«Al principio de la emergencia sanitaria, la reacción de la ciencia fue decepcionante»

El divulgador Pere Estupinyá considera que figuras como la de Simón quedarán marcadas por la política


colpisa / madrid

 Cuando el prestigio de la ciencia parecía haber tocado fondo entre los políticos, que solo la ponían entre sus prioridades si se trataba de hacer recortes, la crisis sanitaria del coronavirus ha devuelto al primer plano la importancia del conocimiento. Discípulo de Eduard Punset, el bioquímico Pere Estupinyà (Tortosa, Tarragona, 1974) ha sido uno de esos investigadores que a través de los medios intenta divulgar la ciencia. Ahora lo hace con un libro, A vivir la ciencia (Debate), en el que reivindica un saber conectado con la sociedad.

-La emergencia sanitaria del coronavirus ha revalorizado el conocimiento científico.

-Hacía tiempo que los científicos habían dicho que podía ocurrir que un virus zoonótico pasara a humanos y causara una epidemia. Esto nos hace ver que la ciencia necesita tres cosas: financiación, la primera. Pero también atención: que los mensajes de los científicos se escuchen. Y dirección: no solo que los investigadores pidan a los políticos dinero y recursos, sino que la sociedad se convenza de que hay que exigir cosas a los científicos, que a veces están demasiado centrados en sus líneas de investigación. Yo reivindico una ciencia que aparte de curiosa, sea útil para solucionar ciertos problemas. Por ejemplo, me encantaría que un alcalde le dijera a un investigador: «Si por el cambio climático va a haber grandes tormentas en mi pueblo, ¿qué tengo que hacer?». El protagonismo en la ciencia lo tienen que tener las personas.

-Pero en la crisis del coronavirus, sí parece que los mensajes de la ciencia estén teniendo una buena ‘traducción' para el gran público: lavarse las manos, guardar la distancia social...

-Es lo que ha hecho el médico toda la vida, que receta una pastilla a una persona mayor, pero no hace falta que le explique el mecanismo molecular por el que funciona esa pastilla. Es una cuestión de confianza. Durante la pandemia estamos viendo que los procesos se siguen en tiempo real: vacunas, hidroxicloroquina... A la ciencia le ha tocado ir cambiando de criterio, y hay que reconocer que al principio de la crisis, la reacción de la ciencia fue decepcionante. Tanta inteligencia artificial y la solución que se propuso fue el confinamiento masivo. La ciencia, inicialmente, no ha logrado nada, los epidemiólogos se han equivocado y ¿dónde está Silicon Valley? ¿Dónde están aquellos que quieren volcar nuestra inteligencia en ordenadores o hacernos inmortales? La ciencia ha sido así. Yo tengo que decir que a mí no me ha decepcionado porque conozco cómo son los procesos, pero puedo entender que haya un ‘efecto rebote' y que algunas personas se muestren incrédulas.

-Pero ha quedado muy tocado el mensaje de los antivacunas, ahora que se sabe que sin vacuna, no se saldrá de esta situación.

-Les podríamos decir: ¿Queríais un mundo sin vacunas? Pues aquí lo estáis viendo. De todas formas, no hay tantos antivacunas radicales, aunque hacen mucho ruido. Lo que hay es mucha gente con dudas y creo que es esa gente la que se va a dar cuenta de la importancia de las vacunas.

-¿Habrá que esperar a 2021 para tener una contra el virus?

-Los científicos nos están diciendo que hay que esperar entre doce y 18 meses, imposible antes. No, imposible antes si se hace como se ha hecho siempre. Pero ya tenemos a la Universidad de Oxford, que ha anunciado que va a cambiar la fase tres del proyecto de vacunas. Para ganar tiempo, va a inyectar el virus en jóvenes sanos y va a ver si protege o no. Y mientras, la va a ir produciendo. Si funciona, bien, y si no, pues se perderá, igual que se pierde el armamento de los militares si no hay guerras. Ha habido grandes inversiones, cooperación entre laboratorios... Si todo sale bien a la primera, podemos tener vacunas en un tiempo récord.

-¿Es bueno que personas de ciencia como Fernando Simón o Pedro Duque tengan visibilidad?

-Bueno, matizo, Pedro Duque no se considera a sí mismo científico, sino ingeniero. Pero sí, es bueno. En el mundo anglosajón hay muchos referentes científicos, en España lo normal es que si uno empieza a destacar, genere rechazo. Creo que es una oportunidad, pero a la vez dudo que Simón o Duque se puedan convertir en referentes. A la ciencia se le exige neutralidad y objetividad, los referentes científicos deben estar impolutos, pero ellos ya están manchados por la política. La política no es objetiva, no es neutra, la política es lo contrario a la ciencia porque tiene que defender una posición y, si es necesario, tergiversar datos para hacerlo. Por ejemplo, con la crisis que viene, en algún momento le tocará a Pedro Duque justificar recortes en los presupuestos de ciencia y seguro que encontrará datos para mantener esa posición, aunque él sea contrario a ello.

-¿Se ha explicado bien la ciencia con el coronavirus?

-A veces, no. Cuando un jueves se anunció que se cerraban las universidades y se pidió a los estudiantes que no se movieran de casa, faltó psicología para darse cuenta de que lo que iban a hacer era marcharse a sus pueblos a pasar el confinamiento con sus padres. Lo tenían que haber dicho un lunes, aunque la gente después se les hubiera echado encima.

-Otro problema en esta crisis ha sido el de los bulos.

-Lo que tienen los bulos es que la mayoría de ellos parecen verdad y además, vienen por whatsapp de gente en la que confiamos, mientras que a los científicos no los conocemos. Pero con quien hay que tener mano dura es con aquellos que quieren vender sus plantas y sus remedios a través de mentiras. Yo me pregunto: si un algoritmo permite a Instagram censurar un pezón, ¿por qué no lo hace con estos mensajes? 

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