Beatriz Monteiro: «Estoy orgullosísima de llevar yo el dinero a casa; machismos, ninguno»

Esta madre de una familia de etnia gitana se ha hecho con un empleo en dos supermercados


La Voz

Beatriz Monteiro siempre ve el lado bueno de la vida. Se niega a dejarse llevar por la negatividad. Así que la oportunidad laboral que consiguió motivada por el estado de alarma la ha aprovechado al máximo. «Nunca le veo el lado malo a las cosas, sino, ¿para qué vives?», bromea. Tiene 33 años, es madre de una adolescente de trece años y un niño de 9, esposa de un marido que sufrió hace ocho meses un grave accidente laboral, y una mujer coraje de etnia gitana que ha tomado las riendas de su casa para tratar de llevar dinero al hogar. ¿Cómo lo consiguió? Gracias a la intermediación de la Fundación Secretariado Gitano, que ha mediado entre empresas que necesitaban sumar trabajadores y sus usuarios.

-¿Qué trabajo ha conseguido durante el estado de alarma?

-Antes de empezar la crisis del coronavirus trabajaba como limpiadora, una hora, en un Froiz. Cuando empezó el estado de alarma me aumentaron las hora y me contrataron en un Eroski. Ahora trabajo seis horas de lunes a sábado. Mi labor es desinfectar todo lo que toque cualquier cliente, los carros, la barandilla, la caja...

-¿Cómo era la situación en su hogar?

-Mi marido tuvo un accidente laboral y lleva ocho meses sin poder trabajar, cobra una ayuda de la Seguridad Social de 300 euros. Y yo, antes de esto, cobraba 100 euros de la risga. Así que dime tú con dos niños, una casa, luz y agua que pagar, ¿cómo sobrevives con 400 euros?

-Y ahora trabaja en uno de los momentos más peligrosos por la crisis sanitaria.

-Nunca había tenido la oportunidad de trabajar tantas horas. Siempre me contrataban para horas sueltas. He estado de limpiadora, haciendo inventarios, etiquetando... Así que el poder tener estabilidad ahora lo agradezco mucho. Es verdad que llego a casa muerta, porque no podría ni contar los carros que limpio en un día, pero ha sido algo buenísimo para mi casa. Nunca había entrado tanto dinero para la familia.

-¿Tuvo miedo de coger el virus?

-Siempre tienes el temor porque no se sabe muy bien cómo te puedes llegar a contagiar. Tienes que ir con guantes y mascarilla, y los primeros días iba a trabajar con un poquito de miedo. Pero conforme avanzaba se me quitó. Sobre todo, cuando veía la recompensa a final del mes, me levantaba muchísimo el ánimo. Soy una persona muy activa y me gusta estar trabajando y hacer cosas.

-Al trabajar en un supermercado, ¿cómo es volver a casa y tratar de evitar el contacto con la familia?

-Lo primero que hacía al bajarme del coche es echarme lejía en las suelas de los zapatos, que nunca los guardaba en casa, siempre en la puerta. Y al entrar, corriendo a desvestirme y ducharme.

-¿Cómo lo vive tu familia?

-Esto desmitifica los prejuicios que hay contra las familias gitanas. Muchas veces la gente piensa que es el marido el que tiene que llevar el dinero a casa. Pues no. En mi caso, desde el confinamiento llevo yo el dinero y estoy orgullosísima. Estamos en el siglo XXI, aquí no hay ningún machismo. Mientras yo trabajo mi marido se encarga de los niños, mi hija me ayuda haciendo las camas... Es muy bueno poder irme sin tiempo a dejar mi casa recogida y cuando vuelvo mi marido ya ha hecho la comida para mis hijos, han fregado y yo no tengo que preocuparme por eso. Solo ducharme y comer.

-¿Se ha sentido discriminada por ser de etnia gitana?

-Aunque hay muchos sitios en los que todavía la gente es muy racista, donde trabajo, para nada. Tienen un trato inmejorable y me dan mucho cariño. Es increíble. He sentido el apoyo de todos los compañeros. Estoy contentísima. Y cuando trabajé en la Casa Militar, más de lo mismo.

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