El cambio climático amenaza la cascada más bonita del planeta

El calentamiento global pone en riesgo la recarga de agua en la Cola de Caballo, icono del Parque Nacional de Ordesa, en los Pirineos

Imagen tomada de la Cola de Caballo la semana pasada
Imagen tomada de la Cola de Caballo la semana pasada

Al ritmo actual de calentamiento, muchas de las maravillas naturales dejarán de existir tal y como las conocemos en la actualidad. Especialmente vulnerables son aquellos lugares donde uno puede contemplar un paisaje helado. La nieve es sin duda uno de los hidrometeoros más amenazados en un mundo que se calienta. El blanco tiene un albedo muy alto, refleja la inmensa mayoría de la radiación solar que le llega. Si desaparece, en lugar de devolverla al espacio la absorbe. Se produce un efecto de retroalimentación. Este fenómeno explica por qué las regiones más sensibles al cambio climático son el Ártico y la Antártida, pero también aquellas zonas donde hay glaciares. La mitad de los glaciares de los Pirineos han desaparecido en los últimos 35 años. 

Los modelos elaborados por Observatorio Pirenaico del Cambio climático predicen que la temperatura media en el Pirineo podría ascender entre 2 y 7,1 grados a lo largo de este siglo. El notable incremento provocará que paulatinamente haya menos precipitaciones en forma de nieve y que dure menos la cobertura nival que llegue a formarse. Este retroceso progresivo provocará una disminución de la recarga difusa que garantiza los caudales de descarga y la supervivencia de la cola de Caballo, la hermosa cascada que corona el Parque Nacional de Ordesa y Monte a Perdido, reconocida por el diario inglés The Guardian como la más bonita del planeta. 

El agua que cae a raudales en el icono pirenaico debe su existencia en buena parte a la descarga de agua subterránea proveniente del manantial de Garcés. Este manantial es el aliviadero  alimentado por la infiltración de las precipitaciones en la ladera sur del cordón montañoso que, pasando por los picos de Marboré, culmina en el Monte Perdido. Según un estudio realizado por investigadores del Instituto Geológico y Minero de España, el agua que descarga el manantial procede fundamentalmente de la infiltración del agua producida por la fusión nival. Una cuarta parte de esta agua se infiltra de manera concentrada a través de profundas simas que conectan la superficie del terreno con esta red de galerías, descargando a través del manantial apenas diez días.

Sin embargo, las tres cuartas partes restantes del agua de fusión nival se infiltran, de manera difusa, a través de la extensa red de fracturas que presentan las calizas del Paleoceno-Eoceno que afloran en la superficie del terreno. Esta agua va desplazándose lentamente a lo largo de las fracturas hasta llegar al nivel freático del acuífero. Una vez aquí, el agua subterránea comienza a fluir, alcanzando el punto de descarga en el manantial tras un viaje subterráneo de algo más de un año de duración.

La nieve acumulada en otoño, invierno y primavera garantiza una generosa recarga del acuífero vía la eficiente infiltración de la fusión nival. Esto se traduce en una descarga del acuífero continua y estable, que es responsable de generar el caudal de base que mantiene. Si se cumplen los peores pronósticos, las precipitaciones en forma de nieve se reducirían, lo que provocaría que la cobertura nival que llegue a formarse dure menos tiempo. Esto haría disminuir la recarga difusa que garantiza los caudales de descarga y la supervivencia de la Cola de caballo.

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