Seguridad y calma en los locales chinos

La mayoría de las ventas son de útiles cotidianos para la casa, incluido todo tipo de material de ordenación


Lalín / La Voz

Los bazares chinos fueron los primeros en implementar medidas de seguridad contra el coronavirus cuando este se empezó a expandir fuera de nuestras fronteras y antes casi de que llegara aquí. En los establecimientos sus propietarios empezaron a colocar mamparas de plástico como medida de protección y a usar guantes para evitar el contacto con el dinero, los productos y los clientes. Tras el cierre obligatorio y aún, en estado de alarma, fueron de los últimos en volver a abrir. Querían hacerlo con todas las garantías de seguridad.

Ahora llevan ya días ya abiertos al público y los responsables de los establecimientos de la zona se quejan de que la actividad es aún pequeña e inferior a la que era antes de la pandemia. Se vende, sobre todo, dicen, cosas de casa y útiles de cocina. La revolución de armarios durante el confinamiento se tradujo también en una mayor venta de cajas y fundas para ropa con el fin de organizar la casa. A esto se añade todo lo que tienen que ver con cumpleaños y celebraciones.

En los tres bazares de Lalín coinciden en que esta es una zona en la que se planta mucho y en esta época las ventas de macetas se incrementan. De momento en los bazares no están notando ventas de productos relacionados con playas y piscinas. Lo achacan a que la mayoría tiene ya neveras o sombrillas que guardan de un año para otro y son productos que se reponen poco. Se suelen vender cubos palas y moldes para la arena pero aún no arrancaron este año.

Como aún no llevan mucho tiempo reabiertos, la mayoría no necesita mercancía. Min Zhu de Asia Center apunta que los pedidos les llegan desde Valencia o Madrid, sobre todo, y que también existe algún almacén en Galicia. Zhi Wu del Super Bazar coincide en que hay muchas fábricas que aún continúan cerradas. En los bazares de la zona se optó por un ERTE en cuando el decreto del estado de alarma obligó al cierre y una vez se permitió abrir ya lo hicieron, en la mayoría de los casos con el personal al completo. Sin clases y con los colegios cerrados también se nota la venta de material escolar una vez que durante estos meses, en muchos casos, el ordenador tomó el relevo a las libretas.

Si en los bazares sus propietarios se quejan de una actividad escasa y un descenso de las ventas, el propietario del restaurante City Chino mantiene la actividad en mínimos. Explica que «solo tengo abierto el comedor con reserva previa y con cuatro mesas en vez de 16 que había». Señala que «no compensa trabajar» y mantiene la venta de comida a domicilio pero «aunque hay algunos pedidos, la situación no es como antes, la gente tiene poco dinero». En el restaurante está trabajando el solo porque si no, dice, no le dan las cuentas. Recuerda que tiene cuatro hijos pequeños que mantener con edades comprendidas entre los nueve años y los dos que cumplirá en junio el más pequeño de la familia. Se plantea como meta este año la mera supervivencia y «aguantar para comer». En el restaurante llegaron a trabajar tres personas y en el último año, señala, ya solo estuvieron dos «porque si no, no vivo», indica. El restaurante sigue atendiendo pedidos de comida para llevar.

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