Aitor Sánchez (Mi dieta cojea): «Si quieres involucrar a tus niños en la cocina no te pongas a hacer un bizcocho»

El experto en nutrición estrena este lunes en Canal Cocina «Dime lo que comes»


redacción / la voz

Cuidar la alimentación es uno de los retos más difíciles de cada día y, en muchas ocasiones, al que menos tiempo se dedica. Algunas de las claves para comer bien, preparar recetas fáciles y sanas y aprender a olvidar falsos mitos se expondrán desde hoy en el programa Dime lo que comes, que desde este lunes conducen en Canal Cocina los nutricionistas Aitor Sánchez, autor del blog Mi dieta cojea, y Silvia Riolobos.

-«Dime lo que comes» ¿y te diré quién eres?

-Y te diré muchas cosas de quién eres. La alimentación y la gastronomía forman parte de nuestra identidad. Ahora nos damos cuenta también de que es uno de los hábitos más impactantes en la salud de las personas. Me da la sensación de que echándole un vistazo a la despensa o al frigorífico de una persona se puede tener una idea de muchas cosas, si se cuida o no, si se preocupa por el medio ambiente, si compra cosas locales, si sabe cocinar.

-¿De qué cojea nuestra dieta?

-Uno de los principales problemas que tiene la dieta de los españoles es que una gran parte está copada por alimentos que son superfluos. Tomamos demasiadas harinas refinadas, demasiados refrescos, mucho pan blanco, embutidos, bollería... Todo esto le quita espacio a alimentos que son más saludables o a más materias primas. Si tomas muchos alimentos malsanos no hay hueco para que lo sano tenga su protagonismo. Ese es el mayor error.

-¿Es un mito el creer que lo hacemos bien gracias a la dieta mediterránea?

-Tiene parte de mito y mucha parte de márketing. Ahora mismo en España no se sigue una dieta mediterránea, se sigue una dieta occidentalizada de libro, con muchos productos superfluos nada interesantes. Por el contrario, nuestra gastronomía nos los pondría muy fácil porque en casi todas las comunidades autónomas, especialmente en las costeras, lo tienen muy sencillo para hacer una dieta mediterránea o una dieta atlántica. El problema es que desgraciadamente, a pesar de tener todas esas materias primas, la gente no se acerca mucho a los mercados tradicionales y no dedica suficiente tiempo a cocinar. Es un hábito que hemos abandonado de manera progresiva.

-¿Es la falta de tiempo el principal obstáculo para comer bien?

-Sin duda es uno de los principales obstáculos, pero para corregirlo no creo que el mensaje que haya que dar a la población sea «dedícale más tiempo», porque todos vamos muy apurados. Además de tiempo nos faltan recursos, porque en el momento en que coges cuatro o cinco ideas de cocina sales adelante. A veces repetimos sota, caballo y rey con los mismos recursos porque no conocemos otros. Muchos estudiantes universitarios dicen «es que no tengo tiempo, por eso no cocino sano» y se hacen un plato de pasta, que tardan 25 minutos en prepararlo. Lo que les falta no es tiempo, son recursos, ideas. Eso es fundamental y programas como este van a capacitarnos y empoderarnos para ello.

-¿Qué alternativa sana propone para hacer en veinte minutos?

-En ocasiones nos complicamos demasiado cuando en realidad puedes abrir un bote de garbanzos, partir un tomate, echar unos canónigos y tienes una ensalada de garbanzos hecha en un minuto y medio. Hay que salir del paradigma de que para comer sano hay que hacer cocinas complejas o guisos muy tradicionales o un potaje de cuatro horas a fuego lento. Puedes abrir un bote de lentejas y hacerte una ensalada o pochar unas verduras en doce minutos. A la gente le falta cultura gastronómica y técnicas culinarias y, en ese sentido, creo que Canal Cocina ayuda mucho. Una reflexión interesante es que cuando nos hemos alejado de la cocina y nos volvemos a reconciliar con ella lo hacemos para hacer pasteles, galletas, bizcochos... Es ridículo porque además les enseñamos a los niños a cocinar un bizcocho, que es algo que nunca van a preparar, porque es complejo, mancha muchísimo, no la van a poder hacer ellos solos. No es nada práctico. Y, sin embargo, no les hemos enseñado a pelarse una naranja. A veces cuando nos acercamos a la cocina lo hacemos con temas que son poco prioritarios.

-El pan y el bizcocho del confinamiento...

-Si tu quieres involucrar a tus niños en la cocina no te pongas a hacer un bizcocho. Los puedes hacer partícipes desde lavar las cerezas hasta que elijan qué frutas meten en una macedonia y el día que te haces una pizza que elijan ingredientes diferentes. El contacto cocina-niños es importante para que cuando sean mayores y estén fuera de casa que sus recursos no sean únicamente hornear pizzas y hacer pasta con tomate frito.

-¿Quiénes son los que peor comen en España?

-Sobre todo los niños, porque, por un lado, tienen inherentes los malos hábitos de las comidas principales de las familias y, por otro, tienen mucha presión y muchos productos específicos de mala calidad. Los menús infantiles, los yogures infantiles, las papillas, los preparados de alimentación infantil... Por eso las cifras de sobrepeso y obesidad infantil están creciendo tanto en España hasta el punto de que hemos adelantado a Estados Unidos, lo cual parecía impensable hace unos años.

-¿Nos sirve de algo ser la generación más informada?

-Somos la generación que tiene más acceso a esa información, porque es relativamente fácil llegar a las fuentes. El problema es que esas mismas fuentes conviven con otras que generan mucho ruido y confusión, entre ellas la propia industria alimentaria, que está todo el rato mandando mensajes para que compren y maquillar sus productos y hacerlos pasar por lo que realmente no son. Eso genera mucha confusión. Entras a Internet y te encuentras un mensaje y el contrario conviviendo. Hace décadas, sin tener tanta información, al tener más capacidades culinarias la gente tenía más recursos de cocina. Para comer sano no necesitas tener grandes conocimientos de nutrición, necesitas alimentos sanos a tu alrededor, en tu entorno y saber unos mínimos de cocina.

-¿Qué nota le pone a la gastronomía gallega desde el punto de vista nutricional?

-La gastronomía costera de España lo tiene muy fácil para hacer una alimentación saludable. Hay buena huerta, el mar al lado, pescado de calidad, hay huevos y patatas... Y sigue habiendo más tradición de comprar de mercado y de producto de cercanía. Todas esas cuestiones lo ponen fácil. Podríamos decir que Galicia tiene un entorno idóneo o más propicio para mantener buenos hábitos que otras comunidades. Otra cosa es que una parte de la población se ha alejado de esta tradición gastronómica y ha adoptado hábitos más urbanos e industrializados, como en toda España.

-¿Aprueba el hábito del plato lleno y las raciones grandes?

-Todas las cocinas tradicionales tienen una parte positiva y es que utilizan materias primas. En este sentido, el abuso o las raciones grandes no son tan problemáticos como si fuesen otros productos. Todas las comunidades costeras tenéis unos perfiles de dieta que son más sencillos, lo que sería más complicado en Castilla, Aragón, Extremadura, que son más dependientes del cereal o del embutido. Vosotros tenéis mejores cuotas proteicas. Que te pongan una ración grande de raxo o de pulpo o de pimientos de padrón no es problemático. El problema del sobrepeso no son las raciones grandes o los platos de cuchara. Es una creencia falsa. El problema del sobrepeso está en las galletas, cereales de desayuno, el plan blanco, las bebidas alcohólicas, los refrescos. Ahí donde tenemos que centrar el tiro.

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