«Desde el año 1945 el océano le ha robado a Galicia 18 metros de playa»

Los científicos dicen que el afloramiento costero es un aliado pero advierten sobre la presencia de las especies tropicales

Vista aérea del Parque Nacional das Illas Atlánticas (Islas Atlánticas). Polígono de bateas (Batea de mejillón) de mejillones en Cangas.
Vista aérea del Parque Nacional das Illas Atlánticas (Islas Atlánticas). Polígono de bateas (Batea de mejillón) de mejillones en Cangas.

redacción / la voz

Los seres humanos que habitan hoy el planeta tienen una visión romántica de la naturaleza. Pocos se paran a pensar en los servicios tan valiosos que ofrece. Las antiguas civilizaciones tenían una relación mucho más estrecha con el medio natural porque entendían que la supervivencia dependía de él. En este sentido nada ha cambiado, salvo nosotros. «El océano es fundamental para los seres vivos. De hecho, la vida surgió en los mares. Más del cincuenta por ciento del oxígeno que respiramos procede del océano y absorbe un treinta por ciento del dióxido de carbono que se libera a la atmósfera», señala Xosé Antón Álvarez Salgado, investigador del Instituto de Investigaciones Mariñas del CSIC. El mar, como la atmósfera, no entiende de fronteras. Los efectos de la actividad humana se reproducen tanto en la costa del Pacífico como del Atlántico. He aquí las principales amenazas para Galicia y también alguna fortaleza.

Calentamiento del agua

A diferencia de otras zonas del mundo, la comunidad científica gallega dispone de una serie histórica de datos muy larga, gracias a la tradición pesquera gallega y al trasiego marítimo de esta zona. Estos datos permiten observar cómo ha evolucionado la temperatura del agua. «Tenemos registros desde el año 1900 que nos permiten asegurar que el valor medio anual ha aumentando 1,2 grados hasta ahora», apunta Álvarez Salgado, que mañana dará una charla sobre los efectos del cambio climático a través de Afundación en casa.

Nuevas especies

1,2 grados puede parecer una cifra menor, pero los cambios que ha generado son lo suficientemente intensos como para atraer nuevas especies y obligar a emigrar a otras. «Los peces se distribuyen a partir de lo que llamamos el óptimo de temperatura y nunca se van a salir de esas condiciones favorables. Como nuestras aguas están hoy más calientes que hace 120 años vemos cada vez con más frecuencia especies tropicales y también otras que se van hacia el norte, como las sardinas. Pero, además, esto representa un problema porque las nuevas pueden comerse a las autóctonas y alterar las redes tróficas», subraya el investigador.

Acidificación

El océano disuelve el dióxido de carbono que emiten los seres humanos. Eso frena el aumento de la temperatura del planeta. Aunque nada es gratis. Los mares se están acidificando. «Las aguas gallegas son hoy más ácidas, pero para que el descenso del ph produzca daños en organismos como el mejillón, tiene que descender también el carbonato por debajo de un valor determinado. En este sentido, Galicia cuenta con un aliado, el afloramiento de aguas profundas que activan los vientos del norte. En otros lugares del mundo, como Perú también existe este evento oceánico, pero allí las aguas están muy poco saturadas. En la costa gallega emergen sobresaturadas y de momento no observamos un problema en lo referente a la acidificación, aunque podría serlo ya a finales de siglo», sostiene el experto.

Nivel del mar

La huella del cambio climático que puede tener un mayor impacto en Galicia es sin duda el aumento del nivel del mar que produce la expansión térmica del océano y que provoca que ocupe más lugar del que le correspondería. «Tenemos datos desde 1945 que desvelan que ha aumentado 18 centímetros. Como ocurre con la temperatura, puede parecer poco, pero no lo es. Esa cifra marca la diferencia entre que una zona se inunde o no. Galicia tiene muchos kilómetros de costa y el avance del mar afecta a las infraestructuras y a las playas. Cada centímetro que crece, retroceden un metro. Esto quiere decir que desde el año 1945 se han perdido 18 metros de playa. Este cambio es muy difícil de detectar en nuestra comunidad por la acción de las mareas, pero a este ritmo llegará el momento en el que la pleamar cubra por completo muchos arenales, especialmente los más pequeños», concluye Álvarez Salgado. Los modelos predicen un incremento de hasta un metro a finales de siglo. Es decir, cien metro menos de playa. Además, en el país de los mil ríos y de la lluvia, las inundaciones no serían la excepción, sino lo habitual.

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