El volcán que fundó un Imperio

La explosión de un volcán en Alaska tuvo consecuencias al otro extremo del mundo en uno de los imperios más famosos de la historia

Imagen satelital del volcaán Okmok, en Alaska
Imagen satelital del volcaán Okmok, en Alaska

Cada vez que la ciencia del clima se adentra en el pasado, aflora una nueva historia sobre los efectos de las grandes erupciones volcánicas en las sociedades humanas. Los episodios se cuentan ya por decenas. Entre los más destacados está la influencia que tuvo la explosión del Laki, en Islandia, en 1783, en la Revolución Francesa que se consumó con la Toma de la Bastilla en París seis años después.

Un grupo de investigadores acaba de publicar en la revista PNAS, una de las más importantes del mundo, cómo una potente erupción jugó un papel clave en un período decisivo de la civilización romana. En el 44 antes de Cristo, Roma vivía un momento convulso por el asesinato de Julio César. Un año antes, en el extremo opuesto del mundo, entró en erupción el volcán Okmok, en Alaska. El material volcánico llegó hasta la estratosfera y comenzó a expandirse por todo el mundo, impidiendo el paso normal de los rayos solares y provocando un descenso global de las temperaturas. Los científicos pudieron acceder a la información climática de la época gracias a los testigos de hielo en el Ártico.

El estudio estima que podría haber enfriado el clima de Europa y el norte de África hasta siete grados y sostiene que fue el año más gélido en el hemisferio norte en los últimos 2.500. Las lluvias durante el verano aumentaron entre un 50 y un 120 % en el sur de Europa y en otoño ascendieron un 400 %. «En la región mediterránea, estas condiciones de humedad y frío durante una época del año tan importante para la agricultura, de la primavera al otoño, redujeron el rendimiento de los cultivos y agravaron los problemas de suministro de alimentos», señala Andrew Wilson, arqueólogo de la Universidad de Oxford y uno de los autores principales del trabajo.

Las fuentes escritas de aquella época mencionan una etapa con un clima frío que provocó malas cosechas, hambrunas, enfermedades y disturbios en la región mediterránea, que contribuyeron al poner fin a la República Romana y dieron paso al Imperio Romano. «Nuestra investigación muestra que el mundo ya estaba muy interconectado incluso hace 2.000 años», reconoce Joe McConnell, otro de los investigadores.

El relato que describe cómo un volcán en una parte del mundo puede llevar al colapso a una civilización que habita en el extremo opuesto de la erupción se repite en la historia de la humanidad. La lección que ofrece es siempre la misma y sigue intacta a pesar del paso del tiempo. El ser humano depende del clima para la supervivencia y cuando se vuelven inestables siempre hay consecuencias.

Año 536, «el peor para vivir de la historia»

Xavier Fonseca

Se registró uno de los eventos climáticos más devastadores que cambiaría la historia para siempre

En los textos hallados de un destacado historiador bizantino que respondía al nombre de Procorio de Cesarea, aparece una descripción precisa de lo sucedido en el año 536. «El Sol emitía su luz sin brillo, como la Luna. Parecía como un eclipse, ya que los rayos solares no eran claros, al menos no como los que acostumbra a dar». Relatos parecidos se redactaron por todo el mundo, desde Irlanda hasta China. Estaban describiendo los efectos de un fenómeno que daría paso al famoso invierno interminable, que duró 18 meses. La historia se refiere al 536 como «el peor año para estar vivo». 

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