La hostelería compostelana busca nuevas oportunidades en la crisis

Locales emblemáticos de la ciudad como el Krystal, Candilejas, Volga y La Jarra dicen adiós al llegar sus propietarios a la jubilación, pero ya tienen «novios» dispuestos a asumir el relevo


santiago / la voz

El covid les dio el empujón que estaban esperando para cerrar una etapa de sus vidas, pero la decisión de varios hosteleros veteranos de Santiago era algo esperado en el sector desde hace meses. Tras el cierre del Derby se conoció el finiquito de tres locales emblemáticos del Ensanche: la cafetería Krystal y de los bares Jarra y Volga, ambos en Santiago de Chile. En el casco histórico, aunque con un cierre anterior al covid, el adiós viene desde El Candilejas, en la praza de Mazarelos.

El Krystal, punto de referencia de muchas pandillas de jóvenes para las quedadas de fin de semana, cerró sus puertas coincidiendo con la alarma de la pandemia y Manolo Pensado no volverá a abrir. A sus 74 años, y con una dilatada vida en la hostelería de Santiago, decidió que tras 60 años de trabajo bien se merecía un descanso. Su primer trabajo fue en el Venecia, y pasó por el Milay, Libeliña, Duque, y finalmente el Krystal durante los últimos 34 años. Su hermano, Alfredo, jubilado por enfermedad hace unos diez años bromea asegurando que su hermano «es más trabajador, pero todo llega». Ahora pendientes de resolver un problema con la salida de humos del local, asegura que el Krystal ya tiene «varios novios» interesados en su reapertura, y «son profesionales de la hostelería, conocidos y que sé que responderán», apuntó Alfredo.

El que ya tiene relevo, y además con garantías de éxito, es el Candilejas. Cerrado unos meses antes de la llegada de covid, Alén Tarrío firmó el contrato de alquiler a principios de marzo, solo dos semanas antes de la pandemia. Su nuevo proyecto gastronómico no supondrá el cierre del Pampín, en San Pedro, «aunque nos está costando mucho mantenerlo abierto, quiero pelear por él, porque me ha dado todo lo que soy», explica. Actualmente, «por las dimensiones solo puedo tener cinco mesas, y unos días funciona, pero otros es duro». Su proyecto definitivo para el Candilejas dependerá de la solución que le aporte el Concello para la salida de humos, «porque necesito entrar con buen pie. Si se arregla será una cocina con destellos del Pampín, pero con vida propia; y, sin arreglo, pues se preparará en el Pampín y se trabajará de otra forma».

Frente al Candilejas, el antiguo Silveira, que después pasó a ser A Porta do Viño es ahora Solleiros, gestionado por Ana Portals, hermana de Borja, gestor de A Curtiduría. Muy cerca del Candilejas, y además gestionado por el hijo del anterior propietario, el Pepa A Loba también resurge con aires nuevos tras superarse los peores momentos del covid.

El movimiento de la hostelería compostela no se queda ahí. Martín Pais, del restaurante Orixe, en Casas Reais, también inició una nueva aventura empresarial con la apertura, en el mismo local del antiguo estanco de Casas Reais, del Ultramarinos Orixe como antesala del restaurante y donde se puede tomar un vino y probar alguna vianda al más puro estilo de los ultramarinos de antaño.

Pero si hay movimientos de cierres y aperturas en el casco histórico en plena desescalada, en el Ensanche también se perciben cambios. Por ahora, los propietarios de La Jarra y el Volga, dos de los locales de moda entre varias generaciones de universitarios, tampoco volverán a las barras del bar en la etapa postcovid. A buen seguro, los dos establecimientos tendrán hosteleros interesados en evitar que se pierdan locales que forman parte de los recuerdos de los compostelanos, y tantas horas de diversión dieron a lo largo de sus años de historia.

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