Los concellos inician el desbloqueo del cobro de las sanciones por el covid

Muchas multas llevan meses viajando de una Administración a otra


Cualquier agente de las cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado puede imponer una sanción por el incumplimiento de las normas derivadas de la pandemia: ir sin mascarilla, vulnerar el toque de queda, no respetar un cierre perimetral, abrir un establecimiento sin permiso... Pero ¿quién las cobra? No resulta fácil responder a esta pregunta. Hace un par de semanas, ninguna Administración parecía hacerse cargo, de manera que las denuncias se acumulaban y muy pocas llegaban a cobrarse. Tras el dictamen del consello consultivo de la Xunta, se ha alcanzado una solución salomónica: la Administración autonómica se hace cargo de las multas relacionadas con la vulneración de cuarentenas o aislamientos, mientras que el resto caen en el debe de los concellos.

El de A Coruña, por ejemplo, había notificado unas mil denuncias a finales de la semana pasada, de las más de tres mil que tenía acumuladas desde que acabó el primer estado de alarma. Claro que no todos los concellos tienen la misma capacidad. Los más pequeños pueden acogerse al convenio firmado entre la Xunta y la Fegamp para la agilización de esos trámites.

Los miles de sanciones impuestas en Galicia han viajado durante meses de una Administración a otra a la espera de un dictamen firme sobre cuál era el órgano responsable para su cobro. Las que fueron impuestas durante el primer estado de alarma acabaron en manos del Gobierno central, que era el órgano que dictaba la normativa anti covid. Decaído ese estado de alarma, y con la competencia en mano de las comunidades autónomas, la competencia sobre las sanciones ha caído finalmente en manos de los concellos tras varios meses de incertidumbre. En cualquier caso y, según un portavoz de la Xunta: «As sancións impostas desde o inicio do estado de alarma aínda están en prazo de tramitarse e non prescribiron, con independencia de que faltase por aclararse a competencia de cada Administración».

En principio, y según la subdelegación del Gobierno, las denuncias que imponen tanto la Policía Nacional como la Guardia Civil, son remitidas directamente a las delegaciones de Sanidad de la Xunta, entidad que distribuye estas denuncias entre los ayuntamientos y la propia Xunta.

Recursos, al concello

Según un portavoz del Gobierno autonómico, los recursos a estas sanciones deben efectuarse ante la Administración que las tramita, principalmente en los propios ayuntamientos que son también competentes a la hora de establecer la cuantía de las sanciones, con un amplio abanico económico para imponer en función de su gravedad. En este contexto, el sancionado que quiera conocer la cantidad que debe satisfacer por la sanción debe dirigirse a su ayuntamiento o esperar la llegada del boletín sancionador.

Varios responsables municipales han mostrado sus reservas sobre la responsabilidad en el cobro de las multas covid. En un contexto en el que la normativa que se ha ido activando para frenar el avance de la pandemia ha chocado con dictámenes judiciales, varios servicios jurídicos ponen en duda la competencia de las Administraciones locales para gestionar multas impuestas sobre normas que no han sido dictadas por ellos.

«Ahora solo salgo de casa para lo imprescindible»

 

Jorge Casanova

Fue un gran día, hasta que llegó la policía. Jacobo, estudiante de cuarto de Derecho en la Universidade da Coruña, se puso guapo y se reunió con sus amigos para hacerse la foto de la orla. Habían quedado los más amigos para figurar en ese cuadro que mirarán el resto de su vida y a través del cual recordarán los esfuerzos y las peripecias de su vida universitaria. Así que todos contentos. Aprovecharon para ir también a la cafetería de la facultad, uno de los pocos locales de hostelería abiertos en la ciudad. Hubo risas y cachondeo. Tanto que, a la hora de despedirse, unos cuantos decidieron no hacerlo: «Éramos seis los que decidimos ir a la azotea del piso en el que vive uno de nosotros», explica. Al aire libre, con el impulso de ese gran momento a nadie le pareció mal subir hasta allí con unas cervezas y un ordenador para poner música. Bueno, en realidad sí hubo al menos una persona a la que le pareció mal: el vecino que dio aviso: «Sí, éramos conscientes de que no podíamos estar allí —admite este estudiante—, pero manteníamos la distancia de seguridad y estábamos al aire libre con las mascarillas puestas».

No tardó mucho en presentarse una patrulla de la policía local de A Coruña, que tomó nota de lo que allí estaba pasando y de la documentación de los seis estudiantes que estaban en la azotea: «Nos dijeron que estábamos infringiendo la ley y que nos iban a denunciar». Según el relato de los estudiantes, la actuación policial fue cordial y, lejos de ensañarse, los agentes fueron benévolos en el informe. «Vamos a presentar la denuncia y una propuesta de sanción», les dijeron. ¿De cuánto? Nadie lo sabe. Al menos de momento.

Nadie sabe nada

El incidente ocurrió el 10 de noviembre. Desde entonces, nadie ha vuelto a saber nada. Uno de los estudiantes estuvo efectuando averiguaciones por su cuenta para ver a qué sanción podrían enfrentarse: «En la Subdelegación del Gobierno nos dijeron que era cosa de la Xunta y en la Xunta, que no sabían nada», explica. La última noticia ha llegado esta semana, cuando un funcionario de la Xunta devolvió la llamada para explicar que la multa, si era leve, podía llega a los 3.000 euros y, si era grave, hasta los 60.000 y que quien la imponía, la Dirección General de Salud Pública, adonde podían dirigirse para obtener más información. De momento, claro, sin resultado alguno.

El incidente es un ejemplo de la confusión que rodea a la imposición y el cobro de las sanciones impuestas por vulnerar las normas anticovid. «Fue todo un poco raro, la verdad», añade Jacobo, que espera una multa de una cuantía desconocida. «Yo pensaba que tal vez sería de 100 euros, como máximo de 300, pero no tengo ni idea, la verdad». Dice que, si puede, la pagará él con los trabajillos que va teniendo para sus gastos. En medio de toda esta confusión, a sus padres ya los avisó, por si las moscas. Y, sea cual sea el importe de la sanción, el incidente ha dejado huella: «Ahora solo salgo de casa para lo imprescindible».

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