Juan Echanove: «Con 60 años me quedan unos veinte para poder aportar algo a mi país»

El veterano intérprete se mete en la piel del inspector jefe Santiago Abad en «Desaparecidos», la serie de Amazon Prime


Madrid / Colpisa

El cambio de rumbo del proyecto podía haber apartado al veterano actor Juan Echanove (Madrid, 59 años) de su ansiado sueño de adentrarse en el género negro. Pero finalmente no ocurrió así. Mediaset acabó confiando en la productora Plano a Plano para sacar adelante Desaparecidos, la serie de Amazon Prime Video. También en Echanove, que la protagoniza junto a Elvira Mínguez y Maxi Iglesias. La productora quiso seguir contando con él para dar vida al inspector jefe Santiago Abad, encargado de investigar muchas de las miles de desapariciones que se producen en nuestro país cada año.

-¿Cómo le llegó «Desaparecidos»?

-Hará ya como unos dos años desde que me llamaron de Mediaset para decirme que querían trabajar conmigo desde hacía tiempo y que habían encontrado una serie que me podía interesar. Pero era otro proyecto distinto al que ha salido adelante. Hubo un parón hasta que cambiaron de rumbo en Mediaset y encargaron la producción a Plano a Plano. Yo estaba en el proyecto inicial, y con los cambios de producción me podía haber caído del reparto. Pero no fue así y estoy muy feliz. Además, desde que leí los guiones de la serie vi que este personaje era el que había soñado. El procedimental es mi género favorito, y siempre había soñado con hacer uno. Y con que fuese uno policial, más.

-¿Ha encontrado similitudes en lo que refleja la serie con la situación actual?

-Es algo que se empieza a producir, y que no sabemos ni preguntar ni responder en este momento. Creo que no nos atrevemos aún a preguntar qué mundo vemos a través de nuestros ojos. Evidentemente, ahora mismo ves esta serie, y cualquier cosa que tenga que ver con la soledad, la angustia, la incertidumbre, la debilidad, el peligro... nos va a recordar a las coordenadas con las que nos hemos visto obligados a vivir en los últimos meses debido a la grave situación que atravesamos.

-¿Tiene que ver con el género?

-Si hubiéramos hecho una comedia, hablaría de la necesidad de la gente de expresar su angustia a través del sentido del humor. Pero el discurso que nosotros manejamos es el de la ansiedad y la falta de asistencia, que es con lo que ha convivido mucha gente durante esta larga crisis del coronavirus. Hay mucho que revisar, pero el drama está en nuestra sociedad, que tampoco puede convivir con la idea de que 8.000 personas al año desaparezcan en este país.

-¿Y cómo ha visto a la clase política?

-Después de mucho reflexionar durante todos estos días, en parte porque sabía que en algún momento tendría que pronunciarme públicamente ante esta pregunta, he llegado a la absoluta convicción de que la clase política no es un mal para este país, una desgracia que nos haya caído como el coronavirus, sino un reflejo de la ciudadanía. El problema lo tenemos nosotros. Hemos dado por hecho muchas cosas, y no hemos acometido las reformas que tienen que venir de la propia gente. Nos hemos dejado llevar por esta purrela como si fuera una liga profesional de fútbol, por competitividad. Hemos desatendido tantas cosas que al final nos hemos encontrado con una clase política que tiene el mismo sesgo ciudadano. En algunos casos sabe hablar, pero en ningún caso sabe escuchar. Y eso me preocupa mucho.

-¿Habló de esa preocupación en su encuentro con los reyes y el mundo de la cultura al que asistió la semana pasada?

-Fui convocado por el Ayuntamiento de Madrid, que es mi ayuntamiento, para tomar parte en un encuentro con los reyes y con las autoridades municipales y autonómicas, junto a otros compañeros de profesión y representantes de distintos sectores de la cultura. Nos preguntaron cómo nos encontrábamos y cómo nos veíamos, y fue un encuentro muy interesante, porque lo que expresamos todos fue la necesidad de que se entiendan, de que no hagan ruido, de que hay que preocuparse por la situación de todos: residencias, hospitales, urgencias. pero también de nuestras propias casas. Deberíamos dejar de descalificar a todo el mundo, o de tener la razón absoluta.

-No parece ser de esas personas a las que les gusta echar la vista atrás.

-Qué va. No tengo tiempo para eso. Ya ni me acuerdo de lo que dije en las entrevistas que hice antes que ésta. No tengo tiempo para la melancolía o el regodeo. No puedo perder tiempo. Ahora mismo, con casi 60 años, me quedan unos 20 años para aportar algo a mi país e intentar poner esto otra vez en orden. En cuanto acabe esta situación me pongo el mono y me subo andamio. En menos de un mes tengo una función, tengo que terminar una temporada de El Cid. Ya no solo tengo que trabajar para mí, como era lo normal antes de marzo, sino para todos.

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