Investigadores descubren una nueva amenaza en el Atlántico

El flujo de agua entre el Mediterráneo y el Atlántico se está reduciendo debido al cambio global. Estas son las consecuencias

Marcos Fontela durante una campaña de investigación océanica
Marcos Fontela durante una campaña de investigación océanica

El aumento del dióxido de carbono en la atmósfera no solo genera un incremento en la temperatura media global. También altera las características químicas del océano, generando una mayor acidificación, que afecta a la vida marina, sobre todo aquella que no puede emigrar. «Los corales formadores de arrecifes, ya sean de aguas frías o cálidas, presentan estructuras calcáreas, es decir, su cuerpo está formado de un material similar al de las conchas de las playas: carbonato de calcio», explica el oceanógrafo Marcos Fontela.

Fontela acaba de publicar en la prestigiosa revista Scientific Reports, del grupo Nature, un artículo sobre los efectos de los cambios de la química oceánica en los corales. «Los grandes arrecifes de coral profundos se encuentran en zonas en las que las características del agua favorecen el crecimiento de sus estructuras calcáreas. Hay una especialmente necesaria: la cantidad disponible de iones carbonato. Para que los corales puedan hacerse un esqueleto de carbonato necesitan que haya iones carbonato en el medio en el que viven», apunta.

Las características químicas del Atlántico son óptimas para el crecimiento y desarrollo de arrecifes de corales profundos. El 80 % de todos los arrecifes de coral situados a más de 1.500 metros de profundidad a nivel mundial se encuentran en el Atlántico norte. Hasta ahora las aguas profundas eran químicamente adecuadas para los corales de aguas frías, pero ese exceso de carbonato va a desaparecer debido a la acidificación oceánica.

«Las aguas de profundidades intermedias del Atlántico Nordeste (1000-2000 metros) tienen una componente muy particular, y es que debido a su cercanía al Golfo de Cádiz tienen agua de origen mediterráneo que ha cruzado el Estrecho de Gibraltar. El agua mediterránea baña las comunidades de corales profundos como el Banco de Galicia enfrente de Finisterre. Si el cambio global redujera la cantidad de agua mediterránea que llega a estas latitudes, se aceleraría la pérdida de carbonato», sostiene el investigador. 

El estudio es una colaboración internacional entre el Centro de Ciencias del Mar del Algarve, el Instituto de Investigaciones Mariñas de Vigo y el Ifremer de Brest de Francia. «Las comunidades de corales se encuentran en torno a los 1.000 metros y están influenciadas por el agua mediterránea que circula hacia el norte en esas profundidades. La acidificación en el Atlántico es visible desde superficie hasta 2.500 metros de profundidad. Nuestros corales también se sitúan en aguas que están perdiendo carbonato a una tasa elevada».

Si las emisiones continúan al ritmo actual, en 50 años los arrecifes de coral profundo de nuestra zona estarán en aguas que son químicamente desfavorables. «Su supervivencia a corto plazo va a estar más condicionada por la disponibilidad de alimento que por la corrosión de sus estructuras calcáreas, pero la disolución de los cuerpos podría llegar a ocasionar colapsos», reconoce Fontela. 

Si la concentración atmosférica de dióxido de carbono llegase a 700 partes por millón (ppm), 410 actualmente, las comunidades de corales del Atlántico norte estarían expuestas a aguas que son químicamente hostiles. «El estudio concluye que, aunque los arrecifes de corales profundos son lugares importantes desde el punto de vista de la biodiversidad, su supervivencia a largo plazo se puede ver comprometida sin una reducción sustancial en las emisiones. La eficacia de las áreas marinas protegidas creadas para la conservación de los corales de aguas profundos como por ejemplo el Banco de Galicia, declarado zona Red Natura 2000 por su presencia está estrechamente asociada al cumplimiento de políticas climáticas transnacionales como el Acuerdo de París», concluye. 

Galicia, el futuro refugio del coral

xavier fonseca
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Nadie lo ha visto nunca pero los científicos tienen pruebas de que a 200 kilómetros de la costa de Fisterra, en una montaña submarina conocida como el Banco de Galicia, existe un arrecife de coral de gran tamaño y densamente poblado. «No es fácil conseguir una imagen porque se encuentra a unos 2.000 metros de profundidad y habría que bajar con vehículos autónomos», confiesa Marcos Fontela, investigador del CSIC en el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo. Ese coral gallego de aguas profundas del que apenas se tienen noticias está llamado a convertirse en uno de los últimos supervivientes de su especie en el Atlántico norte. Aunque nuestro vecino océano no es el más grande del mundo, representa el 26 % del océano global, almacena casi el 40 % por ciento de todo el dióxido de carbono que emiten los seres humanos con sus actividades y que se traduce en un descenso del ph. «El Atlántico norte tiene unas características físicas y químicas especiales asociadas a la circulación oceánica que provoca que la acidificación sea especialmente notable», reconoce Fontela.

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