Un voluntario del Banco de Alimentos de Lugo de 17 años: «Hay que ayudar en primera línea»

El joven lleva acudiendo desde mayo a todos los repartos

Joel Vila compagina las clases y los entrenamientos de fútbol para repartir en el Banco de Alimentos
Joel Vila compagina las clases y los entrenamientos de fútbol para repartir en el Banco de Alimentos

LUGO

La pobreza está ahí. Algunos la viven y la tocan, otros la ven y la lamentan, y, para los afortunados, solo se queda en algo ajeno. Joel Vila, un lucense de 17 años, era consciente de que era una realidad, pero la empezó a sentir de cerca. Cuenta que la veía por la tele, por redes, incluso en algunas amistades o conocidos. «Lo típico». Con el inicio de la pandemia, empezó a ver el empobrecimiento más y más. Hasta que se dijo a sí mismo que tenía que ayudar a quienes lo necesitasen y decidió trabajar mano a mano con ellos. Desde mayo acude como voluntario a todos los repartos del Banco de Alimentos de Lugo, que son los martes todo el día y los viernes por la tarde. Es, de largo, el más joven de todos los participantes del banco.

«Conocía a un par de personas más mayores que venían a ayudar aquí y hablé con ellos para probar», así fue el inicio del voluntariado de Joel, que califica como «un poco raro». Pero lo que se iba a quedar en una prueba, pasó a ser costumbre. «Me encantó venir aquí», resume. «Creo que es necesario ayudar a los demás igual que si yo estuviera en una situación así, me gustaría que me ayudasen». La solidaridad de la que habla Joel es la de «primera línea», no las donaciones ni los cheques, ya que es la necesaria para estar al lado del necesitado y «saber de verdad lo que pasa».

Con toda la gente que trata, Joel trazó grandes amistades. Tanto con los demás voluntarios que reparten como con las personas que acuden al banco en busca de alimentos. De su círculo cercano, el joven es el único comprometido. Le gustaría que sus amigos también tomaran esta decisión y que la gente de su edad estuviera mucho más concienciada de las consecuencias de esta crisis, pero «cada uno es cada uno».

Ahora tiene clase por la mañana del ciclo de cocina que está cursando y entrena por las tardes tres días a la semana, en el equipo de fútbol del Sagrado Corazón. Desde que comenzó la típica rutina de un joven estudiante ya no puede acudir todo lo que quisiera a los repartos del banco. «Me da rabia pero tengo que esforzarme en estudiar para intentar tener un futuro, que viendo como están las cosas...». Joel lamenta no poder ayudar igual que antes, cuando se tiraba todas las horas posibles repartiendo, «hasta que llegaba a mi límite de cansancio», cuenta.

El Banco recibe nuevos perfiles: empresarios y trabajadores en ERTE

El Banco de Alimentos cuadriplicó las toneladas de alimentos repartidas y 850 familias más acuden a por lotes, sumando 2.500. En personas, se traducen a 10.500 lucenses. «Unas cifras nunca vistas», según la presidenta, Amadora Núñez. Tras el pico de la pandemia, en verano se estabilizó un poco la demanda de alimentos justo cuando se dio por superada la primera ola. Actualmente, en el momento álgido de la segunda y con los distintos tipos de confinamiento, «no para de aumentar». Amadora explica que ahora acuden perfiles nuevos, como los afectados por los ERTE, los que dejan de tener la retribución del paro, empresarios embargados y propietarios de negocios con muy pocos ingresos.

En la jornada de ayer acudieron más de 1.000 familias, en principio tan solo del municipio de Lugo. Pero el viernes pasado, cuando ya estaba en vigor el confinamiento de Lugo, numerosas familias se quedaron sin su lote de comida, ya que los viernes le corresponde a las personas de otros concellos. Algunas de ellas acudieron ayer pidiendo su lote. Amadora habló con la Policía Local y la Guardia Civil para que, si se repite esta situación, la recogida de alimentos sea justificante de circulación. Y los agentes lo aprobaron.

El banco de alimentos lanza un grito de socorro: «Ya no podemos enviar los 4.200 kilos de alimentos diarios a las instituciones»

Emiliano Mouzo

Las restricciones le obligaron a reinventar los métodos para no perder las donaciones

De los suministros alimenticios del Banco de Alimentos Rías Altas dependen más de veinte instituciones benéficas. Cada día salen de las instalaciones de A Grela y de Meicende 4.200 kilos de alimentos, «y 583.000 al mes», explicó María Capelán, conocida como Mariquiña. Pero las graves consecuencias derivadas de la pandemia, incremento del paro, gente sin cobrar los ERTE... «hicieron que nuestras estanterías estén vacías», anunció Mariquiña.

«Nos vemos obligados a comprar las alimentos más necesarios con el poco dinero que nos queda»

De hecho, ante la falta de donaciones «nos vemos obligados a comprar las alimentos más necesarios con el poco dinero que nos queda de las aportaciones que recibimos durante el confinamiento», explica preocupada Capelán. En estos momentos, el banco de alimentos está desabastecido de galletas, conservas de pescado, garbanzos, alubias, cereales... «y leche tenemos poca y, además, con fecha de caducidad en diciembre, por lo que si no llega quedaremos sin este alimento fundamental», recordó Mariquiña.

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