Javier Aranceta: «Quitar la freidora de la cocina podría ser una buena medida para el corazón»

El presidente del Comité Científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria aboga por introducir en todos los colegios asignaturas de nutrición


redacción / la voz

Presidente del Comité Científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) y miembro del Comité de Nutrición de la FEC (Fundación Española del Corazón), el doctor en Medicina y Nutrición Javier Aranceta tiene claro que el lugar en el que se compran los alimentos y cómo se adquieren tiene una relación directa con la salud cardiovascular. «Hay que ir con una lista y no comprar de manera impulsiva. Donde uno generalmente no se equivoca es en productos frescos. Es más fácil comprar saludable en un mercado que en un hipermercado».

-¿Por qué?

-Porque lo que se vende es producto fresco, de temporada y del territorio. Todo eso nos empuja a una alimentación más saludable. Luego, hay que saber cocinar. Uno puede tener un producto estupendo y luego estropearlo en una fritura. Por eso nosotros proponemos la cocina al vapor, a la plancha o al horno

-¿Renunciar a la freidora?

-Quitar la freidora de la cocina podría ser una buena medida para el corazón. Aunque, bueno, si se hacen fritos en alguna ocasión, hay que hacerlos siempre con aceite de oliva, que es el sufre menor distorsión con el calor. Al ir empapado el alimento en él, luego hay que dejarlo descansar en un papel absorbente.

-¿Qué aberración alimenticia ve normalmente?

-Consumir todos los días embutidos y que la alimentación sea pan con embutidos, vaso de vino y todo eso. Un desastre.

-¿Es malo para un niño tomar un bocadillo con embutido para merendar a diario?

-No, eso no. Yo me refiero a personas que su patrón alimentario sea desayunar con embutidos. Luego tomar un bocadillo a media mañana. Más tarde un poco de queso en lochas y después un vaso de vino con más embutido.

-¿La famosa copa de vino a la comida es o no es buena para el corazón?

-Hay multitud de estudios, como por ejemplo el Predimed de la dieta mediterránea, que dice claramente que el consumo de una copa de vino o dos como máximo en un hombre tiene un efecto favorable en la salud cardiovascular. Pero, ojo, ese efecto favorable solo se da en el contexto de la dieta mediterránea. Es decir, que el señor que toma los embutidos y las lonchas de queso con la copa de vino, que seguramente no sea una si no bastantes, pues eso no está teniendo una alimentación saludable

-A veces se dice, respecto al consumo de bollería industrial, en niños que «no pasa nada, que lo queman». ¿Es cierto?

-Eso no es así. El consumo de esa bollería y chuches no aporta nada. Tienen componentes que no se queman y quedan por ahí, en las arterias, de manera prematura. Aquí necesitamos trabajo en familias para sustituir la bollería industrial con la hecha en casa. También hay que negociar las chucherías. Yo estoy en contra de prohibirlas, porque cuando el niño pueda ser autónomo se comerá todas la que no ha podido antes. Hay que verlas como elementos muy ocasionales y saber que no todas son iguales.

-¿Cuál es esa diferencia?

-Pues, por ejemplo, un caramelo duro, como un chupachups, es más interesante que uno blando. Este suele llevar más azúcar y grasa para darle untuosidad.

-¿Todo esto no habría que enseñarlo en el colegio?

-Es una asignatura pendiente. Algunos ya lo hacen. Son los colegios elitistas, que suelen tener asignaturas de nutrición e incluso de cocina. Se debería generalizar y que en el pueblo más pequeño de Galicia o cualquier punto de la geografía española se diera esa formación por igual.

-La Fundación Española del Corazón (FEC) dice que se salvarían 44.000 vidas al año cambiando la alimentación.

-Eso por lo menos, está clarísimo. Y luego, mucha gente que estaría mejor de salud, que no solo se trata de morirse sino de vivir bien. El secreto es hacer una alimentación basada en la cocina tradicional y moverse. Hay que dar 10.000 pasos al día, que es algo que no tiene mucha complicación. Solo con ir a comprar el pan a esa panadería en el que lo venden con mejor calidad ya se hace. Y cocinar sin incorporar grasas extrañas, sal y azúcar. Eso se puede hacer mirando las etiquetas, pero también cocinando más en casa.

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