Rosa Cobo: «El porno no puede estar en abierto y que un niño de 10 años acceda a él con un solo clic»

En su libro «Pornografía, el placer del poder», aboga por prohibir vídeos que exalten la violencia: «Dentro de algunos años veremos los efectos que tiene todo esto»

ROSA COBO, 
Profesora Titular de Sociología
ROSA COBO, Profesora Titular de Sociología

redacción / la voz

En el 2017 Rosa Cobo (Cantabria, 1956) editó La prostitución en el corazón del capitalismo. «Para estudiar ese mundo tuve necesariamente que entrar en la pornografía, porque es una parte indispensable del negocio de la explotación sexual», señala la profesora de Sociología de Género en la UDC. «Dando charlas me di cuenta que la pornografía era una fuente inagotable de preocupación para muchísimas familias y la convertí en un objeto de estudio», añade. De ahí salió Pornografía, el placer del poder (B).

-¿Pornografía y prostitución están íntimamente ligadas?

-Desde el punto de vista del negocio, están juntas y forman parte del mismo universo económico. La prostitución se canaliza a través de las páginas web de pornografía. El porno, en gran medida, vive de los anuncios pagados. Pero hay más. En los burdeles hay permanentemente pantallas de televisión que están pasando vídeos pornográficos. Cumplen la función pedagógica: les explica a ellos hasta dónde pueden llegar y a ellas cuánto deben soportar. Además, la mayor parte de las mujeres que participan en vídeos porno están en la prostitución. Son las dos caras de la misma moneda.

-Afirma que el porno nace en la intersección del sistema patriarcal y el neoliberalismo.

-La pornografía se asienta sobre una filosofía que ha puesto en el centro del escenario histórico el capitalismo neoliberal, que es la idea de la exaltación de los deseos. Los individuos tenemos el derecho de satisfacer aquellos deseos que tengamos. La pornografía encuentra un ámbito de legitimación muy fuerte ahí. Y, claro, hay que tener en cuenta que la satisfacción de los deseos solo pueden cumplirla quienes tienen recursos para ello.

-¿Es posible un porno feminista?

-Hay algunas directoras de cine que piensan que puede haber un tipo de pornografía que sea alternativa a la pornografía mainstream, que es el objeto de estudio de mi libro. En mi última etapa estuve viendo ese porno para mujeres, feminista o ético. He sacado algunas conclusiones, que son provisionales. Una, no tiene las aristas de violencia tan fuertes. Dos, se rueda en lugares mucho menos sórdidos. Pero creo que hay algo importante: más de las dos terceras partes de las personas que consumen pornografía son varones. Apenas una tercera parte, mujeres. Yo creo que ese porno que se dice «para mujeres» está buscando ensanchar aún más el mercado.

-En su libro sostiene que hay que establecer «categorías jurídicas para prohibir vídeos que exalten la violencia». ¿Plantea la prohibición de un tipo de porno?

-Sí, sin ninguna duda. La pornografía se está convirtiendo en un problema muy fuerte para nuestros chicos y chicas. Lo primero que me parece fundamental, y creo que el gobierno tiene que ponerse a ello muy pronto, es que el porno no puede estar en abierto y que niño de diez años pueda acceder a él con un simple clic, encontrando un relato sobre incesto o una violación múltiple. Ya se están haciendo investigaciones que manifiestan que la experiencia sexual más gratificante que tienen los adolescentes es cuando ven en un relato pornográfico y se excitan. El asunto es que eso quieren reproducirlo una y otra vez. Eso genera una adición muy fuerte. Y esa adicción requiere endurecer los contenidos. Esa forma de gratificación se queda como la estándar. Eso lo trasladan a las relaciones con las chicas con las que van a salir. Esto está configurando un tipo de sexualidad en el que se afirma la soberanía del deseo masculino y se invisibiliza el femenino. Dentro de algunos años veremos los efectos que tiene todo esto.

«Hay una "pornificación" impensable hace apenas 25 años»

  

Cobo sostiene que se ha instaurado a nivel social la idea de que la pornografía es algo inevitable y con lo que hay que convivir. «No hay cosa que genera más resistencia que la idea de prohibir -explica-. Parece que es un golpe irreparable a la libertad de expresión. Y el golpe irreparable a la libertad de nuestras chicas y chicos es precisamente la existencia de la pornografía. Mucha de la gente que defiende la pornografía como una forma de expresión es que no ha visto pornografía. Si la viese, muy probablemente cambiaría de opinión».

-¿No se puede ver como ficción?

-No, para nada. Si fuese ficción no sería problemático ni objeto de estudio, como es ahora. No es ficción porque todo lo que ocurre es verdad, no está simulado. Los daños de las mujeres que participan en esos vídeos son de verdad. Están permanentemente con fármacos, cremas y anestesiantes para poder soportar el dolor de penetraciones múltiples. Tampoco es ficción cuando la pornografía utiliza los mismos códigos narrativos que produce la publicidad. Esta está para vender cosas y, por parte de quien la está viendo, genera prácticas y deseos. En esa medida la pornografía contribuye a crear un tipo de realidad y moldear un tipo de deseos.

-En el relato pornográfico se erotizan aspectos como las desigualdades sociales o la discriminación por raza. ¿Por qué?

-Cuando me puse a ver pornografía no sabía eso. Sí sabía que los negros tienen un papel fundamental por el estereotipo que hay de que tienen una sexualidad desbordante. Pero no podía imaginar lo que vi. En la pornografía se erotiza la violencia. Pero lo que se erotiza, sobre todas las cosas, es la vulnerabilidad. De ahí que aparecen hijas, empleadas de la limpieza, mujeres latinas abusadas por el jefe... Eso forma parte de una buena parte de las narraciones.

-¿Ha pasado quizá la pornografía de ser algo de consumo secreto a algo que se puede reconocer en público?

-Yo creo que hay un sector masculino de la sociedad que quiere ampliar los márgenes de libertad que tiene, fundamentalmente con las mujeres. Hay un intento de conseguir legitimidad con aquello que antes se hacía en privado y ahora se hace en público. Se trata de que aquellas cosas que tú has hecho y que estaban penalizadas socialmente, las hagas ahora y que no se penalicen. Eso está pasando con la pornografía y también con la prostitución. Y con más cosas.

-¿Esa aceptación social ha calado en muchos ámbitos?

-Ha invadido totalmente la publicidad, la televisión, el cine, las series,... todo. Hay una pornificación que era completamente impensable hace apenas 25 años.

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