Ascensión Sampayo: «La epidemia deja una cosa clara: a la población la educas con prevención»

La representante del colectivo de enfermería provincial avisa de que no sirve con decir adiós al covid-19, y pide que se aprenda de ello


ourense / la voz

Ascensión Pérez Sampayo (Pantón, 1956) pide dar un vuelco a los enfoques de aprendizaje sobre los cuidados de las personas. Y pone el foco en la edad infantil, instando a que en los colegios haya formadores con experiencia en el sector sanitario que ilustren a los más pequeños en la importancia de atender a su salud para que, en un futuro, estén más preparados que los adultos del presente en caso de que llegase otra epidemia o, en general, para llevar un mejor modo de vida. Pero lo primero, por ahora, es dar aliento a los profesionales que se midieron al virus.

-¿Cómo está el ánimo del colectivo provincial tras estas semanas de esfuerzo constante?

-Hay un cansancio general. Para entenderlo hay que verse allí, porque están reventados. Y esto demuestra que es algo vocacional, pero hay quien se aprovecha de sus tropecientos contratos en un mes. No pueden seguir esas cosas así, porque para llegar se exigen unas notazas y cuando llegan faltan contratos estables. Hay muy buenas enfermeras, pero acaban mentalmente con ellas. Hoy en un sitio, mañana en otro. La sociedad debe ser exigente y no tolerar tanto a nivel político.

-¿Se refiere a ir más allá de los aplausos de las ocho?

-Bueno, yo pienso que hemos aprendido. Quiero creer que sí, pero somos tan torpes que podríamos tropezar otra vez. A veces parece que tenemos la memoria del día anterior. Hay una cosa que debemos entenderla bien: nuestra salud nos necesita, no podemos olvidarnos de ella. Y yo me pregunto dónde estaba la sociedad en el año 2008, cuando no teníamos ni para pagar los tratamientos especiales.

-Pero lo que parece, en este caso, es que hubo una reacción derivada del desconocimiento.

-Es que en cualquier situación de emergencia la reacción suele ser la típica. Nadie, ni médicos, ni enfermeros, ni la población en general, entendimos lo que se nos venía encima. Lógicamente es fruto de ese aceleramiento por los nervios y muchas de las decisiones que se tomaron fueron con buena voluntad, para solventar e problema y aportar todos un granito de arena. Pero esto debe hacernos comprender que hacen falta recursos y que el estrés de los profesionales puede conducir a un error que nadie desea. Y a eso debemos sumar que la sociedad debe cuidarse no únicamente ahora, sino siempre.

-¿Y cómo convencer a la gente de que parte del futuro de la sanidad pasaría por esa disciplina individual primero?

-Esta epidemia ha dejado muchas cosas claras: una de ellas, que a la población la educas con prevención. A hacerles ver que tus órganos, como la maquinaria de un coche, también pueden fallar. ¿Qué importa lo longevos que podamos ser si tu calidad de vida nunca llega a ser buena?

-¿Y por dónde se empieza?

-Por los colegios, con educación sanitaria. Los niños absorben estos conceptos mucho más rápido, son como esponjas. Habrá quien piense que son conceptos muy técnicos, pero si a un crío le dices que practique una RCP (procedimiento de reanimación cardiopulmonar) en su osito de peluche, aunque él tenga tres años seguramente acabe aprendiendo algo. Pero tanto sus padres como él deben saber para qué lleva ese osito.

-Si el principio está ahí, ¿por qué no se ha hecho antes?

-Yo ya no quiero metérselo en la cabeza a los políticos, porque veo que no se enteran. Lo que debe llegar a la gente, como en el caso de las mascarillas, son mensajes clave y que sean comprensibles. Esto, en mi opinión vino a darnos a entender que el personal de enfermería debe estar presente en los centros escolares. Que haya una persona formada en nutrición y en prevención tendría buenos resultados a medio y largo plazo, pero debería ser algo estable. Es decir, hablamos de una trabajadora más en el colegio enfocada a la enfermería escolar y con su plaza ahí.

Uno de los logros de los sanitarios: que el covid-19 sea declarado como accidente laboral

Sampayo se muestra algo más aliviada al referirse a la decisión del Gobierno central que reconoce el covid-19 como accidente laboral en aquellos profesionales sanitarios y sociosanitarios que pudiesen contagiarse durante la pandemia. Sin embargo, advierte de que la gente no debe relajarse por mucho que la curva de casos activos en países como España haya ido en descenso desde que se decretó el confinamiento. Y pide una mejor comunicación entre las pautas a seguir.

-¿Por dónde pasa el margen de mejora en la reacción social en caso de que haya un rebrote de la patología?

- Una enfermedad infectocontagiosa, de estas características, deja un dolor del que hay que sacar conclusiones. Es una buena noticia que se haya conseguido que sea un accidente laboral. Pero hay que mirar también hacia adelante, en caso de que haya rebrotes o estimaciones a nivel científico. También hay otro factor a tener en cuenta, como es la concienciación: hay una sensibilidad por parte de nuestra gente mayor, que puede haber pasado más calamidades en la vida y sabe lo que ha sido todo esto. Así que nuestro enfoque va hacia la gente joven, con un mensaje claro de que las vidas de todos nosotros están conectadas. Yo les diría: «Tu vida depende de mí».

-¿Y con las mascarillas? Hubo un auténtico galimatías con su uso.

-Hemos visto que en primera línea había mascarillas que no se ajustaban o personal que no sabía exactamente cómo hacerlo, pero también hubo un mercadeo con ellas... Es importante saber clasificarlas para entender cuáles usar en cada momento. Y puede que faltase algo de feedback para cuidar de la salud de los profesionales. Y ojo, a consecuencia de lo que se vino encima, con nuestros mayores hubo a quien se le pudo ir de las manos.

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