Illas Sisargas, las islas de la luz en el Atlántico

La gran ballena pétrea duerme frente al cabo de Santo Hadrián. Son tres en una. Es el archipiélago de la luz. Durante semanas son testigos de como el Sol y la Luna nacen y se ponen en el mar

Las Sisargas, que inspiran múltiples leyendas, son el paraíso de aves y percebes
Las Sisargas, que inspiran múltiples leyendas, son el paraíso de aves y percebes

El Sol y la Luna agasajaron a las Sisargas con el privilegio de ver como salen y se ponen en el mar durante un período cada año. Los geógrafos romanos Plinio y Ptolomeo escribieron que el cónsul Sextio levantó en algún lugar de Galicia un templo con las Aras Sextinas en honor a César. Muchos lo sitúan en este lugar y creen que incluso el nombre viene de ahí: Cesáricas. Puede ser tan cierto como que el Santo Hadrián liberó el archipiélago de serpientes pisando una de ellas sobre una roca.

Cuenta otra leyenda que un pirata que se veía perseguido dejó enterrado un tesoro. Nunca pudo recuperarlo. Hubo quien cavó en las islas por codicia, pero nunca fue encontrado.

Son tres las Sisargas: la Grande, Malante y la Chica. En otros tiempos estaban unidas, pero al elevarse el nivel del mar se ven separadas por los canales del Esteirón, entre la mediana y la pequeña, y el Carreiro de Estádiga, entre las dos mayores. Hasta el siglo XII fueron del Arzobispado de Santiago. En la centuria siguiente pasaron al conde de Altamira, y ahí siguen, pues las conservó hasta la actualidad: son de los Osorio de Moscoso.

Entre las tres apenas suman un kilómetro cuadrado, que parece un mundo. Conservan una gran riqueza avícola. Por eso fueron declaradas Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) y Zona de Especial Protección de los Valores Naturales (ZEPVN). Pudieron ser parte del Parque das Illas Atlánticas, pero los declarantes no viajaron tan al norte. Es el gran paraíso de las gaviotas. Su presencia se pone de manifiesto en el color blanquecino de piedras y construcciones impregnadas con sus excrementos.

Las Sisargas fascinan en varios aspectos. Sus acantilados cortan la respiración. Algunos de sus balcones sobre el Atlántico alcanzan los cien metros en algún punto. Abajo está el reino de los percebeiros. Adrián Abella logró recuperar 50 topónimos, los 50 nombres atesorados por la tradición marinera de Malpica. Medio centenar de rincones cargados de historias de pescadores. En O Talieiro, en Malante, se situaba el vigía encargado de observar el paso de las ballenas y de dar el aviso para su caza.

El entorno de estas rocas también fue escenario de múltiples naufragios. A finales del siglo XVIII se hundió el Malante, que dio nombre a la isla mediana. Otros navíos, como el Magnánimo, el Román de Madriens (francés), el Siddon o el Priam (ingleses) o el gallego Jesusa, entre otros, tuvieron su fin en estos lugares.

De ahí que el 29 de junio de 1853 se pusiera en funcionamiento el tercer faro gallego en la Sisarga Grande. Lo diseñó Celedonio de Uribe. Luego sufrió modificaciones. Cerca de la vieja señal marítima se pudre inmisericordemente una inmensa sirena, la vieja vaca de mar. La silenció el abandono.

Los fareros vivían aquí en soledad. Se cuenta que muchos de ellos acababan sin juicio de tanto aislamiento. Xelucho Abella constató que la esposa de un torrero dio a luz en 1856 a un niño llamado Gabriel Benito. Cerca de la playa de As Cunchas se conservan unas pocas piedras de la ermita de Santa Mariña, sobre la que un visitador pastoral explica que fue destruida por los piratas «herejes» ingleses antes de 1617.

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