La previsión del tiempo que cambió el mundo

El 6 de junio de 1944 las tropas aliadas cogieron desprevenidos a los nazis en las playas de Normandía gracias a la estrategia de los meteorólogos

Fotograma del largometraje Salvar al soldado Ryan
Fotograma del largometraje Salvar al soldado Ryan

La victoria de los aliados frente a Hitler en la Segunda Guerra Mundial nunca habría sido posible sin la intervención de la ciencia. Fueron matemáticos ingleses, y no un ejército, quienes descifraron el código nazi. Se estima que intervenir las comunicaciones alemanas redujo el conflicto un año y salvó millones de vidas. En el éxito del desembarco de Normandía también jugó un papel fundamental un grupo de meteorólogos. En la primavera de 1944 la operación Overlord se diseñó con el objetivo de desembarcar a miles de soldados ingleses, americanos y canadienses en Francia. Las tropas alemanas conocían las intenciones de los aliados, así que no solo blindaron la costa francesa sino que llenaron sus playas de minas. Para evitar los explosivos, el desembarco tendría que realizarse en luna llena o nueva, con mareas vivas.

De esta forma solo había una ventana de oportunidad cada quince días. Una de ellas se abrió a comienzos de junio. El problema era una borrasca profunda en el Atlántico norte. Con aquel pronóstico de temporal en la mano, los nazis descartaron el desembarco para esas fechas. Sin embargo un grupo de meteorólogos ingleses y americanos revisaron la previsión. El equipo estaba dirigido por el noruego Sverre Petterssen, de la escuela de Bergen, donde nació la meteorología moderna. Antes era una ciencia puramente observacional y la única herramienta de trabajo del meteorólogo era su intuición. El punto de inflexión llegó con el telégrafo a finales del siglo XIX, que permitió acceder a información simultánea y disponer de una idea más clara sobre cómo funciona la atmósfera a nivel global. Esa tecnología ayudó al creador de la escuela, Vilhelm BJerknes, a trasladar las matemáticas a los pronósticos meteorológicos. Vilhelm y su hijo Jacob también teorizaron sobre conceptos que en la actualidad son habituales en los partes, como masas de aire y frentes. Al tratarse de ideas nuevas, había que bautizarlas y esos investigadores noruegos usaron la palabra frente porque la forma alargada y estrecha que presenta la estructura atmosférica les recordaba mucho a las posiciones de las tropas más avanzadas que luchaban durante la Gran Guerra.

Petterssen y su equipo comenzaron a estudiar en profundidad el pronóstico mediante la técnica de análogos que consiste en analizar situaciones anteriores parecidas y ver qué sucedió al final. Entre el 1 y el 5 de junio de 1944 estos científicos se encerraron para diseñar una previsión que acabaría siendo la más importante de la historia. La tensión entre ellos fue máxima. No se ponían de acuerdo sobre la evolución de la borrasca y el anticiclón de las Azores. Unos apostaban por la mejoría del tiempo y otros por la persistencia de la inestabilidad. Finalmente acordaron que el anticiclón ascendería hacia el norte y las condiciones mejorarían en el Atlántico el 6 de junio. Así se lo hicieron saber al general Eisenhower, que no dudó, y dio orden de iniciar la operación esa misma madrugada. El desembarco en las playas francesas se completó con éxito y además cogieron desprevenidos a los nazis.

El día que nació la previsión del tiempo

XAVIER FONSECA

El emperador Napoleón III encargó al director del Observatorio de París, Urbain Le Verrier, que investigara si se podía predecir el tiempo

La atmósfera no entiende de aliados ni de enemigos. Pero cuando interviene en un conflicto bélico puede decantar la victoria o la derrota de un lado u otro. En 1815, en la campiña de Waterloo, en Bélgica, las lluvias torrenciales retrasaron la ofensiva de las tropas de Napoleón contra los ingleses del duque de Wellington. Aquella demora permitió que el ejército prusiano llegara a tiempo al lugar de la batalla para unirse a los ingleses. El temporal firmó la sentencia del emperador francés.

En el otoño de 1854, en plena guerra de Crimea, que enfrentó a Rusia contra la triple alianza formada por el imperio otomano, Francia e Inglaterra, la meteorología también jugó un papel determinante. El 14 de noviembre una profunda borrasca se formó coincidiendo con el sitio a la ciudad de Sebastopol, donde los rusos tenían la principal base en la región. La flota aliada perdió, como consecuencia de los vientos huracanados, unos 1.500 marineros y cerca de sesenta embarcaciones, entre ellas El Príncipe, el buque insignia de la Armada. Los aliados acabarían ganando la contienda, pero no olvidaron el gran impacto que había causado aquel desastre meteorológico. En Francia, el emperador Napoleón III encargó al director del Observatorio de París, Urbain Le Verrier, que investigara si de alguna forma se podría haber anticipado el temporal. El matemático realizó una gira por diferentes observatorios de Europa para recoger datos que le permitieron dibujar la trayectoria que había tomado el sistema de bajas presiones. Le Verrier llegó a la conclusión de que, de haber tenido la información en tiempo real, se podría haber pronosticado el paso de la borrasca y por tanto se habría evitado la catástrofe. El propio Le Verrier recomendó que se crease una red de estaciones meteorológicas por todo el país para intercambiar información a través del telégrafo. Así nació la ciencia del tiempo. El siguiente capítulo de esta historia lo protagonizaría el inglés Robert Fitzroy, que a mediados de siglo se convertiría en el primer meteorólogo en publicar los pronósticos en un periódico: The Times.

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