Portugalete, el ejemplo de la resistencia frente a la okupación

Iago García
Iago García REDACCIÓN | LA VOZ

SOCIEDAD

Vecinos del barrio de Repelega, en Portugalete, manifestándose contra los okupas y consiguiendo el segundo desalojo en dos días de una vivienda allanada esta semana
Vecinos del barrio de Repelega, en Portugalete, manifestándose contra los okupas y consiguiendo el segundo desalojo en dos días de una vivienda allanada esta semana ATLAS

Lo hicieron el pasado invierno con una vecina de 94 años, forzando con multitudinarias manifestaciones de rechazo el desalojo de los okupas que se habían hecho fuertes en la casa en la que la anciana había vivido ocho décadas. Ahora, los justicieros vecinales ya han devuelto dos viviendas en dos días

05 jun 2020 . Actualizado a las 18:58 h.

En La Voz, has podido leer recientemente como en el exclusivo barrio coruñés de A Zapateira, dos exclusivas viviendas unifamiliares habían sido okupadas durante estas últimas semanas de estado de alarma. Los perfiles eran diferentes, en un caso se trataba de una familia con hijos que argumentaba una situación desesperada de supervivencia y en el otro, se trataba de tres personas jóvenes, una de las cuales se jactaba en las stories de su Instagram -cuyo perfil en esta red, ya eliminado, era privado y vetado a miradas curiosas, paradójicamente- de tener «el vestidor más grande que has visto en tu vida».

Se trataba de viviendas a la venta con precios cercanos al millón de euros, lo que podríamos definir como el «paraíso okupa». Frente a él, y a unos 550 kilómetros tomando la A-8 por la cornisa cantábrica, en Portugalete, está el «infierno okupa».

En Portugalete, son los vecinos los que practican una defensa numantina frente a los allanadores. No de forma individual, a lo Clint Eastwood en Gran Torino, sentados en una mecedora escopeta en mano, si no de forma colectiva bajo el clásico lema «la unión hace la fuerza». El barrio de Repelega de la localidad vasca es una fortaleza en la que la especie okupa tiene difícil su supervivencia. El modus operandi de esta brigada vecinal solidaria ha sido esta semana efectiva en dos ocasiones.

El miércoles, en la calle Federico Martínez, el barrio protagonizaba una manifestación de rechazo frente a una vivienda okupada. El malestar iba en aumento dado que se produjo un robo con violencia en el que una vecina había resultado herida y que fuentes policiales relacionaban «con la okupación». Agentes de la Ertzaintza, tuvieron que desplazarse para proteger a los okupas, que ante la presión ciudadana decidían abandonar la vivienda «de motu proprio».

Apenas unas horas después, en la noche del pasado jueves, se repiten las muestras de rechazo. En este caso, y según el relato de los vecinos a los informativos de diferentes cadenas, ya solo quedaba en el interior del piso ocupado el padre de familia. Las quejas no eran por su comportamiento violento, pero sí por el nulo civismo e higiene para con los demás. De nuevo, intervención policial para proteger al okupa de la indignación en su contra. «Okupas no queremos», señalaba ante los micrófonos una vecina a la que le veía en la cara a partes iguales la mascarilla y el hartazgo.

Y es que Repelega ya tiene un amplio currículum en la lucha frente al okupa. En la guerrilla del allanamiento. En echar al que toma lo que no es suyo. El inicio fue, como en otros levantamientos populares, memorable. El pasado invierno recuperaron la casa en la que Vitori, de 94 años había vivido ocho décadas. «Ni la ley ni los policías pueden con ellos», decía entonces la anciana, mientras asistía atónita a los plazos de más de un mes que le daban para actuar de forma «legal». No sabía aún a quienes tenía por vecinos.   

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Centenares de personas en la calle. Unidos con un único objetivo. Y defendiendo a Victoria, su vecina desde hace 87 años del barrio de Repelega, en Portugalete. En este caso, además, se ha hecho justicia antes de que la justicia pudiese actuar. ¿Cómo? Ha sido el pueblo con su movilización masiva el que ha conseguido echar a los okupas que se colaron en casa de esta anciana de 94 años. 

Todo se remonta al domingo de la semana pasada cuando Vitori -es vasca- salió de casa para ir a la de su hermana. Algo de lo más normal. Lo anormal, vino después. Un grupo de más de diez personas aprovecharon que la vivienda estaba vacía para «dar la patada» y colarse dentro. Siguiendo con su modus operandi habitual, cambiaron la cerradura y sabedores de lo garantista que es en cuanto a plazos el proceso judicial contra los okupas pensaron que habían ganado. Pero esta vez, la unión sí hizo la fuerza necesaria para que no se salieran con la suya.

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