El verano de los funerales del confinamiento

Fueron muchos los gallegos que se fueron sin una despedida adecuada.

FUNERAL POR LA VICTMAS DEL CORONAVIRUS EN FERROL
FUNERAL POR LA VICTMAS DEL CORONAVIRUS EN FERROL

Santiago / La Voz

A la pérdida de un ser querido se sumó durante el confinamiento la imposibilidad de despedir al fallecido en familia, y en el caso de las personas religiosas con una misa funeral. Durante las peores semanas de la pandemia solo tres allegados podían acompañar al sacerdote en las exequias celebradas en los cementerios. La medida, además, se aplicó a todas las víctimas del confinamiento, no solo a las que murieron por covid, por lo que fueron muchos los gallegos que se fueron sin una despedida adecuada.

En las últimas semanas, sin embargo, no es raro ver esquelas en las que se informa sobre misas funerales de personas que fallecieron durante el estado de alarma. Las parroquias están organizando ahora estos actos litúrgicos, que suponen un consuelo para muchos. «Se pospusieron todas, y ahora estamos teniendo bastantes casos —dice José María Pintos, el párroco de San Fernando, una de las parroquias más grandes de Santiago—, es exactamente igual que un funeral de aniversario o que la misa sin cuerpo presente que se celebra cuando alguien muere en el extranjero y le hacen un funeral en el pueblo. Todo es igual pero sin cuerpo presente».

Se trata de un acto que consuela a las familias religiosas tras sufrir una pérdida, «porque piden por el eterno descanso del fallecido y también es tienen la oportunidad de reunirse familiares y amigos». Eso sí, aún sin estado de alarma, la mascarilla obligatoria y el gel hidroalcohólico siguen estando presentes.

Estos funerales en diferido también llegan a las funerarias. Muchas personas habían contratado seguros de decesos, por lo que tenían derecho a esquela y a otros servicios que ahora utilizan. Quizás el menos socorrido es el transporte, porque al no haber entierro no es tan necesario.

Calixto Cobo, vicario de Pontevedra, asegura que estas misas se organizan de forma paulatina, no se concentraron tras la desescalada, porque dependen de la petición de la familia, «se postergó la misa y ahora se están haciendo u organizando en septiembre, octubre, cuando ellos quieran». Para este vicario despedir a un ser querido rodeado de los allegados «es muy importante». El duelo es un proceso anímico que hay que pasar, «y los que tenemos la fe cristiana arraigada sabemos que la misa por el difunto hace mucho bien a su alma y también a la familia, que a veces quedó dolorida por no haberle hecho el honor que le corresponde a su madre, a su padre... por lo que de esta manera se quedan satisfechos», explica Cobo.

«Los rituales que acompañan a la muerte tienen importancia»

Cristina Sánchez Carretero, antropóloga en el CSIC, recuerda que todas las sociedades tienen ritos para pasar de un estado a otro, «y el de la muerte es uno de los más traumáticos e importantes. Los rituales de paso que acompañan a la muerte tienen una importancia grandísima y más en Galicia». Se trata de superar el duelo, el dolor por la pérdida de un ser querido, y en una primera fase de este duelo sentir el abrazo grupal es especialmente importante, «de ahí lo traumático que han sido los meses de confinamiento para la gente que ha tenido pérdidas entre sus seres queridos, por la imposibilidad de sentir ese acompañamiento en el dolor», explica esta antropóloga.

Los rituales de despedida son válidos para las personas religiosas y para las que no lo son. Es cierto, apunta Sánchez Carretero, que en el caso de las personas que profesan una religión estos ritos ya tienen unos formatos establecidos a lo largo del tiempo que hacen que sean más asequibles, lo que no implica que no existan otros igualmente válidos para las personas no creyentes.

En cuanto a si esta despedida en diferido puede ser suficiente para paliar que no se hubiese hecho en el momento del fallecimiento, para la científica del CSIC habrá que dar tiempo y ver si esto ha podido provocar algún trauma, «que es cuando el duelo no se supera y queda como enquistado».

Las consultas telefónicas enfadan a los pacientes y los médicos las defienden

maría hermida
CENTRO DE SALUD AMBULATORIO FONTENLA MARISTANY
CENTRO DE SALUD AMBULATORIO FONTENLA MARISTANY

Facultativos de atención primaria reprochan al Sergas que no explique su labor

Carmiña, vecina del municipio pontevedrés de Rodeiro, que falleció a los 90 años, nunca necesitó que el médico le recetase pastillas para sentirse mejor. Le bastaba con cruzar la puerta de la consulta de su querido doctor de cabecera para que se aliviasen sus males. Parecía un milagro. Pero quizás no lo era tanto. El problema es que, con una pandemia de por medio, no es posible esa visión cuasi romántica de la sanidad pública. El Sergas aboca al ciudadano a la consulta telefónica y, solo si el médico de cabecera lo estima oportuno, se pasa a la atención presencial. ¿Cómo está encajando esa fórmula en un sitio avejentado como Galicia? No demasiado bien. Lo dicen voces autorizadas de atención primaria, facultativos que aseguran estar desbordados, y lo confiesan los pacientes. Los más jóvenes escupen el malestar en las redes sociales. Los más mayores, al parecer, callan. Pero en su silencio habitan a veces dolores que no comunican, males de los que no avisan, que en ocasiones desembocan en diagnósticos tardíos o empeoramientos de salud.

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