Sin trabajo y sin ERTE: el drama de las orquestas gallegas

Las empresas intentan sobrevivir a un verano totalmente a la deriva


Hace unas semanas se conocía la gran dificultad para celebrar verbenas este verano. Las grandes orquestas gallegas confirmaban que no habría gira, que las actuaciones tendrían que esperar y que, aunque sin restar gravedad al presente, el futuro existiría. No obstante, la situación es bien distinta para las orquestas menos punteras: pocos recursos para sostenerse tantos meses sin trabajar y previsiones de grandes dificultades económicas para reincorporase si finalmente sobreviven. Este verano se ha convertido en una invierno frío y con pocas certezas para muchos grupos de la verbena gallega.

«El sector se encuentra en un estado crítico, pongo en duda su supervivencia», afirma Víctor Antón, director de la mayor oficina de orquestas de Galicia, Gaias Eventos. A día de hoy, la actividad de las orquestas está permitida, pero no hay nadie que quiera contratarlos debido al temor a posibles rebrotes. Para más inri, una gran mayoría de sus trabajadores no pueden acogerse a ERTE y se encuentran sin ningún tipo de ingreso en estos momentos. «No hay un criterio único para establecer que trabajadores del sector pueden optar a ERTEs y esto se traduce en que la mayoría no esté recibiendo ningún tipo de prestación», afirma Beatriz Meilán del Río secretaria de Acción Sindical de la Federación de Servicios, Movilidad y Consumo de UGT en A Coruña.

En el caso de las empresas, se encuentran recibiendo una serie de créditos a bajo interés que buscan reducir el impacto inmediato del cese de la actividad. «Esta ayuda no es suficiente, nuestra producción es nula y, con estas medidas, a largo plazo no será viable la existencia de las mayorías de orquestas», afirma Víctor Antón, director de Gaias Eventos. Muchos propietarios hablan de un cierre indefinido hasta que se encuentre la vacuna o se recupere la normalidad.

El sector pide un rescate

«La Xunta intentó pagarnos actuaciones pero todos los ayuntamientos rechazaron nuestra contratación aun siendo gratis», explica un Víctor Antón que también es director de la Orquesta Marbella. En esto último radica en una de las mayores contradicciones entre las que navegan las empresas en este momento: las normas sanitarias y la situación epidemiológica actual desaconsejan por completo todo lo que suponen su tipo de actuaciones. No obstante, su actividad no está prohibida. «Reclamamos la prohibición absoluta de una actividad que no va poder realizarse y un rescate que permita que la supervivencia de las empresas», solicita Manuel Fariña presidente de la Asociación Galega de Orquestas. Víctor Antón, director de la oficina de orquestas, comparte que la solución está en el rescate. «El Gobierno debe elaborar un salvavidas para todo el sector, asegurar que nosotros no quedemos atrás mientras otras actividades recuperan su producción» afirma el propio Antón, coincidiendo con una visión que reclaman los propietarios de la gran mayoría de las agrupaciones musicales de Galicia que integran el sector.

Protección al trabajador

En Galicia se calcula que alrededor de tres mil quinientas familias viven de la actividad generada de las orquestas. Actualmente, la inmensa mayoría de ellas sobreviven sin su principal fuente de ingresos. Beatriz Meilán, de UGT, apuesta por «establecer unos criterios comunes para conceder los ERTE» y que los trabajadores no paguen por «la falta de previsión en torno al sector».

El verano se da completamente por perdido y el pesimismo reina en empresarios y trabajadores que reclaman una y otra vez la acción de las administraciones públicas para evitar la quiebra.

Técnicos y transportistas del sector, en el limbo

Las orquestas son mucho más que músicos, cantantes, bailarines y todo aquel artista que se sube en el escenario. A pesar de que la gran mayoría de la atención suelen coparla estos últimos, la realidad del personal que permiten que el espectáculo se lleve a cabo es incierta y problemática. Auxiliares de iluminación y sonido, transportistas, montadores y otros empleados técnicos se encuentran en una posición de mayor dificultad, si cabe. Ni pueden realizar su trabajo, muchos de ellos no reciben protección de la administración pública y ninguno tiene la opción de adaptarse a las nuevas circunstancias.

Los artistas, al ver la gravedad de la situación y la falta de soluciones, deciden reinventarse y retorcer el espectáculo para ser capaces de ofrecer una actuación sin aglomeraciones, con distancia de seguridad y que cumpla con todas las recomendaciones sanitarias. Es decir, algo muy alejado de lo que hacen todos los veranos en la verbenas. No obstante, son muchos los que consiguen contrataciones en bares y otros pequeños locales que les permiten suavizar mínimamente la gravedad económica que se encuentran viviendo.

Esta irremediable vía que toman los músicos deja totalmente fuera de la actividad a los técnicos que permiten sus actuaciones habituales, un grupo profesional numeroso en Galicia.

Estos profesionales cotizan en el régimen de auxiliares, mientras que los músicos y vocalistas lo hacen en el de artistas. La escasa atención mostrada desde el sector público, aunque finalmente permite que los artistas que estén en régimen de fijos discontinuos accedan a ERTE, deja en un limbo a la mayoría de profesionales de las orquestas con especial relevancia en los empleados técnicos.

La situación de otras personas que viven indirectamente de las verbenas como los propietarios de atracciones también es crítica. «La verbena da de comer a mucha más gente de lo que se cree», afirma para concluir Víctor Antón, de Gaias Eventos

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