La tesis del «hipercán», la madre de todos los huracanes

Una teoría científica apunta a la influencia de mega huracanes en la extinción de los dinosaurios


Las tormentas tropicales que acaban llegando como huracanes al Caribe y a Estados Unidos surgen en Cabo Verde, frente a las costas de África. El proceso comienza con una ligera perturbación del aire que sale del continente africano y llega al océano empujada por los vientos alisios, que soplan del este al oeste. En la región tropical del Atlántico, el agua caliente alimenta la perturbación hasta convertirla en una tormenta.

A medida que viaja por el océano se va intensificando, convirtiéndose en huracán. La categoría que puede llegar a alcanzar, entre 1 y 5, dependerá de ciertos ingredientes como la cizalladura, los vientos que soplan en altura. Si son flojos el sistema de bajas presiones podrán crecer sin que nada se lo impida. Pero sobre todo influye la temperatura del agua, que genera mucha evaporación, el combustible de estos gigantes de la atmósfera. Los huracanes necesitan aguas con una temperatura en torno a los 26 grados. En la zona del Caribe y el Golfo de México, donde se concentran las aguas más cálidas, es precisamente donde un huracán suele alcanzar la categoría 5.

El caso de Patricia que en el 2015 se formó en el Pacífico oriental y generó vientos de 345 kilómetros por hora abrió un debate sobre la necesidad de aumentar una cifra más la escala de Saffir-Simpson, que mide la intensidad. Pero incluso un hipotético huracán de categoría 6 sería insignificante si lo comparamos con un «hipercán», una clase hipotética de ciclón que podría formarse si la temperatura del mar llegase a 50 grados, un aumento que podría ser causado por el impacto de un asteroide, un cometa y también por una erupción volcánica.

Según el climatólogo estadounidense, Kerry Emanuel del Instituto Tecnológico de Massachusetts, este tipo de huracanes contribuyó a la desaparición de los dinosaurios. Su hipotésis sostiene que los «hipercanes» inyectarían enormes cantidades de vapor de agua y polvo en la estratosfera, alterando el clima global y destruyendo la capa de ozono. Su modelo informático describe una bestia atmosférica capaz de perder 300 milibares de presión en 40 horas.

El propio experto reconoce que es difícil predecir si el efecto sería un calentamiento o un enfriamiento. Sin embargo, añade que el mayor daño sería sobre la capa de ozono. La radiación ultravioleta del Sol actuaría sobre las gotas de agua estratosféricas para formar compuestos como el hidroxilo que junto con el cloro del agua salada que inyectaría el «hipercán» podrían destruir grandes cantidades de ozono estratosférico, algo que sería letal para los seres vivos.

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