¿Por qué el océano más grande del mundo se llama Pacífico?

Hasta el año 1520 la cuenca oceánica más extensa del planeta no tenía nombre. Lo bautizaron durante uno de los viajes más importantes de la historia


En el siglo XVI el planeta estaba en manos de dos superpotencias navales. Portugal dominaba el este y España el oeste. Ambos países mantuvieron una lucha sin cuartel por hacerse con la ruta de las especias, un bien más cotizado que el oro. Quien gestionase las vías de suministro se haría con el control del comercio del mundo. En este contexto histórico, se cruzaron los destinos del monarca Carlos I y el navegante Fernando de Magallanes.

El español quería ampliar las fronteras de su reciente reinado mientras que el portugués quería demostrar una teoría que sus propios compatriotas habían menospreciado: la existencia de un canal que comunicaba el Atlántico con un océano que por entonces no tenía nombre. Carlos I confió en Magallanes y decidió concederle una flota con cinco naves. Esa decisión no gustó nada a los capitanes de la armada española que pensaban que Magallanes era, en realidad, un espía. Desde el primer minuto se respiraba un ambiente de tensión entre los miembros de la tripulación hispano-portuguesa y el motín parecía una posibilidad real.

En la primera etapa de la misión en busca del estrecho solo Magallanes parecía confiar en el éxito y tener claro la hoja de ruta, mientras el resto de los hombres no entendían ni el rumbo ni sus planes. Después de varias semanas bordeando el litoral americano, divisaron una apertura. Pero las ansias cegaron al portugués. No se trataba de ningún paso sino de la desembocadura del río argentino de La Plata. La duda se despejó cuando probó el agua y descubrió que era dulce.

Aquel intento fallido solo consiguió elevar todavía más la tensión. Por si fuera poco, a medida que descendían en latitud, el frío se recrudecía y la comida empezaba a escasear. La rebelión se produjo finalmente el 2 de abril de 1520, liderada por el capitán español Juan de Cartagena. Los fieles a Magallanes resistieron y el portugués ejerció de juez supremo, tal y como le permitían las leyes marítimas, y condenó a Juan de Cartagena al destierro en el gélido cabo argentino de San Julián. Aquel episodio permitió que el marino Juan Sebastián Elcano ascendiese de mando y se pusiese al frente de la nave.

Magallanes continuó el viaje por los hostiles mares del sur, donde perdió la embarcación Santiago debido a los efectos del fuertes vientos y las olas gigantes. Meses después encontró una nueva apertura hacia el oeste. Para no cometer el mismo error, lo primero que hizo fue saborear el agua. Comprobó que era salada y solo entonces decidió proseguir y adentrarse. El ansiado paso que no existía en ningún mapa resultó ser un laberinto inhóspito. En el diario de la expedición describieron el lugar como lo más parecido al infierno, en parte porque se encontraron con cientos de incendios que procedían del interior, de una tierra que el propio Magallanes creía deshabitada. Decidió nombrar aquella región como Tierra de Fuego. El 21 de octubre de 1520 completó el estrecho y llegó a un vasto mar, que parecía mucho más tranquilo que el que habían dejado atrás. Por ello, lo bautizó como Pacífico. 

Cuando Venus salvó millones de vidas

xavier fonseca

La expedición liderada por James Cook para observar un tránsito de Venus desde el Pacífico permitió descubrir un remedio para una de las enfermedades más mortales de la historia

La materia y la energía oscura son hoy los grandes misterios de la ciencia que estudia el cosmos. No hace mucho, en el siglo XVIII, el mayor enigma era el tamaño del universo. «Por entonces se desconocía cómo de grande era el sistema solar o los kilómetros de distancia que había entre la Tierra y el Sol», reconoce el astrónomo Borja Tosar. El científico inglés Edmund Halley descubrió la forma de responder a la gran pregunta de su tiempo. La clave estaba en los tránsitos de Venus. «Cuando pasa por delante de la estrella se aprecia como un punto negro atraviesa el disco solar», explica. Anotando el inicio y el final del tránsito desde diferentes lugares del mundo, lo más alejados posible, se puede saber la distancia entre la Tierra y Venus primero y el Sol después, mediante una técnica conocida como paralaje. «Si Venus pasa entre la Tierra y el Sol y tenemos al menos dos puntos de referencia es posible hacer un triángulo que permite calcular distancias», comenta Tosar.

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