Caso Madeleine McCann: el laberinto de la investigación más famosa del mundo

La aparición de un nuevo sospechoso, un hombre alemán con un amplio historial delictivo, pone de manifiesto que la búsqueda de la niña nunca se ha detenido. Un enigma que dura 13 años que deja pocos motivos para la esperanza

Imagen de Madeleine McCann poco antes de su desaparición en el 2007
Imagen de Madeleine McCann poco antes de su desaparición en el 2007

Redacción

Desapareció de la forma más misteriosa posible cuando solo tenía tres años. Y de eso han pasado ya más de 13. Con todo, el caso de la niña británica Madeleine McCann es uno de los más enigmáticos del mundo. Lo es por la forma en la que todo sucedió, porque el imaginario público tiene grabada en su mente la imagen de esa niña rubia con una pequeña mancha en el ojo, pero también por el hecho de que, tras años de silencio y de la que parecía una acabada investigación, acaba de surgir el que parece el primer sospechoso en firme en mucho tiempo.

La noche del 3 de mayo del 2007

La reconstrucción y el supuesto paso a paso de la desaparición de Maddie es uno de los relatos más repetidos de los sucesos criminales de la historia reciente.

Jerry y Kate McCann, dos médicos de Leicester, habían viajado a Praia de Luz, una turística localidad del Algarve, para pasar unos días de vacaciones con un grupo de amigos, también con niños pequeños. Maddie dormía aquella noche en el apartamento alquilado por sus padres en un complejo vacacional junto a sus hermanos menores. A pesar de su corta edad, solo tres años, los McCann cenaban en un restaurante del recinto vacacional junto a sus amigos. Los adultos hacían rondas por los apartamentos para vigilar a sus respectivos niños. En una de esas vigilancias, Kate McCann se dio cuenta de que su hija mayor no se encontraba en la estancia. La voz de alarma se dio al instante y todo el complejo hotelero se volcó en los primeros minutos en buscar a la niña.

Jerry y Kate McCann en Praia da Luz en septiembre del 2007
Jerry y Kate McCann en Praia da Luz en septiembre del 2007

El caso más mediático

A las pocas horas, la noticia de la desaparición de la pequeña británica en el Algarve había dado la vuelta al mundo. El caso lo tenía todo: su corta edad, que la hubiesen dejado sola en la habitación y la posibilidad de que hubiese sido secuestrada.

Medios de todo el mundo viajaron a Praia da Luz. La imagen de unos Kate y Jerry McCann destrozados estaba en las pantallas y periódicos de todos los países. Había mucho revuelo, pero la investigación parecía dar pocos frutos.

Desde el primer momento se habló de que la supuesta escena del crimen, la habitación donde dormían los niños, había sido alterada por el ir y venir de los adultos en busca de Maddie. Por otro lado, a la policía portuguesa le llovieron críticas por cómo estaba encarando el caso.

Los primeros sospechosos

En aquellas dos semanas hubo dos sospechosos. Dos extranjeros que vivían en la zona. Uno de ellos, Robert Murat, un británico afincado en Portugal, colaboró en aquellos días de vorágine como traductor para los medios de comunicación internacionales y para la policía. Su entrega a la investigación le puso en el punto de mira. La policía registró su casa, que estaba muy cerca del hotel, e incluso excavó en su jardín. Aquella línea de investigación acabó en punto muerto. El otro interrogado fue un joven de origen ruso, Sergey Malinka, que tenía relación con Murat y al que supuestamente este llamó para mantener una conversación sobre el caso Maddie. Investigaron sus equipos informáticos y le interrogaron durante horas. Tampoco hubo resultados.

El punto de mira sobre los padres

Cuatro meses después de la desaparición de Madeleine, la imagen de los padres de la niña para la opinión pública da un giro de 180 grados. De aparecer como unos progenitores destrozados, pasaron a ser para muchos los principales sospechosos del rapto de la menor. La policía portuguesa entrevista primero a Kate McCann y a los pocos días, los padres de Maddie son considerados sospechosos. Una figura que en Portugal recibe el nombre de «arguido».

El propio Jim Gable, uno de los principales responsables de la investigación desde la policía británica, mantuvo que en un primer momento pensó que el culpable de la desaparición era el padre de la niña, aunque aseguró que tiempo después creyó en su inocencia.

Otro de los momentos críticos tuvo lugar cuando los investigadores dieron con una muestra de ADN en el dormitorio de Maddie. La correspondencia era de más de un 80% con la de los McCann. Se habló de otra muerta de sangre, que los investigadores habrían encontrado en el maletero del coche alquilado por la familia para sus vacaciones. Pasado un tiempo, se barajó que el automóvil había sido alquilado, pero tras la desaparición de la niña.

