferrol, Carlos Fernández, cuando la prensa, y también algunos curiosos, comenzaron a llegar este martes 22 de diciembre a la puerta de su local, en el número 11 de la calle Rubalcava. Ya era cerca del mediodía y acababa de saltar la noticia: el segundo premio de la lotería de Navidad había caído en Ferrol, entre otras localidades. El teléfono no paraba de sonar y, entre llamada y llamada, lotero y empleada, Marisol López, fueron alternándose para informar sobre lo que acababa de ocurrir: 1.250.000 euros venían para la ciudad.

En esta administración de loterías se vendieron diez décimos del número 06095, por lo que a cada uno le corresponden 125.000 euros de premio. Las ventas se hicieron todas por ventanilla y creen que el dinero estará muy repartido, porque no recuerdan que alguien se llevase más de un décimo del número agraciado.

Marisol explica que, a pesar de que las cifras que comienzan por cero no son las preferidas por la mayoría de los clientes, en este caso pesó más la terminación en 5, que es de las más buscadas y las que antes se agotan. Ella tiene amplia experiencia, puesto que lleva 46 años en la misma administración, los 40 primeros con el anterior titular, Carlos Bonilla, que ha dejado su impronta como lotero. De hecho, la gente se sigue refiriendo a este despacho como «el de Bonilla».

El actual responsable, Carlos Fernández, tomó el relevo hace seis años y este martes aseguraba ante este segundo premio en la lotería de Navidad: «Esto me viene bárbaro». Visiblemente nervioso, e insistiendo en que «es mejor no celebrarlo», explicó que los décimos premiados se vendieron hace meses, después de un verano que calificó de «bastante malo», porque, a causa de la pandemia del covid, no llegó gente de fuera. No obstante, precisó que, a pesar de un descenso en las ventas respecto a años anteriores, que en conjunto sitúa en torno a un 15 %, a última hora la situación se fue normalizando.

Desde que él tiene las riendas de este despacho, el premio más importante que había dado hasta ahora fue en el 2015: una primitiva dotada con 895.000 euros.

Por su parte, Marisol apunta que en la historia de esta administración ferrolana sí habían celebrado por todo lo alto, porque entonces no había restricciones, un segundo premio de la Lotería del Niño en el año 2011, con el número 11833. Se habían vendido 30 décimos, diez de ellos a abonados, lo que supuso el desembarco en la ciudad de tres millones de euros.

En el 2019, el sorteo extraordinario de Navidad pasó sin pena ni gloria por Ferrol, con solo algún pellizco en la comarca. El bar Malpica, de Fene, había vendido un décimo del 74770, agraciado con un quinto premio, dotado con 60.000 euros a la serie. Este mismo establecimiento ya había sido agraciado con seis boletos premiados con el gordo en el sorteo de Navidad del 2018, que reportaron 2,4 millones de euros, con el número 03347. Ese mismo año, el bar Marino, de Cedeira, había vendido otro décimo del gordo; y el establecimiento La Bombonería, de As Pontes, dos de un quinto premio.

«Menos mal que cayó algo en Ferrol, porque de malas noticias ya estamos cansados»

La presencia de la prensa en la puerta de la administración número 9 de Ferrol, situada a escasos metros de la céntrica plaza de Armas y del palacio municipal, provocó que muchos curiosos se acercasen a ver qué pasaba. La mayoría felicitaron al lotero, Carlos Fernández, otros rebuscaban en los bolsos para ver sí tenían el número agraciado con el segundo premio de la lotería de Navidad, y algunos preguntaban y salían corriendo de vuelta a sus negocios situados en las proximidades, repitiendo el 06095, para comprobar si les había tocado. Pero nadie se dio por aludido como uno de los afortunados: y es que Ferrol es diferente a otras localidades en las que estas cosas se celebran en la calle, ante las cámaras.

Entre las muchas personas que pasaron por delante del número 11 de la calle Rubalcava, hubo una frase que se repitió varias veces: «Menos mal que cayó algo en Ferrol, porque de malas noticias ya estamos cansados». Aludían a la complicada situación del naval y de otras empresas de la comarca, pero, sobre todo, a la crisis sanitaria y económica generada por la pandemia del coronavirus. Se alegraban de que, por fin, en la ciudad se generase una buena noticia.

