Un ourensano atrapado en Brasil: «Parece que la única opción para volver a casa es nadando»

Julio González viajó en diciembre al país de nacimiento de su esposa, Francinete Lima, y ya no pudieron regresar

Julio y Francinete, al inicio de su viaje en Brasil
Julio y Francinete, al inicio de su viaje en Brasil

Ourense

El ourensano Julio Manuel González lleva tres meses atrapado en Brasil. El estado de alarma por coronavirus decretado en España y el consiguiente cierre de fronteras le pilló pasando una temporada en el país del que es natural su actual mujer, Francinete Lima.

«Pasamos la Navidad en Esgos con mi familia y nos vinimos. Nuestra intención era estar aquí un par de meses, recorrer algunos de los lugares menos turísticos de Brasil y, por supuesto, estar un tiempo en casa de Francinete y conocer a su nieto», explica Julio. Todo eso lo cumplieron con creces. Su odisea particular llegó después, concretamente el 18 de marzo, día en el que tenían previsto regresar a Ourense. «Llegamos al aeropuerto de Belén, a 600 kilómetros de donde estábamos, y ya vimos que la situación era muy negativa. Colas y más colas, ventanillas de información cerradas y rostros preocupados, eso era todo lo que nos rodeaba. No hubo nada que hacer», explica. Así volvieron al pueblo de Francinete, de unos 11.000 habitantes, Sao Francisco de Brejao, en el estado de Marañón, y allí llevan atrapados desde entonces. Las llamadas y los correos comenzaron a sucederse, Julio contactó con la embajada y con el consulado, y la respuesta fue clara: «Hasta mayo me decían: ‘Salga usted de aquí cuanto antes, coja un vuelo de Sao Paulo a Madrid’. Y eso era imposible. Nosotros estamos a 2.300 kilómetros de San Paulo, aquí las fronteras están cerradas y solo podría acceder a la ciudad en taxi, algo que me costaría una fortuna». Siguió llamando y escribiendo a las personas responsables de ayudarle en su situación. Desde hace unas semanas dice que ya no recibe respuesta: «Se han cansado de mí y lo entiendo, pero lo normal es que ellos mismos hubiesen gestionado un vuelo para repatriarnos, porque nosotros somos españoles y solo queremos volver a casa. Parece que la única opción es hacerlo nadando».

Julio y Francinete se conocieron en Ourense. Son pareja desde hace tres y una vez al año viajan juntos a Brasil. Nunca se habían encontrado un problema hasta ahora, cuando la pandemia mundial se les puso en contra, por suerte, sin afectar a su salud. «En Sao Francisco de Brejao hay 109 casos y ningún muerto. Esa es nuestra mayor suerte, porque aquí no tenemos Seguridad Social, España no tiene convenio con Brasil, y yo tengo problemas pulmonares», explica. «Lo que me vuelve loco es la incertidumbre, es no saber cuándo podremos regresar. Los meses van pasando y a mí nadie es capaz de decirme si podré entrar en mi país una vez me suba a un avión. Solo quiero saber en qué fecha podré volver a casa y abrazar a los míos», admite. Y no lo sabe, aunque la movilidad internacional comenzará en España en julio, lo hará con la Unión Europea y a partir de ahí se ampliará gradualmente a otros países. «Ahora nuestra esperanza es conseguir alguna combinación de vuelos que nos lleve a Europa y de ahí a casa», explica. Sus hijos, sus hermanos y sus amigos en Ourense están bien y eso es lo que más anima a Julio. También pasea cada día junto a su mujer porque allí no hay confinamiento.

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