Jorge Corrales: «La piratería del sector editorial sigue en aumento y es vital el apoyo político»

Cedro cerró en el confinamiento 122 canales de Telegram con más de 380.000 usuarios que compartían copias piratas de libros, periódicos y revistas


redacción / la voz

El pasado mes de mayo, la asociación de autores y editores Cedro consiguió bloquear 122 canales de Telegram que contaban con más de 380.000 usuarios y en los cuales se compartían miles de copias piratas de libros, periódicos y revistas. Con todo lo que se distribuye de forma ilegal en otras páginas y redes de mensajería les resulta mucho más costoso hacer valer los derechos de creadores y editores. El director general de la entidad, Jorge Corrales, asegura que «es vital un pacto de estado por el libro y la lectura».

-La piratería en el sector audiovisual experimenta un retroceso en los últimos años. ¿Qué ocurre con el sector editorial?

-Incluyendo libros, periódicos, revistas y partituras, la piratería del sector sigue aumentando. ¿Cuáles pueden ser los motivos? A medida que los fondos de libros digitales aumenta también es más probable esta conducta ilegal. Este año hemos pasado de un 30 % a un 33 % de internautas que consumen ilegalmente, lo que viene a refrendar esta lógica. En cuanto a periódicos, revistas y partituras no tenemos tanta trazabilidad en el estudio, pero nuestra percepción es que también ha subido en el período del confinamiento y creemos que es debido a que los archivos pesan relativamente poco. El tamaño que ocupan los hace manejables como para ser intercambiados en redes sociales y aplicaciones de mensajería. Estamos recibiendo denuncias e informaciones continuas de usos ilegales de revistas y periódicos en redes sociales y sobre todo en servicios como WhatsApp, Telegram y similares. El sector necesita de apoyo político para poder dar el salto que vemos pendiente, porque tanto los libros como periódicos y revistas han flexibilizado el acceso a contenidos por una suscripción. Lo que necesitamos es el apoyo político que lidere las buenas prácticas con los contenidos editoriales, que no se ha hecho con la misma profundidad que con otros contenidos.

-¿Qué explica las diferencias entre el sector audiovisual y el editorial?

-Los usuarios de contenidos audiovisuales son un poco distintos de los de contenidos editoriales y esto es lo que requiere una actuación contundente por parte de los poderes públicos. El sector lleva ya tiempo hablando de un pacto de estado por el libro y la lectura. Esto es vital. Las recetas que se han aplicado en otros sectores han de verse complementadas en el editorial.

-Las plataformas audiovisuales han hecho calar la percepción de que es más rentable pagar que piratear. ¿Qué debería hacer el sector editorial al respecto?

-También hay plataformas de suscripción en las que pagas una cuota mensual y tienes acceso a un catálogo inmenso de libros. Pero se mezclan más factores que en el audiovisual. Está claro que ha habido un avance en la percepción de la piratería por los riesgos que genera y en el entendimiento de su uso como algo inseguro y fuera de la ley. Eso y una oferta en contenidos más sencilla y más ajustada en precio ha generado un incremento del consumo legal en sectores como la música o el audiovisual. El sector editorial va a requerir del apoyo comentado anteriormente. Dentro del libro las obras de ficción o novelas constituyen el 30 o el 40 %, pero hay otra parte que no corresponde a ese perfil del ocio. El sector editorial ha hecho los deberes. Durante el confinamiento se facilitaron contenidos de forma gratuita para que se pudiera seguir con un ritmo de enseñanza porque esos recursos estaban elaborados, pero antes de la pandemia no había mercado para ellos. Desde el sector se entiende que la gratuidad de los libros de texto para los estudiantes y las familias es bueno, pero eso no significa que alguien no tenga que pagar por esa generación de contenidos. Tenemos particularidades que hacen que no funcionen las mismas soluciones.

-¿Qué contenidos son los más pirateados en el sector editorial?

-Según nuestro sistema de rastreo, lo más pirateado en servicios web son los best-sellers. En redes sociales y en servicios de mensajería es prensa. Hay una particularidad del sector editorial y es que el consumo de los contenidos, tanto legal como ilegal, no es tan inmediato como en el audiovisual. Una editorial saca un libro y ese libro requiere de un boca a boca, de un período de tiempo hasta el cual se empieza a consumir, por eso son tan importantes los fondos de libros. El consumo se realiza de contenidos que ya han sido puestos en el canal de venta con anterioridad, hace dos, tres o cuatro años.

-¿Qué valoración hace de las medidas aplicadas para combatir el consumo ilegal en este ámbito?

-Hay medidas efectivas, pero necesitamos más dinamismo. Ahora mismo tenemos un equipo que persigue internamente estas actividades ilegales, pero nos cuesta mucho trabajar con redes sociales y con servicios de mensajería, principalmente con WhatsApp. Durante el confinamiento trabajando con Telegram fuimos capaces de bloquear canales con miles de usuarios. Con ellos tenemos una comunicación fluida y somos capaces de monitorizar, denunciar y retirar contenido ilegal. Pero con WhatsApp es una tarea muy difícil. Ya que las redes sociales y de mensajería suponen un importante perjuicio para el sector editorial en su conjunto, tanto libros, como periódicos, revistas y partituras, sí necesitamos medios para atajar esta vía de fuga de forma más rápida y eficaz. Estamos avanzando, pero necesitamos más recursos y más soporte legislativo para que el ministerio de Cultura pueda desarrollar esta actividad de forma sostenida. Necesitamos apoyo del poder político para que lidere las buenas prácticas del sector editorial.

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