El propietario del Club Eros se enfrenta a 26 años por explotar a mujeres en su prostíbulo

María Guntín
María Guntín LUGO / LA VOZ

SOCIEDAD

Foto de archivo de la Audiencia Provincial de Lugo
Foto de archivo de la Audiencia Provincial de Lugo carlos castro

Vivían en condiciones extremadamente duras, según recoge el escrito: «libraban» una vez por semana y si tenían la regla podían descansar el primer día; el resto debían usar esponjas vaginales que compraban en el propio club por dos euros

10 nov 2020 . Actualizado a las 18:50 h.

El propietaario del Club Eros, Marcos Grandío Ascariz, se enfrenta a una pena de 26 años de cárcel acusado de un delito continuado de inmigración ilegal, tres de prostitución, tres contra los derechos de lo trabajadores y uno por tenencia ilícita de armas. El administrador y propietario del Eros contactaba con mujeres extranjeras que atravesaban una situación económica muy precaria y les pagaba el viaje a España, donde las obligaba a prostituirse. El juicio contra el proxeneta empieza este miércoles en la Audiencia Provincial de Lugo y, según fuentes judiciales, se prolongará durante al menos cinco días. La Fiscalía también pide que el proxeneta abone 3.000 o 4.000 euros a las mujeres a las que prostituía.

En los locales propiedad de Grandío Ascariz se prostituían mujeres, tal y como indican las diligencias previas a este caso, en las que figuran varias testigos protegidas. A una de ellas la conoció en una discoteca de Venezuela y le ofreció venir a España para prostituirse. Le facilitó dinero y billete de vuelo, diciéndole que debía devolverlo todo al llegar. Le explicó también qué decir en el aeropuerto y que la cantidad que debía era de 2.800 euros. En julio de 2009, la testigo protegida llegó a España, Grandío la recogió en el aeropuerto y le dijo que, hasta que pagara la deuda, debía vivir en el club y no podría salir sola puesto que debía hacerlo acompañada por él o por su mujer. Mientras no pagó tal cantidad, la joven le dio todo lo que ganaba a Grandío Ascariz, por lo que tuvo que seguir pidiéndole dinero si lo necesitaba y este se sumaba a la cantidad que ya debía. Algo similar hizo el proxeneta con otra mujer venezolana a la que, sin embargo, no le detalló que sería prostituida en España asegurándole que le encontraría un buen empleo. Estas dos testigos fueron obligadas a prostituirse en el Eros y a vivir allí.

Las condiciones, se recoge en el escrito, eran extremadamente duras: solo «libraban» un día a la semana, si tenían la regla podían descansar el primer día por lo que el resto debían usar esponjas vaginales que compraban en el club por dos euros para así, poder trabajar. Su horario empezaba a las seis de la tarde y terminaba a las cinco de la madrugada durante la semana, puesto que los sábados y domingos, se alargaban aún más.