Paola Estévez, de sufrir el covid en la uci a celebrar el gordo

«Solo quería olvidar el 2020» confiesa una de las afortunadas con el máximo premio en O Grove

SERXIO GONZÁLEZ

Manuel y Efrén Rodríguez se están acostumbrando a descorchar cava el 22 de diciembre. El año pasado, la administración que heredaron de su padre junto al mote familiar, los Morenos, distribuyó diez décimos, medio millón de euros, del tercer premio. Este martes, los hermanos Morenos se encaramaron a lo más alto del podio de la Lotería de Navidad. Otros diez décimos, pero en esta ocasión del gordo, con un número, el 72897, que no olvidarán aunque no sea el de la casa. «Foi un ano moi malo, de ansiedade e penuria; levamos moito loitado e isto, agora, é como gañar a Copa», relata Manuel, cuya esposa, María José Díaz, se ha enfrentado a una esclerosis múltiple. Efrén pedalea en su bicicleta en busca de botellas de espumoso con las que seguir brindando con periodistas y vecinos —no muchos, la pandemia marca los tiempos— que se arremolinan frente al despacho de la calle Luis Seoane. «Estamos nunha nube, porque para isto traballamos, para darlle alegría á nosa xente».

El pellizco asciende a cuatro millones, a razón de cuatrocientos mil euros por cada uno de los diez décimos vendidos. Todos en ventanilla, y varios en los últimos días. Una serie tonta, suelta, lo que los loteros acostumbran a denominar un «salpicado». Con la caída del turismo, la venta de Lotería de Navidad se ha desplomado entre un 30 y 35 %, pero esto lo compensa. Visto lo visto, haber bautizado este año su local como Centola Dourada de Moreno, un guiño al marisco que reina en el mar de Arousa, ha resultado todo un acierto.

Antonio Casas, un funcionario municipal, adquirió un décimo del 72897 para compartirlo con un compañero de trabajo. Paola Estévez, su esposa, acaba de dejarse caer por la administración junto a su hija Alexia. Son doscientos mil euros para cada una de las dos familias, con los que, para empezar, los Casas Estévez podrán ofrecerle el buen arreglo que su casa merece.

«Yo lo único que quería era olvidar el año 2020, y de repente es una maravilla», sonríe Paola, que lo ha pasado verdaderamente mal. «El 17 de octubre me ingresaron porque me había contagiado de coronavirus y tuve que estar en la uci; pasé veinte días hospitalizada y solo quería olvidarlo». Ella es autónoma, regenta una tienda de regalos en la isla de A Toxa y, obviamente, tampoco el negocio atraviesa un buen momento. Así que la suerte ha caído donde debía. La familia comienza a reunirse. El propio Antonio, la abuela Amelia, solo falta ya el segundo hijo, Christian. «Estamos en shock», repiten mientras siguen recibiendo cariño bajo esta centolla dorada.

Los 120 décimos de Cambados que ahora valen 2,4 millones de euros

Doce series de un cuarto premio se vendieron en la administración número 1

M. ALFONSO

Tania y Andrea no terminan de creérselo. La primera se desplazó en la mañana de este martes hasta la administración de lotería número 1 de Cambados para sellar una primitiva. Y fue así como se enteró de que el décimo que había elegido la segunda para compartir con sus compañeras de trabajo en el centro Ana María Parada había resultado premiado. «Compramos el décimo el sábado para repartir entre ocho, nos han tocado 2.500 euros a cada una», cuentan emocionadas.

Un cuarto premio, el 75981, es el responsable de los 2,4 millones de euros que el sorteo de la lotería de Navidad dejó en esta localidad arousana. Se vendieron doce series, todas en ventanilla, explica el lotero, Xoán da Cruz Martínez Rial. Y algunas más, asegura, fueron devueltas porque este año no ha sido especialmente bueno para la venta de lotería, según afirma. Los cierres perimetrales y la falta de turismo por culpa del coronavirus han hecho que las ventas cayeran notablemente.

Hace solo tres años que Xoán da Cruz Martínez Rial se hizo cargo de la administración de lotería número 1 de Cambados. Desde entonces, año tras año ha repartido suerte entre sus vecinos. Primero fue una primitiva de 800.000 euros, a la que siguió otra de similar cantidad. Y ahora, un cuarto premio del sorteo de Navidad de la Lotería Nacional. Son 20.000 euros para cada décimo, «e non pagan impostos», explica el lotero, encantado de haber repartido suerte entre los suyos.

