Los científicos urgen a una evaluación independiente de la gestión de la crisis

Aseguran que no hay que buscar culpables, pero sí proponer soluciones ante una pandemia que ha convertido a España en el país con mayor incidencia del virus en Europa

Los test PCR son fundamentales para controlar la evolución de la epidemia
Los test PCR son fundamentales para controlar la evolución de la epidemia

redacción / la voz

No hay que perder ni un solo minuto. España debe constituir de forma urgente e inmediata un comité científico totalmente ajeno a la Administración que evalúe de forma independiente la respuesta del Gobierno y comunidades a la pandemia de coronavirus para identificar las áreas en las que la salud pública y el sistema de asistencia sanitario necesitan ser mejorados. Es el SOS que acaba de lanzar un grupo de veinte científicos españoles de primer nivel en una carta que se ha publicado en la revista médica Lancet Public Health. Insisten en su petición, porque la primera vez lo hicieron a principios de agosto en una publicación que pronto logró el respaldo de más de 50 sociedades científicas y médicas y de la sociedad en general y en la que el Gobierno también se mostró favorable a la propuesta, aunque sin concretar una respuesta. Casi mes y medio después, España es, con diferencia, el país de Europa con mayor incidencia de covid. De ahí la premura.

«No cabe duda de que estamos ya ante una segunda ola y tenemos que actuar cuanto antes, porque el virus corre más deprisa que las medidas adoptadas», subraya el catedrático emérito de Salud Pública de la USC Juan José Gestal, uno de los firmantes de una misiva que tiene como cara visible y primer firmante al epidemiólogo gallego Alberto G. Basteiro, de ISGlobal y el Hospital Clínic de Barcelona. Pese a la urgencia, y a que el Gobierno reconoció la necesidad de un examen independiente, la reunión con el ministro de Sanidad, Salvador Illa, aún será el 1 de octubre. «La situación es preocupante y es importante que esta evaluación no se dilate más, porque solo si conocemos nuestras fragilidades podremos poner soluciones y prepararnos mejor para las nuevas olas de la epidemia u otras que vengan por otros virus», dice Basteiro. Y lamenta que el Gobierno no haya reaccionado con mayor celeridad a su petición. Aun sí, insisten en «sugerir ideas que puedan ser válidas para la toma de decisiones».

Los científicos plantean tres requisitos y cuatro principios a cumplir. El primer requerimiento es la urgencia. «La evaluación -recoge el texto- debe comenzar de inmediato e informar periódicamente hasta el final de la pandemia». El segundo: el apoyo a gran escala al comité independiente de partidos políticos, asociaciones científicas, profesionales de la salud, pacientes y de la sociedad en general. Por último reclaman un «compromiso firme del Gobierno central y de los autonómicos para escuchar las recomendaciones propuestas en la evaluación y actuar en consecuencia».

En cuanto a la guía de principios para asegurar el éxito del proceso, el primero y más importante es la independencia de los miembros del comité. Ninguno debe trabajar en el Gobierno ni haberlo hecho con anterioridad, por lo que proponen que los candidatos sean seleccionados por académicos de España y el extranjero.

La segunda petición en este ámbito no es menos importante: no hay que buscar culpables de la gestión. El trabajo debe centrarse en proporcionar recomendaciones que puedan mejorar la situación «sin repartir culpas».

En tercer lugar, el equipo de evaluación debe tener un equilibrio de género y ser multidisciplinar para «promover una evaluación crítica más amplia». Finalmente, los firmantes de la carta coinciden en que el análisis de la situación debe tener un amplio alcance y no centrarse solo en los efectos del virus en la salud, sino también en sus efectos económicos y sociales.

«Seguimos animando al Gobierno central y a los autonómicos para que pongan en marcha esta evaluación, que podrían convertirse en un ejemplo para otros países», insisten en la carta.

El diagnóstico inicial: faltan rastreadores y reforzar los centros de salud

España es el país europeo que peor ha gestionado los rebrotes. ¿Qué ha fallado? Aunque no se trata de buscar culpables, el catedrático de Salud Pública Juan José Gestal cree que sí es necesaria la autocrítica para mejorar. «Que se ha gestionado tarde y mal por parte de las autoridades es obvio. Los gobiernos no han hecho los deberes y han ido por detrás del problema, pero esta segunda ola también se debe, sin duda, a nuestros comportamientos incívicos. Hay muchos ciudadanos que todavía no creen que estamos en pandemia», dice.

Gestal sí tiene claro lo que se debería hacer. Y apunta a dos claves prioritarias: fortalecer los servicios de atención primaria e incrementar de forma sustancial los equipos de rastreadores. «Todo lo que invirtamos en rastreadores va a ser un ahorro», asegura, además de subrayar la perenne necesidad de reforzar el personal de los centros de salud, «que ya hacía falta antes de la pandemia».

Alberto G. Basteiro prefiere ser más cauto y advierte que habrá que esperar la evaluación independiente «que nos diga cuáles son los puntos calientes que hacen que España no esté respondiendo tan bien como otros países», pero cree que el país arrastra debilidades similares a las de la primera ola. «Hay falta de coordinación entre administraciones y de recursos humanos y materiales, especialmente en atención primaria». Al igual que Gestal coincide en la necesidad de reforzar los centros de salud y el número de rastreadores. «No hay suficientes rastreadores de contactos», advierte.

«Un enfermero que viva en un piso de 30 metros cuadrados contagiará a sus familiares»

En la primera ola de la epidemia el Gobierno pidió a las comunidades que habilitaran espacios en los que los ciudadanos pudieran pasar la cuarentena de forma segura. Pero nunca se han llegado a utilizar, o de forma excepcional, y la propuesta ha quedado en el olvido. Todo lo contrario que China, que dispuso de hoteles para este tipo de situaciones. El catedrático de Salud Pública Juan Gestal cree que habría que seguir el modelo chino, porque en muchas ocasiones las condiciones de las viviendas no ayudan a frenar los contagios. «En domicilios de 30, 50 o 60 metros cuadrados una persona contagiado acabará contagiando también a sus familiares», dice.

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