Boris Izaguirre: «'Lazos de sangre' ha sido un cambio de vida»

El escritor y presentador vuelve recordar las grandes sagas de la historia de España en el programa que emite cada miércoles La 1 y que esta noche dedica a Ángel Nieto


Madrid / Colpisa

«Lo que me asombra es que aparezcan», dice (Caracas, Venezuela, 54 años) sobre las vidas que se cuentan en Lazos de sangre, el programa que emite La 1 de TVE el miércoles, a las 22:05 horas. El periodista y escritor venezolano vuelve a ponerse al frente del debate del programa, además de colaborar en los documentales, y considera algo increíble «conseguir doce historias tan extraordinarias» temporada tras temporada.

-¿Qué parte disfruta más del programa?

-La del debate, totalmente (risas). Soy muy feliz con ella. Aunque con la otra nos conocimos. En la primera temporada, me llamaron para una larga entrevista sobre la familia Bosé. Me llamó mucho, y pasado un año, decidieron seguir con el programa y el debate, y encima me lo ofrecieron. Cuando me lo propusieron pensé: esto es increíble. Más que un cambio de registro ha sido un cambio de vida.

-¿Se ve siendo el protagonistade un episodio de 'Lazos de sangre' dentro de algunos años?

-¿Uno sobre mí? No, no. Bueno, no sé. Es verdad que el programa ha pasado a convertirse en algo que la gente ansía, pero yo creo que tengo una vida un poquito más aburrida que las que retratamos.

-¿Se siente muy distante de los protagonistas del programa?

-No, para nada. Lo que me gusta es que yo me sé todas esas historias. He crecido con ellas, y todavía tengo curiosidad por descubrir algo más. Eso es lo magnífico del programa, que sabe muy bien la historia que quiere contar y el camino que quiere recorrer. Es muy redondo y está lleno de aristas. Y eso es lo que hace que guste tanto temporada tras temporada.

-¿Teme que decaiga el ritmo de las historias?

-Cada vez se hace más exigente. Las historias tienen que tener verdaderamente ese punto de grandeza, de atractivo, de montaña rusa. No son vidas que empiezan de una manera y van recorriendo un camino predecible, sino que, de repente, pasan cosas continuamente. Soy muy familiar con estas historias y siento que estoy en el sitio correcto.

-¿Cómo recuerda sus inicios en la fama?

-Muy simpáticos, la verdad (risas). Era muy divertido. Trabajaba en un programa (Crónicas marcianas) que, al ser diario, era muy exigente y no nos permitía salir a ver realmente qué era lo que estaba pasando. Durante mucho tiempo no tuve vida social, porque se emitía en directo a la medianoche y acababa a las dos y media de la madrugada. Yo me daba cuenta de que me estaba volviendo una persona muy conocida los fines de semana, cuando salía a comer con Rubén (su marido). Ibamos a un restaurante y, de repente, venía gente y se sentaba en la mesa. Fueron unos inicios muy simpáticos.

-Decía en la presentación del programa que con la situación actual ya no tenía agenda social. ¿Le ha recordado a aquella época?

-(Risas) No, no. Ha sido muy difícil pasar de pronto de una cantidad increíble de compromisos y eventos a que todo se cancelara. Ante esa agenda vacía, o que se vació, tuve la revelación de que era un momento para viajar dentro de mí mismo y abrazar la introspección. Y es lo que he hecho durante todo el confinamiento.

-¿Cómo han sido esos días?

-Al principio me dedicaba a limpiarme, a quitarme lo que consideraba el exceso: de presión, de responsabilidades. Hasta que no estuve completamente cómodo, dentro de no tener nada, no empecé a llenarme de pequeñas obligaciones, como ordenar mis librerías: la de mi despacho y la del salón. Pero no quise hacer todo de golpe, sino que hacía un estante cada día, y así me organicé, para tener los días ocupados en algo que era importante para mí. Creo que le he sacado el máximo provecho al confinamiento.

-También dijo que estaba deseando volver a la cueva. ¿Está empezando a salir de ella?

-No mucho. Forma parte de esta nueva realidad. Yo voy a mi trabajo, cumplo con ello, y me vuelvo a casa. Mis salidas, de momento, quiero que sean muy ajustadas a lo estrictamente necesario. Los miércoles emitimos el programa en directo, los martes voy a hacer un ensayo y tenemos una reunión, y también estoy recuperando mis entrenamientos de natación, porque los necesito. Pero hago eso, y me vuelvo a casa.

-¿Se siente bien con esa rutina?

-Es dolorosa, porque me encantaría ir a casa de unos amigos y pasar la tarde, pero considero que todo esto hay que controlarlo un poco más. Estoy convencido de que en España hemos sufrido uno de los confinamientos más estrictos del mundo ante la pandemia, y tenemos que seguir manteniendo este nivel de responsabilidad.

-También visitó el programa de Tamara Falcó («Cocina al punto con Peña y Tamara»), ¿no?

-Sí, Tamara me invitó. Es una persona a la que quiero muchísimo. Casi como si fuera mi hija (risas). Está entregada y encantada con el programa que, la verdad, es simpático. Cuando estuve me hicieron un test, de los que te pinchan un poco de sangre y sale rápido si das negativo o positivo, y me parece muy necesario. Sobre todo si vas a estar un tiempo expuesto.

-Parece que ella no ha dejado la cocina después de pasar por «MasterChef». ¿Ha sido también su caso?

-Bueno, un amigo mío, Rodner Figueroa, que es un presentador venezolano muy conocido en la televisión de Estados Unidos, me pidió que le acompañara a preparar algunos platos. Hemos hecho varios lives (directos en Instagram), y de repente me encontré de nuevo cocinando. Pero en mi casa es la disciplina de Rubén. Y como él bien dice, yo solo cocino si hay focos delante, pero Tamara se lo ha tomado muy en serio y está encantada con hacer un programa de cocina.

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