Así era la Tierra con 6 grados menos

Investigadores descubren que la temperatura en la última glaciación era solo unos pocos grados menos respecto al valor actual. El estudio aporta información valiosa sobre el futuro del clima


Entender la amenaza del cambio climático no resulta sencillo para la mente humana. No solo por cómo evoluciona en la escala temporal y espacial, sino también por la propia naturaleza del problema. A una persona que está acostumbrada a que el termómetro pueda variar diez grados de un día para otro, le cuesta asimilar que desde la Revolución Industrial el hecho de que la temperatura haya subido un grado suponga un riesgo importante. El matiz reside en que aumenta el valor medio global.

Una investigación publicada recientemente en la revista Nature nos ofrece una idea del impacto que tiene cada grado que sube o baja la temperatura media global. La comunidad científica tiene un amplio conocimiento sobre el clima del pasado gracias a la información que aportan los anillos de los árboles y, sobre todo, los testigos de hielo de los polos. Saben, por ejemplo, que hace unos 20.000 años se produjo el Último Máximo Glaciar, el pico de la última glaciación, cuando grandes extensiones de hielo cubrían Europa y Norteamérica. Sin embargo, no se sabía muy bien cómo de fría había sido exactamente esa etapa. Ahora sí.

Los autores de este nuevo estudio encontraron gracias a los datos que recopilaron a partir del plancton fosilizado que durante el período comprendido entre hace 19.000 y 23.000 años la temperatura media del planeta era solo seis grados inferior a la cifra actual. Los responsables de la investigación señalan que el enfriamiento, como era de esperar, se produjo de forma más intensa en los extremos del mundo que en los trópicos. Lo mismo está ocurriendo hoy con el calentamiento global. El ascenso térmico se desarrolla con más intensidad en los polos que en las latitudes medias y las regiones tropicales. Precisamente, los investigadores reconocen que este nuevo trabajo resulta de lo más valioso para tratar de anticipar los efectos de las diferentes concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera, el principal gas de efecto invernadero. Los modelos científicos más conservadores sitúan el ascenso de la temperatura media en torno a los dos grados a finales de siglo. Sin embargo, otros muchos sostienen que el escenario actual conduce a la temperatura global a un incremento por encima de los tres grados. Si con seis grados menos el mundo experimenta una glaciación, no hace falta mucha imaginación para entender a que nos enfrentamos.

Amplificación ártica

Los polos de la Tierra son las zonas más vulnerables a los cambios climáticos, sean del signo que sean. En un mundo que se congela, el hielo se expandirá desde los extremos al resto del planeta. La Antártida y el Ártico son una prueba de esos etapas gélidas que hubo en el pasado. El hielo tiene un albedo muy alto, refleja casi toda la radiación solar que le llega. Por ello, no resulta nada fácil que una región helada desaparezca. Hace 600 millones de años la superficie helada llegó incluso hasta el ecuador durante el período conocido como «Bola de Nieve». Fueron necesarios millones de años para deshacer el hielo y retrocedió gracias al calor interno procedente de los volcanes.  

 

Los polos también son sensibles al calentamiento más que ninguna otra región del planeta por el mismo motivo. Año tras año, el retroceso del hielo se produce antes y con más intensidad. Las partes del océano que quedan libres de hielo absorben la radiación solar en lugar de reflejarla. A este proceso se le conoce como «retroalimentación positiva» y durante los últimos meses ha generado un aumento de la temperatura en el Ártico sin precedentes en los últimos 70 años. 

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