Los bebés que nacieron de una inseminación furtiva

HBO narra en el documental «Baby God» cómo el doctor Fortier abusó de su poder en la reproducción asistida para fecundar a numerosas mujeres con su propio esperma


redacción / la voz

Antes de que existieran los bancos de esperma y la reproducción asistida fuese una práctica generalizada, un número incontable de mujeres en Estados Unidos pusieron su fertilidad en manos del doctor Quincy Fortier. Era la década de los sesenta y el especialista en obstetricia y ginecología abrió una clínica en la cual durante décadas se ocupó no solo de la salud femenina, sino de obrar el milagro de que muchas mujeres, posiblemente cientos, consiguieran ser madres. El impactante documental Baby God, estrenado por HBO, revela la oscura manera en la que logró aquel prodigio.

Fue la exdetective Wendi Babst quien, a raíz de la comercialización de los kits de ADN caseros, decidió explorar su ascendencia para saber más sobre su padre biológico. Pero lo que descubrió con el test fue algo inesperado: tenía un número desproporcionado de medios hermanos. Con sus dotes para la investigación fue rastreando la experiencia de su madre y tirando de un hilo que la condujo al doctor Fortier, un médico reconocido que había obtenido incluso el reconocimiento de Doctor del Año en Nevada en 1991. Pero detrás de aquella fachada de bonhomía estaba un hombre que abusó de su posición para inseminar a un gran número de mujeres de forma furtiva con su propio esperma sin el conocimiento de estas y prolongar de esta forma su huella genética. El documental incluye entrevistas con algunos excolegas de profesión, antiguas pacientes y también con algunos de los hijos biológicos nacidos de sus prácticas aberrantes.

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