Tras estos acontecimientos, la familia regresa a Reino Unido pero los McCann se desplazan por todo el planeta para mantener vivo el recuerdo de su hija.

Complejo hotelero en el que se alojaba la familia
Complejo hotelero en el que se alojaba la familia

Vuelta al momento de la desaparición

Pocos antes de cumplirse un año de la desaparición y de haberse hecho público un retraso robot de un posible sospechoso -un supuesto depredador sexual británico que habría estado en la zona- la policía portuguesa se centra en el grupo de amigos de los McCann. Aquellos que se encontraban con ellos en la que Madeleine desapareció de su habitación. Salen a la luz las múltiples contradicciones de sus testimonios. 

En los siguientes años, las críticas de los McCann hacia la investigación portuguesa se recrudecen y mantienen que las autoridades no hicieron lo necesario para encontrarla.

Investigación privada

La búsqueda de Madeleine no solo se llevó por cauces oficiales, la de la policía portuguesa o la de Scotland Yard. Los McCann, apoyados por capital privado, contrataron a detectives para buscar a su hija por todo el mundo. Fue uno de los elementos más reveladores del documental sobre la desaparición de la pequeña, que se estrenó en marzo del 2019 en la plataforma Netflix. En esta producción participa incluso un investigador de la agencia española Método 3, Julián Peribánez. Entre los argumentos que esgrime la investigación privada están, desde que la pequeña fuese raptada por una red de trata que la había sacado del país, hasta que Maddie hubiese salido del apartamento y hubiese sido atropellada de forma accidental, por lo que los culpables se habrían deshecho de su cuerpo.

Investigación constante

Aunque el paso de los años suele desactivar las investigaciones, en este caso Scotland Yard siempre ha mantenido la búsqueda. Los McCann han estado muy bien relacionados. En el 2009 se reunieron con Alan Johnson, el ministro de Interior británico, y el 2011 con Theresa May, entonces también titular de Interior, quien les recibió y puso en marcha la Operación Grange. Se interrogó a más de 1.300 personas.

A lo largo de los años, numerosas personas aseguraron haber visto a la niña en países como Portugal, España, Marruecos, Grecia y Turquía.

2019: «más cerca que nunca»

Hace casi un año, saltaba la noticia. El Mirror inglés adelanta en exclusiva que la policía británica podría estar cerca de resolver el caso después contemplar un nuevo sospechoso, un extranjero que estaba en el Algarve en el momento de la desaparición de la pequeña en el 2007.

Los agentes portugueses afirmaban estar «más cerca que nunca de saber lo que le pasó a Madeleine».

Lo poco que se supo fue que en la investigación colaboraron las policías de Portugal y Reino Unido.  «Solo la policía sabe quién es el sospechoso», publicaba Mirror.

Apenas se dieron más datos.

2020: un sospechoso con nombre y apellidos

La noticia saltaba hace solo unos días: un alemán de 43 años, Chistian Brueckner, es sospechoso oficial de la desaparición de Maddie. Se trata de un hombre con un dilatado expediente criminal que se encuentra en prisión. Brueckner vivió en Portugal de 1995 al 2007 y había salido de prisión unos meses antes de la desaparición de la niña por otra condena. Se marchó de Portugal en el 2007, un día después de la desaparición de la niña británica.

El sospechoso del caso McCann: un niño conflictivo que acabó en un reformatorio

La Voz
Christian Brueckner, sospechoso en el caso Madeleine McCann
Christian Brueckner, sospechoso en el caso Madeleine McCann

En su dilatado expediente criminal figuran tres delitos sexuales y varios por drogas

Poco a poco se van conociendo más datos del sospechoso de la desaparición de Madeleine McCann, la niña británica de apenas tres años de la que se perdió el rastro en el Algarve de Portugal en mayo del 2007, hasta el punto de que ya se puede hacer casi un perfil de su infancia y su trayectoria criminal. Según publica el tabloide británico Daily Mail, Christian Brueckner fue adoptado cuando era un bebé por un matrimonio de la ciudad alemana de Wurzburgo, después de que su madre biológica lo abandonara. Pero un trágico suceso cuando él tenía tan solo 14 años provocó que sus padres lo enviaran a un reformatorio de menores al sentirse incapaces de disciplinar a su hijo. Los vecinos cuentan al rotativo inglés que era un joven que cada vez se metía más en problemas, que «necesitaba una mano firme» y que el hecho de que su padre sufriera un trágico accidente de tráfico que le provocó daños cerebrales, hizo que su madre se viera incapaz de asumir los cuidados de su marido y de su hijo que ya presentaba un comportamiento conflictivo en aquella época.

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