Carlos Mascías, director médico del HM Torrelodones: «Pasamos de ser héroes de aplauso en el balcón a villanos por momentos»

Tras sufrir el azote mayúsculo del covid-19 en Madrid, llama a la prudencia: «La memoria es corta»


La voz de Carlos Mascías (Madrid, 1971) denota responsabilidad, pero también cierta calma tensa (e intensa) tras lo vivido al frente del Hospital HM de Torrelodones. La pandemia azotó Madrid de un modo extraordinario como también lo fue la respuesta de los sanitarios, comenzando por la gestión particular.

-¿Cómo se encuentra?

-Estamos en un momento de reconstrucción, como cuando sales de los escombros tras un terremoto. Te miras y dices: «Estoy vivo». Esto ha cambiado mucho.

-¿En qué clases se dio esto?

-Cuando uno se forma, nunca se plantea algo parecido. Noté que tenían ventaja los profesionales con experiencia militar o cooperación en zonas muy complicadas, contextos que nunca pensamos que íbamos a vivir aquí.

-¿Por qué esa ventaja?

-Porque saben lo que es la gestión de la escasez. Eso fue determinante. Aunque no había pareces derruidas, estabas acostumbrado a una abundancia que se esfumó.

-¿Cuándo se dio cuenta de ello?

-El 11 de marzo. Había que priorizar el mando y tuve una charla con el personal. Les dije: «A partir de ahora las comunicaciones y la jerarquía estarán más marcadas». Necesitábamos ser superoperativos. Teníamos escasez hasta de información y recursos.

-¿Será que el mundo no ha concebido un sistema sanitario adecuado?

-Esto no ha sido una crisis sanitaria, sino de salud pública, de gestión del sano, no del enfermo. Es como pretender tener comida en casa para seis meses, por si acaso. No es cuestión de recortes, es que en condiciones normales no te mueves en ese escenario.

-Premio Princesa de Asturias.

-No somos héroes. Cargamos con los errores de los sanos que incumplieron el confinamiento. Es gestión de comunidad e individuo. La sensación que tengo es que la memoria es corta, tanto individual, colectiva e institucional. Es obligatoria la reflexión y no todos la están haciendo.

-Usted ha profundizado en el uso de tecnología. ¿Es el momento?

-Hay que aprender de cada momento. Ha cambiado la experiencia del paciente. Sabe que su relación con el sistema sanitario es otra ahora. Se le llamaba, se le cuidaba a distancia. No cambiemos eso. Ha sido un giro sustancial. El miedo es libre y muchos tenían miedo a venir al hospital. No abandonemos la investigación.

«Esto ha sido una crisis de gestión del sano, no del enfermo»

-¿Se vieron superados?

-Más de una vez.

-¿Cómo percibían los debates antivacunas, sobre donaciones...?

-Lo ves de un modo muy pragmático. Pensábamos: «Como no llegue ese respirador, ese EPI...» y te subías por las paredes. Creo que la gente ha visto poco de enfermos en ucis, o muriendo sola. Sé que es un debate espinoso la exposición de esas imágenes, pero que la gente ya esté con el chiringuito... da que pensar.

-¿Aquí no ha pasado nada?

-Si lo miras en el calendario, ha sido hace muy poco tiempo. Es un cisne negro. Hubo pacientes de cuarenta y pico años tres semanas intubados. Se murieron varios integrantes de la misma familia... Una barbaridad. Aunque en términos absolutos las cifras no sean tan altas, la comparación las pone en su verdadero lugar. El problema es que la gente no parece consciente de ello. Al que no le tocó cerca, ve cifras de seroprevalencia y mortalidad y cree que no es para tanto. Pero sin con tan poco porcentaje sucedió lo que sucedió, imagínate que se junte con la gripe, o haya rebrotes.

-¿Cómo veían a Galicia?

-No había perspectiva. Además, todo fue de repente y teníamos la cabeza solo en eso. Pasamos de una o dos camas para covid-19 a todo el hospital de repente. Nosotros estábamos conectados con los hospitales HM de Barcelona y Galicia. De lo contrario, no hubiésemos tenido perspectiva.

-¿Observa los disturbios en Estados Unidos en términos sanitarios?

-No. Somos cortoplacistas. Hay que explicar que esto ha sido muy fuerte. Explicar por qué morían mil personas al día.

-¿Soportarían un rebrote?

-Estamos muy machacados. Pasamos de ser héroes de aplauso en el balcón a villanos por momentos y, ahora, sin descanso, atendemos a los pacientes que estaban esperando con otras dolencias y que desplazó el covid-19. No tendremos descanso en mucho tiempo. Es una posguerra pura y dura para nosotros.

-¿Se tendría que haber cerrado Madrid?

-No tengo criterio porque me falta información. No es lo mismo una decisión sanitaria que de salud pública. No debo pronunciarme.

-¿Habrá segregación por procedencia debido al covid-19?

-Ya ha sucedido, con los chinos, los italianos. Hasta que se normalice, habrá sesgo. Habrá que trabajar también en eso. Hay sensación de que no se hicieron bien las cosas en Madrid, pero esto es un asunto del colectivo frente al individuo.

-¿Sufrió conflictos éticos?

-Todo el sistema está basado en la abundancia. Esta escasez trasciende a lo puramente técnico. Esto no viene en las guías clínicas. En ellas no hay dilemas. Claro que genera dilemas éticos cuando tienes las ucis a tope y no paran de entrar enfermos.

-¿Ha pensado en abandonar?

-De ninguna manera. Me considero afortunado. He visto cosas terribles y trabajé como un bestia, pero me sentí realizado porque es mi vocación ética. Pero no me gustaría que volviese a ocurrir.

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