Díaz Ayuso, la presidenta que no pierde una batalla

A pesar de que el «milagro madrileño» es puesto en duda por muchos expertos, la líder regional cuenta por victorias sus enfrentamientos con Moncloa tras haberse salido con la suya en Barajas, con el cierre perimetral solo en los puentes, los antígenos y ahora las farmacias.


colpisa / madrid

 Cuando el pasado miércoles por la tarde Salvador Illa dio su brazo a torcer, en la Presidencia de la Comunidad de Madrid lo celebraron como una nueva victoria. Isabel Díaz Ayuso había conseguido que Sanidad abriera la puerta a que los test de antígenos se puedan hacer en las farmacias. El ambiente en la sede de la Puerta del Sol era casi de triunfo futbolero, casi de prolongación de la euforia del 6-0 de la víspera a Alemania.

Como la selección, y contra todo pronóstico, la jefa del Ejecutivo regional había vencido por goleada a un enemigo históricamente temido pero al que últimamente tiene cogida la medida. Y eso que esta vez ni los más cercanos a Ayuso tenían todas consigo a que la presidenta pudiera ganar esta nueva mano a Moncloa en la larga guerra abierta entre ambos desde hace más de seis meses. La única que -como Luis Enrique con los tudescos- confiaba ciegamente en doblegar al Gobierno de Sánchez era ella, dicen en la Real Casa de Correos.

A Ayuso, los que no la aprecian demasiado, la acusan de estar usando la pandemia para hacer política. También de tensar la cuerda hasta el extremo con el Gobierno central buscando su propio beneficio. Dicen que azuza el victimismo madrileño para ganar votos. O que actúa de «forma calculada para crear confusión» y que su única «posición» se basa exclusivamente en «hacer lo contrario» de lo dicta Moncloa, tal y como denunció en su día la vicepresidenta Carmen Calvo.

En el otro extremo están los que en ella ven a una suerte de Juana de Arco de la Meseta, que ha sabido despertar un inexistente sentimiento de madrileñismo, casi cercano a una suerte de nacionalismo chulapo. Una especie de David que ha sabido resistirse a las embestidas del Goliat Pedro Sánchez. Un dique frente a aquella Moncloa que llegó a castigar a Madrid con un estado de alarma el puente del Pilar cuando la comunidad vivía sus peores momentos de esta segunda ola. La única que alzó la voz cuando el Estado y el resto de autonomías dejaron sola y encerrada a Madrid.

Los datos de Madrid, puestos en duda

Tengan razón unos u otros (o ninguno de ellos), lo cierto es que la gestión de Ayuso durante esta pandemia no ha dejado a nadie indiferente. La controversia sobre su figura y el trabajo de su equipo durante la crisis sanitaria llega hasta el punto de que las propias cifras epidemiológicas de la Comunidad, el llamado milagro madrileño', son puestas en duda por prestigiosos expertos, pero también reconocidas por otros epidemiólogos de renombre. Madrid tocó techo el 29 de septiembre con una incidencia acumulada (IA) de 784 casos cada 100.000 habitantes, casi triplicando la media nacional que entonces era de 294. Esta semana, la región se ha movido en una IA algo superior a 300 mientras que la incidencia del país ha estado por encima de 450. Eso sí, la presión asistencial, aunque ha disminuido, ni mucho menos lo ha hecho en esta proporción, lo cual alimenta las suspicacias.

Desde luego que el milagro madrileño no provoca unanimidad, pero en lo que sí hay bastante más consenso es en que Ayuso durante esta pandemia parece contar cada batalla con Moncloa por victoria. Incluso las que parecían derrotas. Y la lista es larga.

La historia comenzó en mayo cuando la presidenta denunció a Sánchez ante el Supremo por denegar el paso a Madrid a la fase 1 de la desescalada. La líder madrileña lanzó una andanada al Gobierno que ni siquiera Quim Torra se atrevió a copiar cuando Cataluña también se quedó varada en ese plan hacia la «nueva normalidad». Las quejas de Ayuso no sirvieron para obtener el aprobado, pero sí que supusieron un fuerte desgaste para Sanidad, que nunca pudo (ni siquiera a día de hoy) decir quiénes componían el grupo de expertos que cortaron el paso a la Comunidad.

La crisis del puente del Pilar, con la imposición por parte de Sánchez del estado de alarma in extremis para confinar perimetralmente a la ciudad de Madrid y a nueve de sus núcleos más poblados, también podría parecer una derrota, ya que Ayuso perdió el pulso en el que ella sostenía que el aislamiento de las zonas básicas sanitarias (ZBS) era suficiente. Sin embargo, aquellos días caló en buena parte de la población madrileña el mensaje de que el Gobierno central les estaba castigando sin motivo y que Ayuso era su única defensa.

Las pruebas de antígenos ha sido otra batalla ganada, según reconocen uno y otro bando. En septiembre, cuando todas las comunidades seguían las recomendaciones de Sanidad de fiarlo todo a las lentas PCR, Ayuso y los suyos apostaron por los nuevos test que ofrecían resultados en minutos. Madrid compró cinco millones de pruebas rápidas y comenzó a cribar las áreas más sacudidas mientras Salvador Illa o Fernando Simón seguían expresando sus dudas sobre la fiabilidad de estos métodos.

Dos meses después de la arriesgada decisión de apostar por los antígenos, la Comisión Europea (el pasado miércoles) y multitud de expertos ven ya en estas pruebas una herramienta muy útil.

«Adecuada»

Ayuso también logró doblegar la voluntad del Gobierno en noviembre en la ya conocida como crisis de los dos puentes (el de Todos los Santos y el de la Almudena), incluso a costa de que el Ejecutivo central tuviera que forzar la interpretación de su último decreto de alarma para dejar que Madrid perimetrara a su antojo y de forma intermitente la comunidad y no de manera continua durante siete días, como aparentemente fijaba el decreto y como hicieron casi todas las demás autonomías. Al final, hasta la propia Carmen Calvo acabó reconociendo que la fórmula de los cierres de puentes había sido «adecuada».

Pero en el entorno más cercano a Ayuso aseveran que para ella su victoria más dulce ha sido la de Barajas. Cuando el 11 de noviembre Illa comunicó a las comunidades que a partir del próximo lunes se someterá a pruebas a todos los viajeros procedentes del exterior, como venía reclamando la líder madrileña desde verano, dicen que ella no se pudo contener y gritó: «¡Ganamos!».

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