La ciencia es clara: si se destruyen los ecosistemas habrá más pandemias

Si nada cambia, el covid-19 no será el último virus que devaste a las sociedades

Paisaje fragmentado por la acción humana en la Amazonia
Paisaje fragmentado por la acción humana en la Amazonia
R. R.
Redacción / La Voz

El covid-19 es solo un aviso de lo que nos espera. La última advertencia a la humanidad de lo que supone el continuo destrozo de los ecosistemas. Está demostrado: el 75% de las enfermedades infecciosas se originan en los animales y estos, a su vez, son el puente que las conectan con las personas. O, lo que es lo mismo, si continuamos fragmentando el hábitat de las especies habrá más pandemias. Es la alerta que se recoge en un informe del programa del Medio Ambiente de las Naciones Unidas, en colaboración con especialistas de todo el mundo. Y lo confirman los expertos consultados por La Voz: la destrucción de los hábitats naturales, la contaminación y la explotación de especies hacen que la sociedad sea más vulnerable porque las personas están más cerca de los vectores que transmiten las enfermedades.

Como señala Adolfo Cordero, catedrático del departamento de Ecología y Biología animal de la Universidad de Vigo, «basta con ver las fotos de satélite de hace 30 años para darse cuenta de la destrucción ambiental que se ha llevado a cabo. El cambio es drástico. Antes en unas zonas solo había selva, ahora solo hay gente».

Según Carlos Vales, director del Centro de Extensión Universitaria y Divulgación Ambiental de Galicia, el problema está claro: «O proceso de destrución da natureza está sendo brutal e nunha aceleración continua. Cada vez hai máis cercanía das comunidades humanas con especies que antes no saían do seu entorno, o que xera unha debilidade das barreiras que impedían que moitos animais entraran en contacto con nos. E, por último, está o factor da globalización que o que fai é que unha enfermidade que se produce nun lugar remoto poida transmitirse por todo o planeta a unha velocidade vertixinosa», afirma.

«Muchos de los organismos que vivían en zonas que antes estaban despobladas se han extinguido, pero otros han conseguido sobrevivir y acaban afectándonos. Cuanto más densas sean las poblaciones, más probable es que las transmisiones se produzcan y se aceleren. Es un poco lo que ha pasado», explica Cordero.

Pero entre la experiencia y el aprendizaje aún hay un trecho que la humanidad debe transitar. Lo que está por verse es a qué velocidad lo hace, porque si nada cambia, esta no será la última pandemia que devaste a la humanidad y tampoco la peor.

El profesor Cordero reflexiona: «Hay una palabra que es fundamental: biodiversidad. Cuanto más diversa sea la naturaleza, menos probable es que los virus o bacterias acaben en nosotros. Pero si aniquilamos las distintas opciones que podrían tener, igual la única opción que les queda somos nosotros, las personas».

El panorama cambia cuando salimos de la ecuación. Eso también lo demostró el confinamiento. «Cando nos tivemos que quedar na casa o que ocorreu foi que a calidade do aire das cidades mellorou e moitos ecosistemas se recuperaron. Aí é onde se ve claramente a influencia dos humanos», expone Gumersindo Feijoo, catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Santiago. Es simple: para revertir el daño, bastaría con no estorbar. La naturaleza se regenera sola, rápido y bien. Y en caso de que las sociedades se decidieran a contribuir, «unha das cousas que nos podería axudar moitísimo sería introducir o principio da economía circular para ser máis ecoeficientes», sugiere Feijoo.

El panorama en Galicia: tierra de oportunidades

 

 

Carlos Vales, director del Ceida, afirma que en Galicia existen las condiciones necesarias para convertir las crisis que se asocian a las pandemias en una oportunidad de desarrollo social.

Calidad de la despensa

Desde el mar hasta la huerta. Los alimentos que se producen en esta comunidad son, como afirma Vales, excepcionales. El mar, la huerta, la leche, la carne... En la despensa de productos de origen gallego no falta nada. En ese sentido, «Temos posibilidades de que todos os entornos urbanos, onde agora vive a maioría da poboación de Galicia, poidan recibir alimentos de primeira calidade producidos a poucos quilómetros de distancia», explica el experto. También señala que esto permitiría «fixar unha poboación que poida vivir de darnos soberanía alimentaria».

Reservas de la biosfera

Espacios de desarrollo sostenible. El 25 % del territorio de la comunidad goza de características geográficas tan excepcionales que son reservas de la biosfera declaradas por la Unesco. Esto genera un resguardo ambiental importante y también proyectos de colaboración que invierten en la producción agrícola. «Moitas persoas están no proceso de dedicarse a producir en cultivos ecolóxicos. E unha oportunidade para aproveitar e non enchelo todo de urbanizacións e de cemento», explica Carlos Vales. De esta manera, disminuiría no solo la contaminación, sino también la destrucción de los ecosistemas naturales.

Dispersión poblacional

Las aldeas, modelo de vida. Aprovechar la disposición agrícola que ya existe en la comunidad e incentivar la vida rural es una manera de mantener una relación más armónica con la naturaleza. Pero es que además tiene un beneficio clave en contextos de enfermedades y pandemias: evitar aglomeraciones. «Nunha sociedade na cal hai moitos espazos abertos as posibilidades de contaxios de enfermidades redúcense drásticamente», señala el director del Ceida.

Fernando Valladares, biólogo del CSIC: «La mejor vacuna era un ecosistema que funcionase bien y nos lo hemos cargado»

SANDRA FAGINAS

Su claridad y valentía a la hora de exponer la crisis del covid han convertido a este ecólogo en un referente: «La culpa no es del murciélago ni del pangolín»

Fernando Valladares es doctor en Ciencias Biológicas, profesor de investigación en el CSIC y en la Universidad Rey Juan Carlos. Sus conocimientos y sobre todo su manera de exponerlos lo han convertido estos días en uno de los referentes de la crisis del covid por su valentía y su claridad. «Yo no he inventado nada nuevo, no tengo otro mérito más que recoger los informes que muchos otros colegas han estados elaborando y que llevamos más de 30 años difundiendo», apunta Valladares. Que, pese a ser de esas personas que sabían que esto podía suceder, asegura que el shock ha sido brutal: «Yo todavía hay días que me despierto y pienso: '¿Pero de verdad está pasando?'». «Los científicos sabíamos que era probable, pero cuando ves la ola encima no te lo crees». «Por eso quiero tener viva esa emoción, el susto, porque de ahí espero que surja en todos nosotros una reacción. Van a venir más pandemias y tenemos la solución delante de nuestras narices».

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