Recuerdo y nostalgia de el sereno


El adjetivo sereno viene del latín serenus, significando claro, despejado de nieblas o lluvias. Pero el sustantivo el sereno parece invención carpetovetónica. Un personaje encargado de rondar las calles por las noches para velar por la seguridad del vecindario y de la propiedad. En los viejos tiempos cantaba las horas y el tiempo que hacía. ¡Las cuatro y lloviendo! ¡Las siete y sereno! Eran tiempos en los que cuando la lluvia producía inundaciones la Iglesia promovía rogativas “ad petendam serenitatem”. Y cuando la sequía agostaba los campos lo hacía “ad petendam pluviam”. La meteorología era un oficio propio de adivinos o de viejos reumáticos que anunciaban las tormentas cuando empezaban a notar el dolor en sus huesos o articulaciones. Ahora es una ciencia casi exacta y el reloj de pulsera es una costumbre. No hace falta que nadie nos cante la hora ni nos anuncie el tiempo que hace. Pero el sereno no dejó de ser útil. Todavía recuerdo agradecido al sereno que, allá por los años cincuenta, vigilaba la calle del doctor Teijeiro en Santiago de Compostela. Bien entrada la noche llegabas a casa y te dabas cuenta de que habías olvidado la llave del portal. Batías con fuerza las palmas y a los pocos minutos aparecía el sereno, golpeando con fuerza el chuzo contra el suelo y tintineando el manojo de las llaves. Y recuerdo también la ingeniosa greguería de Ramón Gómez de la Serna: el sereno es el único artista al que aplaudimos antes de que actúe y a quien ya no sepa lo que era un chuzo le ilustraré diciendo que era un gran palo rematado con un pincho de hierro.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Recuerdo y nostalgia de el sereno