Begoña Pena: «Es una pena, pero pronto el consumidor olvidará el papel que hemos jugado»

La dueña de la huerta sostenible Olor y Sabor, en Bergondo, recibió decenas de peticiones de productos mientras cosechaba la verdura de verano

Begoña Pena estuvo adelantando toda la cosecha de productos de verano
Begoña Pena estuvo adelantando toda la cosecha de productos de verano

Redacción / La Voz

El 13 de marzo fue el día en que se decretó el estado de alarma. A esas alturas del año las huertas en Galicia están justo con el cambio de estación. Espinacas, acelgas y otras verduras de hojas están en temporada. Lo sabe bien Begoña Pena, la mano que está detrás de la huerta sostenible Olor y Sabor, en Bergondo. Ella sabe mucho de lo que se cuece en el campo porque creció en él, en la explotación de ganado de sus abuelos que luego pasó a manos de su madre y que ella reconvirtió en una huerta sostenida por energía solar.

Durante los últimos meses no ha dejado de trabajar. Parte de lo que tenía previsto comercializar a través de restaurantes, como la flor comestible, tuvo que desecharlo, restos que fueron aprovechados por abejas y demás insectos polinizadores. «Nuestros productos son perecederos, lo que no sale, se pierde», comenta.

Tuvo trabajo por partida doble porque, además de formar parte de un sector esencial como el agrícola, su labor también fue fundamental en casa. «Tengo un hijo de 17 años que se presenta a la selectividad, y tenemos que estar pendientes de las clases online. También tengo dos gemelos que en marzo cumplieron diez meses y estaban en pleno cambio de gatear a andar», cuenta. La suerte es que su marido, militar, estaba en casa. «Él pudo disfrutar de los niños, mientras yo trabajaba», comenta.

En ese tiempo, mientras preparaba la huerta para las verduras de verano —ya ha acabado de plantar de forma escalonada tomates y pimientos— recibió montones de llamadas de gente que pedía que le mandaran sus verduras a casa.

«Tuvimos muchas peticiones de consumidores que buscaban lo mismo que había en el súper, pero claro, esto es Galicia y las huertas tienen lo que tienen en cada momento del año», se queja. «Es una pena, pero pronto el consumidor olvidará el papel que hemos jugado». Se explica: «Las primeras semanas fueron al supermercado y compraron de todo, luego vieron que no podían salir de casa y comenzaron a llamar. Ahora a ver cuántos continúan pensando en el producto de cercanía».

Y hace otra puntualización: «El consumidor ha de darse cuenta de cómo puede ser que al agricultor le paguen diez céntimos por la cebolleta que en el lineal del supermercado está a 1,5 euros».

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