Germán sale de la uci tras 121 días: «No recuerdo absolutamente nada»

Un vigués de 72 años es el gallego que más tiempo ha estado en críticos

Germán Alonso, este viernes, en la uci, justo antes de abandonar la unidad, con parte del equipo asistencial, su mujer y sus dos hijas
Germán Alonso, este viernes, en la uci, justo antes de abandonar la unidad, con parte del equipo asistencial, su mujer y sus dos hijas

Vigo / la voz

Germán Alonso cerró los ojos en un mundo y los abrió en otro. Ingresó en una unidad de cuidados críticos el 2 de abril con coronavirus y salió este viernes, 121 días después. «No me acuerdo absolutamente de nada», pronuncia, despacio, con la voz clara. Ha estado un buen rato pedaleando en la bicicleta de rehabilitación que le acercan a la cama -«ocho kilómetros al día», según su fisioterapeuta, Ricardo Rodrigues- y ahora habla detrás de una máscara de oxígeno que da la vida a sus maltrechos pulmones. Algunas partículas de gas suben hacia la nada, visibles, cuando él explica, con la disciplina austera del ciclista de montaña, que va mejorando «poco a poco».

Germán estuvo conectado cuatro meses a un respirador, hasta el día anterior a hablar con La Voz, el viernes. Es el gallego que más tiempo ha estado hospitalizado en cuidados críticos por coronavirus, según confirman en las ucis de las siete áreas sanitarias. Todavía le quedan unos cuantos días en planta en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, donde ingresó el 30 de marzo.

Cuando llegó a urgencias, llevaba doce días con síntomas de covid-19 en su casa, con Aurora, su mujer, aunque no les habían hecho la prueba. Había cumplido 72 años tres días antes de la declaración del estado de alarma. Un mes antes le habían colocado su cuarto stent, iba al gimnasio a diario y se cuidaba. El penúltimo día de marzo 157 personas llenaban las ucis gallegas. Eran los días duros. Germán y Aurora empeoraron. Ella ingresó en Povisa. Él en el Cunqueiro. Ella se fue de alta al cabo de unos días, él todavía no ha salido del hospital.

En ese mundo en el que Germán cerró los ojos nadie recomendaba llevar mascarilla por la calle ni dejar los abrazos para el próximo verano. Las familias se quedaban fuera de los hospitales. Los pacientes se quedaban solos. «Nos llamaban todos los días a mediodía para contarnos lo bien o lo mal que iba; fueron nuestro apoyo», cuenta Chus, una de las hijas. Ella, su hermana Aurora y su madre agradecen que en la uci siempre fueron claros sobre sus expectativas y que siempre les transmitieron lo mismo: «Vamos a hacer todo lo que podamos».

Germán dejó de contar para la contabilidad oficial del covid el 26 de mayo, tras varias PCR negativas, aunque la enfermedad provocada por el coronavirus lo mantuvo en la uci otros dos meses. La estadística no reflejaba el número, pero la persona seguía allí. Su familia pudo entrar a verlo desde entonces. «Empezamos a transmitirle todo el calor que no le habíamos podido dar, a mimarlo», recuerda Aurora hija. En un cristal del box pegaron unas fotos de sus tres nietos.

Nadie baja la voz para decir que hubo muchos días en los que a Germán se le daba por perdido. Muchos. Lo saben todos en la uci. También su familia. Pero siempre queda la duda de si el paciente es consciente de hasta qué punto ha estado bailando sobre el abismo. «Los médicos vieron un resquicio y metieron el diente», confirma Germán. Podría utilizar cualquier otra palabra, pero dice «resquicio», un hueco mínimo, una nada, apenas, que ha marcado la frontera entre vivir y morir. «Germán es un milagro», titula Sonia, enfermera, y se abraza a Chus. Antes del covid no se conocían de nada. «Tú ya eres familia nuestra», le replica esta, los ojos hinchados. Es el milagro del box 19.

La fisioterapia reduce las secuelas y la estancia en intensivos

La supervivencia de Germán ha tenido dos hitos clínicos. Uno fue el uso de un tratamiento en el que una máquina hace la función de los pulmones. El otro es la fisioterapia.

El primero es un tipo de circulación extracorpórea. Se llama ECCO2R y es similar a otra técnica conocida como ECMO. A través de unos tubos, se saca la sangre del paciente hacia una máquina. En la ECMO, esta la oxigenada. En la ECCO2R, el aparato permite eliminar el CO2 que se va acumulando en los pulmones porque no son capaces de depurarlo. Germán estuvo dos meses conectado a esa máquina por la que pasaba su sangre en todo momento. «Es muchísimo tiempo, Germán tiene mucho mérito», dice la intensivista María Rivas.

La fisioterapia ha sido fundamental en su recuperación, «el 50 % del tratamiento», según la mujer del enfermo. «Entramos cuando el paciente lleva 48 horas», explica el fisioterapeuta de la uci, Ricardo Rodrigues. «Se nota mucho cuando venimos después del fin de semana, a los pacientes les cuesta más», explica. En la época dura, había fisioterapeutas por las mañanas, por las tardes y el fin de semana. Ahora ya solo los hay por las mañanas.

La familia y el equipo sanitario coinciden en que hace falta que por las tardes se complete esa terapia para acelerar la recuperación. «Hacen dos cosas: fisioterapia respiratoria y movilización precoz», detalla la jefa de servicio, Dolores Vila, «la primera permite una desconexión más temprana de la ventilación mecánica y, por lo tanto, reduce la estancia; la movilización precoz evita muchas secuelas». La prueba de que esto funciona se llama Germán Alonso.

En la uci del COVID-19: «No te vas a morir, por eso estás aquí»

Ángel Paniagua

El día a día en las unidades de cuidados intensivos es frenético y lento a la vez, es técnico y es emocional. Los profesionales de la uci del Cunqueiro cuentan cómo es su jornada para salvar a los pacientes más graves de la pandemia: «No somos héroes», advierten

                  

—Me voy a morir, ¿verdad?

—No. Por eso estás aquí

Daniel Aldea fue el primer paciente con COVID-19 que entró en una unidad de cuidados intensivos en Galicia. Su memoria de aquellos días es brumosa y se mezcla con la neblina de la sedación. Pero recuerda que ese viernes por la noche, en una habitación del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, le dijeron que lo llevaban a la uci. Entonces, miró a su mujer y le dijo: «Ya no hay más». Ha olvidado que unos minutos después quiso confirmar sus temores con María Rivas, la médica que lo recibió en la uci. Ella intentó darle esperanza contándole la verdad. «Aquí hacemos todo para que los pacientes salgan adelante», resume ahora la intensivista. Mientras intenta caminar por la finca de su casa de Moaña para recuperar la musculatura, Daniel Aldea cuenta por teléfono: «Gracias a ellos estoy vivo».

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos
Comentarios

Germán sale de la uci tras 121 días: «No recuerdo absolutamente nada»