La segunda ola del covid ya ha matado a más gente en Galicia que la primera

Los cierres solo parciales implican un goteo de víctimas prolongado

Concentración de protesta y homenaje a los fallecios en residencias
Concentración de protesta y homenaje a los fallecios en residencias

redacción / la voz

Desde que el 14 de marzo perdió la vida una mujer de 92 años en el Hospital Povisa de Vigo hasta ayer por la tarde, cuando el Sergas notificó otras diez víctimas, han perdido la vida en Galicia 1.246 personas infectadas con el coronavirus. Entremedias han transcurrido ocho eternos meses de la peor pandemia en un siglo, que en la comunidad, y en general tanto en España como en el resto de Europa, se divide por el momento en dos claras oleadas. La primera, que en términos de mortalidad se extendió hasta el 10 de junio, se cobró 619 vidas, pero esta segunda -con 627 a partir del siete de agosto- ha resultado ya más mortífera y aún le quedan, en el mejor de los casos, varias semanas más de luctuosa evolución.

Los impactos son distintos, porque en primavera prácticamente todo era desconocido, los sanitarios apenas contaban con herramientas terapéuticas y las unidades de cuidados intensivos estuvieron a punto de colapsar. Esas 619 muertes se concentraron en 88 días y llegaron a su pico el 10 abril con 31 fallecimientos en tan solo 24 horas. Con el primer estado de alarma y el estricto confinamiento domiciliario, las víctimas se redujeron desde ese máximo a cero en dos meses exactos.

En esta segunda ola la estrategia, por condicionantes económicos y sociales sobre todo, ha sido distinta. Se basa en restricciones más laxas y prolongadas en el tiempo, lo que todos los expertos avisaron, y lo siguen haciendo, de que se iba a traducir necesariamente en más contagios y más muertes. Así, el pico de víctimas hasta la fecha se dio el 11 de noviembre con 16 decesos. Por tanto, aún no ha pasado siquiera un mes, con lo que todo apunta a que queda por delante un período más que complicado.

Todo ello sin tener en cuenta que los días más fríos y secos -los más propicios para las enfermedades respiratorias- aún están por llegar. «Las medidas se han tomado más tarde, y han sido menos duras para tratar de dañar menos la economía, pero a ellas esta enfermedad responde peor. Lo estamos viendo. Se han producido muchas muertes y se van a producir todavía muchas más, pues está por llegar el tiempo peor. En el verano llegaba el turismo y se salió precipitadamente sin tener controlada la enfermedad, y ahora llega la Navidad y se vuelve a hacer lo mismo», asegura el epidemiólogo Juan Gestal, que no se muestra para nada optimista. «En enero, si no se produce ya antes, tendremos un rebrote importante. No sé qué preferiría la población, si lo que se está haciendo, con el importante coste de vidas que tiene, o medidas más drásticas que permitan tener la enfermedad bajo control, como hizo China, junto con ayudas a los sectores económicos más afectados. Se evitarían muchas muertes».

Aún queda una larga evolución

Para Gestal las razones, por tanto, están bastante claras, aunque hay otros factores que también distorsionan las estadísticas. En la primera ola el virus apenas entró en Galicia si se compara con lo ocurrido en otras zonas de España, particularmente la meseta (Madrid y su entorno), Cataluña, el País Vasco o Navarra. En estos momentos, la comunidad sigue presentando cifras mucho mejores que la media y en algunos aspectos, como la ocupación hospitalarias y de camas uci, las más bajas del país, pero en otros las diferencias no son tan abismales. Por ejemplo, en la última semana han ingresado en los hospitales prácticamente las mismas personas que en Madrid.

Hay otros factores, como la denominada fatiga epidémica, que lleva a la ciudadanía a bajar la guardia y relajar el cumplimiento de las medidas de seguridad que, según los especialistas, también podrían influir. Pero lo cierto es que con el uso de la mascarilla ampliamente extendido y mucha más información sobre como se transmite el virus, la mortalidad no se ha detenido y no hay otra explicación más clara que ese incremento de la movilidad y los contactos personales en esta ola con respecto a la primera. De ahí que los diez fallecidos notificados ayer: cuatro mujeres de entre 74 y 94 años, que estaban hospitalizadas, y cuatro internos de la Residencia de Vilalba, de entre 82 y 96, no vayan a ser, con toda probabilidad, los últimos de esta negra y muy larga lista.

El porcentaje de fallecidos en las residencias baja, pero resulta «inxustificable» para la sociedad de geriatría 

En lo que no hay apenas diferencias entre la primera y la segunda oleada del covid es en la edad de los fallecidos, el 90,7 % de las víctimas tienen 70 años o más e incluso son un poco mayores, de media, las personas que pierden la vida ahora en comparación con la primavera. Y ahí es donde el presidente de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría, Miguel Vázquez, considera que se pudo hacer bastante más, particularmente en el caso de las residencias. El porcentaje que representan los internos entre el total de fallecidos ha bajado del 44 al 39 %, pero, a su juicio, que el coronavirus haya vuelto a entrar en estos centros con consecuencias tan fatales «non ten xustificación algunha». Se queja de que «a xente, morreu, morre e vai seguir morrendo nas residencias porque os protocolos son insuficientes».

Desde la entidad, ya en marzo pidieron pruebas PCR cada cinco días a los residentes y el aislamiento inmediato de los contagiados, además de una autoridad única de gestión. Ahora, aunque les parece insuficiente, aplauden que la Xunta haya anunciado esas pruebas cada siete días, pero Vázquez considera que lo fundamental, «que é o illamento», sigue sin hacerse. «Non sabemos os motivos pero o vector de contaxio é moito máis alto; polos aerosois, pola inmunosupresión que vai medrando cos anos... pero o certo é que un día almorzas con tres casos e outro con 80», explica el geriatra que cita algunos ejemplos como los de Outeiro de Rei, Mos o Vilalba que considera especialmente sangrantes. «A estas alturas non se pode dicir que non se sabía. Sabemos que se deixamos aos contaxiados dentro a xente vaise infectar e vai morrer. Isto non é un problema social, é un enfermidade», sentencia Vázquez, que se siente derrotado en esta lucha.

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