Diogo consigue al fin una mano derecha por su undécimo cumpleaños

«Ya soy como los demás», dice el niño portugués que lanzó el fenómeno de los tapones

Diogo Farinhoto ha recibido el regalo más especial de cumpleaños. El bebé portugués que nació sin una mano y que popularizó en Galicia el verbo taponear como la acción de coleccionar tapones de plástico (aunque en la RAE su única acepción reconocida es la de obstruir), ha apagado las once velas con la misma sonrisa que conquistó a miles de personas, pero ya con dos manos. La «nueva normalidad» de Diogo es incluso mejor que la anterior a la pandemia. Para él, nunca resultó un problema que le faltara una extremidad e incluso tiene el mejor expediente académico de su curso. Solo con la adolescencia se le despertó la necesidad de «ser como los demás», explica su madre Elisabete Farinhoto.

Todos los niños son únicos y especiales, pero Diogo encandiló a cuantos conocieron su historia por una naturalidad y fortaleza que le permitían levantar con solo una mano y no más de sesenta centímetros de altura, sacos llenos de envases de plástico que doblaban su propio peso, sin perder nunca la sonrisa. En el 2014 había recibido una prótesis mioeléctrica, pero no la resistió mucho y solo pudo usar la de plástico, que también tuvo que desechar pronto porque se le quedó pequeña para evitar los temidos problemas de desarrollo en los huesos que la familia temía más que él. En el 2011 apeló por primera vez a los gallegos y, un año después, era un niño de 3 años que ya apadrinaba un banco con miles de abonados aprendiendo a clasificar envases de plástico para financiar prótesis. Y no solo la de él, sino la de decenas de menores a los que estos plásticos que, antes de Diogo y de la pequeña Paula Nieto, de Boiro, solo llegaban a los contenedores amarillos.

«Verlo feliz porque se siente igual a todos es mi mejor regalo», indica la flamante mamá que, mientras acarreaba tapones para Diogo, consiguió también cursar su propia carrera y en la actualidad, ya licenciada en Matemáticas, ejerce como profesora. Diogo puede ahora agarrar, levantar y jugar con su mejor compañero de por vida, su hermano menor, aunque los abuelos desvelaron que la noticia no fue muy bien recibida por el único príncipe de la casa hasta entonces. Ambos son inseparables.

«Gracias por nacer», le dijo Diogo a Martín la primera vez que creyó que lo habían dejado a solas con él. Con 11 años recién estrenados y una mano que puede mover gracias a los electrodos, acude a sesiones de rehabilitación mientras ahorra para la bici. Desde pequeño, el fútbol y la bicicleta fueron siempre sus dos pasiones.

«Verlo feliz porque se siente igual a todos es mi mejor regalo», dice su madre

«Está entusiasmado. A todo el mundo le enseña lo que va aprendiendo con su mano nueva y progresa mucho, porque le falta tiempo para hacer todo lo que no pudo hasta ahora», confirma Elisabete. «Esta prótesis, que es la tercera mioeléctrica, le va a durar más tiempo, porque ya es un adolescente. De hecho, le queda un pelín grande, pero para que haya ese margen», explica su madre, para quien la frontera nunca está cerrada para agradecer la marea solidaria que recorrió Galicia por su hijo y que ahora continúa facilitando terapias, prótesis y todo tipo de ayudas a otros niños.

«Ahora ya puedo hacer de todo, ya tengo dos manos, hasta puedo atarme yo solo los tenis», dice el ya jovencito Diogo Farinhoto. Esta mano que le abre un mundo nuevo es fruto también de otro de esos huracanes solidarios que desata. El polifacético presentador y cómico Fernando Rocha organizó a principios de año una gala solidaria para recaudar los 16.000 euros que cuesta y el auditorio de Caminha se le quedó pequeño. Un total de 1.300 personas de Portugal y Galicia llenaron el aforo. Se consiguieron 13.000 euros en entradas y el doctor Marco Baggini, que le coloco la prótesis en Braga, asumió el resto. Además de nadar como nunca, Diogo ya se entrena para su siguiente reto: coger en colo a Martín.

La recogida de tapones vuelve a coger auge y desborda previsiones

maría hermida

Amigos de Galicia juntó ya buena parte de los 47 millones de tapas de su campaña

Hace años que muchísimas familias, empresas y colegios juntan tapones para donarlos; es una forma de ser solidario que no cuesta un euro ni demasiado esfuerzo, de ahí su éxito entre los ciudadanos. El problema es que la recogida no siempre es fácil, ya que implica una logística importante y un coste de transporte grande. Relacionado o no con este hecho, el banco de tapones solidario que se llevaba muchísimo plástico de Pontevedra, Banta, fue dejando su actividad. Eso hizo que la recogida de plástico se relajase un poco, por la confusión que había en cuanto a quién iba a recoger las tapas, etc. Han pasado unos meses desde entonces. Y, afortunadamente, la ciudad está en un escenario completamente distinto. La recogida de tapones vuelve a estar en pleno auge y la mejor prueba de ello es lo que ha ocurrido con la campaña de los trajes ortopédicos.

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