Ningún cambio previsto en Os Peares, el pueblo más singular de Galicia

Jorge Casanova
jorge casanova OS PEARES / LA VOZ

SOCIEDAD

VÍTOR MEJUTO

Los vecinos de este intrincado enclave se han movido libremente entre las provincias de Lugo y Ourense desde que pudieron salir de casa

08 jun 2020 . Actualizado a las 19:50 h.

Os Peares es el lugar territorialmente más singular de Galicia. Alrededor de unos trescientos habitantes se reparten entre cuatro concellos que a su vez pertenecen a dos provincias. El núcleo está enclavado cerca de un embalse y en el punto en el que se unen el Miño, el Sil y el Búbal, que es el río que realmente divide Lugo y Ourense. La farmacia están en una provincia y el contenedor de vidrio en otra. La tienda, el centro de salud, los restaurantes están salpicados por esta paella administrativa en la que las restricciones que se han ido desarrollando a lo largo de las diversas fases de este estado de alarma habrían llegado al paroxismo en este lugar: «Non, non, aquí hai tempo que temos un consorcio e funciona todo como un pequeno concello», explica el dueño de un bar desde el que se domina la mayor parte del pueblo.

Os Peares tiene otra singularidad que se aprecia en la única pancarta que cuelga en las calles del pueblo y que reza, sin logotipo ni ornamento alguno, un escueto: «Alberto, o noso presidente»: es el pueblo de Feijoo. Y allí lo llevan a gala: «Seguro que no va a tardar en venir», dice un parroquiano del bar. «Fue el que nos hizo el puente».

—No lo construiría él, ¿no?

—Pero sin él no se habría hecho.

Estamos en la provincia de Lugo, en el concello de Carballedo y los tertulianos son de Ourense, pero de Ourense ciudad. «No estamos infringiendo ninguna ley», dicen. Pueden moverse por toda la provincia y Os Peares es, de nuevo, el punto de encuentro. Tanto pueden estar los de Lugo como los de Ourense, de Foz a Verín. Solo allí, donde se juntan los tres ríos.

La gente del pueblo no es tan habladora como los tertulianos de Ourense que han venido a tomarse las cañas a este bonito lugar. Están un poco fritos de mostrar su singularidad. Al fin y al cabo, sin forasteros no les ha ido tan mal: «Aquí en el pueblo, que se sepa, no hubo ningún caso de coronavirus», —comenta Ramón, un hostelero de 53 años al pie de un restaurante que todavía está con la cocina cerrada. Las cosas van mejor, pero la gente, mayoritariamente de edad, no acaba de fiarse. En la tienda se entra de uno en uno y con mascarilla. Como tiene que ser. Hoy, con el cambio de fase, no se abrirán fronteras en Os Peares, el pueblo más singular de Galicia, donde los límites administrativos nunca fueron tomados muy en serio.