Los bares claman al cielo: «Se nos ha demonizado y el sector se destruye»

Insisten en que no son un foco de contagio: «La gente tiene miedo, pero pelearemos»

«É un pau enorme ás expectativas de reconstrucción da nosa economía e ao sector hoteleiro». Palabras del presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijoo, respecto a la decisión del gobierno central de establecer un estado de alarma con toque de queda para los próximos meses. Las suscribe el sector horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías), y recoge el guante. Si es que queda algo por recoger. Las sensaciones transmitidas con los representantes de la hostelería en Galicia no son buenas.

«La situación es límite, por reiteración, pero concedernos una hora más de actividad es vital, porque evita que el cliente tenga que apurar su cena como nunca antes lo había hecho. Cada minuto es importantísimo. No podemos perder ni la mínima oportunidad de intentar recuperarnos», argumenta Héctor Cañete, presidente de los empresarios de hostelería de A Coruña y vicepresidente del Clúster Turismo de Galicia. «La gente tiene muchísimo miedo, pero eso no significa que no tengamos que seguir peleando por nuestros negocios», concluye. «Con el presidente del Gobierno pidiendo a la gente que se quede en casa, nosotros tenemos que abrir la persiana y funcionar igual... ¿pero funcionar con qué?», se pregunta.

«El sector se está destruyendo. Habrá muchos cierres inmediatos. Estamos pagando ya los seguros sociales de los ertes. No se trata ya de comer bien, sino de comer. Y de pagar el colegio de los niños. Será una crisis como jamás se imaginó», lamenta. Destaca que «solo el 3,4 % de los contagios registrados desde la desescalada se produjeron en bares. El ocio nocturno lleva meses cerrado, pero el virus se expande. Podría ser parte del problema, pero no el problema. Cerrar la hostelería no soluciona nada. Al contrario. Hay personas que si no están en un ambiente controlado optan por el botellón o las fiestas en casa», concluye.

Alternativas peligrosas

En la misma línea se pronuncia César Sánchez Ballesteros, presidente de Hostelería de Pontevedra y de la Asociación de Empresarios de Hospedaje de la provincia: «Somos un sector demonizado, el demonio personificado. Nos han atacado rectores universitarios, se nos acusó de crear empleo de mala calidad y cada vez que se publica una normativa para concienciar a la gente, se nos señala». «Con los bares cerrados, se buscan alternativas que acaban yendo contra la norma, sin tener en cuenta que la hostelería puede minimizar esas necesidad con un mayor control sanitario, a pesar de que nos cueste fricciones con la clientela. Es un ejercicio de responsabilidad», argumenta. «Un estado de alarma con un toque de queda así genera inseguridad», concluye.

«Adelanta tu cena a las ocho»

La patronal a nivel nacional ha iniciado una campaña bajo el lema «Salvemos la hostelería» en la que pide a los clientes que adelanten el horario de sus cenas para que la cadena de servicio y generación de recursos se complete no solo con los turnos de comidas sino con la posibilidad de acudir a otro bar a consumir algo antes del toque de queda. Muchos negocios han adelantado sus horas de servicio.

«Abro la cafetería por no quedarme en casa y enfermar»

Hace casi un mes que la ciudad de Ourense, sobre todo la hostelería, sufrió el duro golpe de las restricciones de convivientes en terrazas y la prohibición de consumir en barra. «¿Toque de queda? Si hoy ya no hay nadie por la calle», afirma Álex Castro de la cafetería La Perla. «El estado de alarma sí preocupa, porque supone que no vamos a recuperar en Navidad», añade. Este hostelero ourensano califica la situación de ruinosa: «No gano más de 100 euros al día con las cuatro mesas que tengo en la terraza. Ahora llega el invierno, llueve y hace frío. ¿Qué voy a hacer? Abro la cafetería por no quedarme en casa y enfermar. Por salud mental», dice. Para Alex Castro el estado de alarma es otro palo más. «Intentas dar un servicio mínimo pero solo abrir la puerta me cuesta al mes 5.000 euros, porque el resto lo tenemos que seguir pagando».

José Romay, en Lugo: «Todo va a peor y nos vamos a ir a pique»

José Romay, del Bar Tosar, desde el corazón de los vinos de Lugo, lamenta «tantos meses de quejas sin soluciones». «No hubo remonte en julio y agosto, en contra de lo esperado, y ya no podemos más», añade.

El pesimismo se ha adueñado de la hostelería en Lugo y Romay transmite este sentimiento: «Lo vemos muy negro porque no tenemos clientela. Todo va a peor mes tras mes y nos vamos a ir a pique».

«Por la semana, no nos influye el cambio de horario por el toque de queda porque no hay nadie por la calle a las once de la noche, pero los fines de semana sí, porque esa era la única hora a la que podíamos ganar algo de dinero y recuperarnos mínimamente de los días de semana», analiza el responsable de uno de los bares tradicionales lucenses. 

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