España e Italia pasan de epicentro de la pandemia a ejemplo para el mundo

Los confinamientos estrictos y la capacidad de detección son la clave de los resultados


España e Italia pasaron de ser en el mes de abril el epicentro de la epidemia del covid-19 en el mundo a convertirse ahora en ejemplo para la comunidad internacional en el manejo del proceso de desescalada y el control de los brotes, sobre todo con la detección temprana de casos cada vez más leves. Eso no significa que haya dejado de existir peligro en ambos países, pero sí que los datos reflejan una situación más favorable que la media de la Unión Europea y a años luz de lo que ahora están viviendo en Estados Unidos o América Latina, por citar las zonas que más preocupan en el planeta.

De ahí que el propio secretario general de la Organización Mundial de Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, alabase públicamente esta semana la actuación de los dos países, que definió como «una mezcla de liderazgo, humildad y participación activa de la sociedad», porque «ambos tenían una situación desalentadora, pero lograron darle la vuelta».

Esa «vuelta» de la que habla Adhanom se aprecia con cierta claridad observando los gráficos de evolución de la epidemia, en lo que tiene que ver con las principales cifras como son el incremento porcentual diario, la incidencia acumulada de las últimas dos semanas o los porcentajes de letalidad. En Italia los casos nuevos —que llevan ya varias semanas moviéndose mayoritariamente en la franja de entre los 100 y los 200— presentan un incremento del 0,08, que podría considerarse residual.

Y su incidencia acumulada, con 4,9 casos por cada 100.000 habitantes, está entre las más bajas del continente y muy alejada de los 142 de Suecia, los 62 de Rusia o incluso los 42 de Portugal, que pasaba por ser uno de los países que mejor había gestionado la pandemia.

Unas cifras muy similares

Cifras muy similares a las de España, que vivió el pico de la incidencia del covid-19 a finales de marzo, solo unos días antes que en Italia, y que desde entonces ha experimentado un descenso de la incidencia de los más rápidos del mundo. Mientras que Francia, por ejemplo, que llegó al máximo de contagios a principios de abril, experimenta una reducción de los nuevos contagios mucho más lenta y aún está por encima de los 600 casos diarios.

También la tasa de letalidad de los dos países, 11,3% en España y 14,4 en Italia, que parecía completamente desproporcionada hace solo dos meses, ahora se ve que coincide de manera bastante aproximada con la de los países más o menos grandes donde la epidemia ha ido evolucionando en el tiempo. Incluso es inferior al 18 % de Francia o al 15,5 % del Reino Unido, lo que habla bien de la capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios dentro de la situación de máximo estrés a la que fueron sometidos.

Los «sacrificios realizados»

La clave del relativo éxito, que ahora es necesario consolidar con el control de los brotes, radica en la responsabilidad poblacional enmarcada en los confinamientos, que en el caso de España fue de los más duros, sino el que más, de los aplicados en el mundo.

El Gobierno italiano no autorizó hasta el 4 de mayo la reapertura de algunos de sus sectores productivos y la posibilidad de que las personas pudiesen regresar a sus domicilios con desplazamientos entre regiones.

Atrás quedaban 56 días de cierre total que en algunas zonas, como la de Lombardía, se sumaban ya a otras medidas interpuestas con anterioridad. E incluso ahora el país transalpino se desmarca del acuerdo europeo y le exigirá 14 días de cuarentena a los viajeros que lleguen de fuera del Espacio Schengen. «Debemos evitar que se frustren los sacrificios realizados por los italianos en los últimos meses», argumentó el ministro de Sanidad, Roberto Speranza.

Huella social y económica

En España la secuencia de los hechos fue muy parecida y conocida por todos. Desde el estado de alarma del 14 de marzo —e incluso el permiso retribuido, que redujo la actividad del país a lo esencial— hasta el 15 de junio que Galicia se convirtió en la primera comunidad de España en entrar en la denominada «nueva normalidad», pasaron tres largos meses, que han dejado una huella social e económica muy profunda, pero que situaron al conjunto del país en una situación epidemiológica favorable para afrontar los rebrotes. Las capacidades, sobre todo materiales, del sistema sanitario no tienen nada que ver y la capacidad de detección tampoco.

En estos momentos hay más de medio centenar de brotes activos y, aun a riesgo de tener que establecer algún confinamiento parcial en territorios concretos, se está evitando que vuelvan los episodios generalizados de transmisión comunitaria.

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