«Xa teño coñecidos e amigos que chamaron para dicir que lles tocara», afirma. Desde que se supo la noticia, por la administración pasaron personas que querían saber si su décimo había sido premiado, incluso antes de que terminara el sorteo. Pero solo Tania y Andrea fueron agraciadas. «Cuando me llamó mi compañera no me lo creía», cuenta Andrea, que muestra en el teléfono el décimo premiado, que, por cierto, dejaron guardado en el lugar de trabajo. Sin embargo, reconocen que el premio no es muy cuantioso. «No toca casi nada, pero sirve para terminar bien el año, ni tan mal», confiesa Andrea.

Muchas series devueltas

Lo único que lamenta el lotero cambadés es la gran cantidad de series que tuvieron que devolver, entre ellas, varias premiadas. «Aínda non sabemos canto foi de volta, pero algún millón seguro que si», explicaba. Y es que hace ya casi un mes que Cambados se encuentra en cierre perimetral, lo que ha impedido que, como en años anteriores, pudieran pasarse a comprar lotería habitantes de municipios vecinos. Ni siquiera hubo mucho turismo. «Devolvemos bastante porque como estamos pechados non houbo vendas», insiste.

La buena noticia es que esto significa que el premio se ha quedado entre los vecinos de la localidad. 120 afortunados que hoy son un poco más ricos.

Juan y Pepe, los operarios de Xove que rescataron del contenedor los décimos que dejaron un pellizco

El gesto de los trabajadores de Invare permitió al hostelero de O Valadouro recuperar los billetes del 68637, cuya última cifra coincide con la del premio gordo

M. CUADRADO

El hostelero Cristóbal Canoura, mostrando los décimos días antes del sorteo navideño
El hostelero Cristóbal Canoura, mostrando los décimos días antes del sorteo navideño

Gracias a Juan y a Pepe, Cristóbal recuperó los doce décimos de lotería para el sorteo de Navidad que acabaron por un despiste en un contenedor de papel. Según la versión la empresa para la que trabajan, Invare, que se dedica a la recogida y gestión de residuos y que tiene su sede en el municipio de Xove, hace varias semanas los trabajadores vieron caer los décimos cuando procedían a vaciar el contenido del contenedor dentro del camión. En ese momento estaban trabajando en Ferreira do Valadouro, uno de los municipios mariñanos donde prestan servicio.

Al verlos, los operarios comprobaron que eran billetes para un sorteo que todavía no se había celebrado. Los rescataron y evitaron que acabaran entre el resto de los residuos y, cuando llegaron a la base, lo notificaron a la empresa que, tras informarse de los trámites que había que realizar, dio cuenta de lo sucedido en el cuartel de la Guardia Civil de Xove. A partir de ahí se puso el caso en conocimiento del juzgado y los billetes, con el número 68637, quedaron depositados a comienzos de diciembre en el Concello xovense, donde el viernes pasado los recogió, tras acreditar que eran de su propiedad, el propietario del Bar Asturias, de Ferreira, Cristóbal Canoura. Gracias a este gesto, el hostelero no perdió todo lo invertido en lotería, ya que la útima cifra del número que jugó coincide con la última del premio gordo (72897) del sorteo celebrado ayer.

En Invare fueron sabiendo de la historia de los décimos por las informaciones que iban trascendiendo en los medios de comunicación y este lunes aseguraban que nadie del bar había contactado todavía con ellos. Al igual que muchos ciudadanos, también en Invare aplauden la honradez que mostraron sus trabajadores al devolver los billetes de lotería.

 

El primer gordo sin aplausos

Mila Méndez

Las voces de los niños de San Ildefonso fueron las únicas que rompieron la soledad del teatro en el primer sorteo sin público

El 2020 pasará a la historia de la Lotería de Navidad por ser el primer año que los premios se quedan huérfanos de los aplausos de la sala. Las butacas vacías del Teatro Real son una de las imágenes que deja un sorteo que en sus más de 200 años de trayectoria siempre tuvo público. A las puertas del coliseo madrileño, cuando aún era de noche, solo esperaban dos incondicionales disfrazados, una de bombo y el otro de religioso.

La pandemia obligó a seguir unas normas milimétricas que se sumaron a las habituales para garantizar la transparencia del juego. Todos llevaban mascarilla, los niños de San Ildefonso solo se la quitaron para cantar los premios y entre ellos se respetaba la separación de dos metros. La mesa presidencial estuvo compuesta por cuatro personas, en lugar de cinco, y unas mamparas se sumaron a la retahíla de objetos del día 22. Las superficies se limpiaron cada vez que rotaban las tandas de cuatro de los chavales.

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