Confirman la relación entre cáncer y el alto consumo de carne y alcohol

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La carne es uno de los productos más exportados
La carne es uno de los productos más exportados MONICA IRAGO

Este completo estudio liderado por el CSIC ha analizado la correlación entre dieta y cáncer desde 1960 hasta el 2017 en 108 países.

18 nov 2020 . Actualizado a las 12:40 h.

Un estudio liderado por científicos del CSIC ha analizado la correlación entre dieta y cáncer en, al menos, medio centenar de países, desde 1960 hasta el 2017. Se trata de un detallado análisis estadístico que cruza datos de bases de datos mundiales de instituciones como la FAO, la OMS, la ONU, el Banco Mundial, la OCDE, los Departamentos de Agricultura y Salud de los EE.UU, o el Eurobarómetro, y que incluyen datos de países de Europa, Asia, América, Australia, y África. Para algunos modelos se ha podido contar con datos de hasta 108 países. El trabajo dirigido por Josep Peñuelas y Jordi Sardans se ha publicado recientemente en la revista International Journal of Environmental Research and Public Health.

El estudio confirma a gran escala algo que ya se ha observado en algunos estudios científicos locales: que el consumo de carne y de alcohol se relaciona directamente con una mayor incidencia de cáncer, y que una mayor ingesta de verduras y pescado, podría ser un factor protector. Los científicos han analizado datos de prevalencia de cáncer entre 1998 y el 2010, y de mortalidad por cáncer entre 1960 y el 2010, en relación con el consumo per cápita de calorías, de carne, de pescado, de verduras, de alcohol, de fósforo y de nitrógeno (estos dos últimos a partir de las concentraciones que recoge la FAO por grupos de alimentos).

La inclusión del nitrógeno entre las variables se explica porque estudios recientes relacionan su incremento con un mayor riesgo de sufrir algunas enfermedades. Se sabe que los vegetales excesivamente fertilizados con nitratos pueden acumular algunos compuestos nitrogenados que son tóxicos. Además, tal como explica Peñuelas, algunos estudios han estado mostrando que la fertilización de los cultivos desde 1961 a nivel global se ha multiplicado por diez, por lo que «en consecuencia, podemos esperar un potencial impacto en la salud global».